Bell Hooks. Todo sobre el amor.

febrero 12, 2026

Bell Hooks, Todo sobre el amor
Planeta, 2021. 254 páginas.
Tit. or. All about love. Trad. María José Viejo Pérez.

Ensayo sobre un tema que cada vez parece estar menos de moda: el amor. En una sociedad cada vez más capitalista, incluyendo la esfera de los afectos, la idea de encontrar un amor verdadero se asume como un sueño inalcanzable. La autora defiende que no, que es una búsqueda legítima y que se puede encontrar.

Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice la autora y, con las que estoy en desacuerdo, me han hecho reflexionar lo suficiente como para decir que la lectura de este libro merece la pena. En algunas cosas tiene un enfoque demasiado espiritual o psicoanalítico para mi gusto, pero las conclusiones que extrae se pueden pensar obviando el sitio de donde surgen.

Un ensayo curioso y diferente.

Bueno.

La creciente atención a las relaciones disfuncionales puede llevar a pensar que Estados Unidos ha decidido atajar el problema de raíz y crear una sociedad en la que el amor pueda encontrar espacio para expresarse, pero la verdad es que estamos inmersos en un proceso de normalización de las situaciones disfuncionales. Cuanto más hablamos de vínculos disfuncionales, más se convierten en la norma las familias desestructuradas y más se extiende la creencia de que las familias son así y ya está. Como sucede con el consumismo hedonista, terminamos creyendo que los excesos en el ámbito familiar son normales y que lo que no es normal pensar es que pueda existir una familia funcional capaz de dar amor.
Todo esto nos ha llevado a una sociedad en la que el mecanismo de la codicia se ha normalizado. El mensaje es que, como todos queremos más dinero para conseguir más cosas, no hay nada malo en mentir y hacer trampas para salir adelante. A diferencia de lo que sucede en el amor, el deseo de objetos materiales puede satisfacerse al instante, siempre que se tenga a mano dinero en efectivo o tarjetas de crédito, o se esté dispuesto a firmar letras de cambio que permitan obtener lo que se desea inmediatamente, pagando un poco más después. Incluso en asuntos del corazón se nos anima a tratar a los compañeros como si fueran objetos que podemos coger, usar y descartar cuando queramos, con el único criterio de satisfacer nuestros deseos egoístas.
Cuando el consumismo y la codicia están a la orden del día, la deshumanización se vuelve aceptable. Y entonces no solo se admite que se trate a las personas como objetos, sino que in-cli iso es preciso hacerlo. Así pues, es la cultura del intercambio y la tiranía de los valores del mercado lo que moldea nuestra
actitud hacia el amor. El cinismo prevalece entre los adultos, y así se extiende la creencia de que es imposible encontrar el amor y que las relaciones solo sirven mientras satisfagan los deseos personales. ¿Cuántas veces hemos oído a la gente decir: «Bueno, si ese tipo no se ajusta a tus necesidades, ¿por qué no lo dejas?». Las relaciones son para estas personas como los clínex: todas iguales y todas desechables. Si una relación no funciona, olvídala, pasa y búscate otra. Si esta es la lógica dominante, es impensable que una relación, incluida la conyugal, pueda durar. No hay posibilidad de apreciar y respetar el valor de la amistad y el afecto duraderos.
Si un vínculo afectivo no satisface las necesidades egoístas de la persona, uno no sabe qué hacer para fortalecerlo y mantenerlo. A muchos les gustaría encontrar el amor allí donde están, en la vida y las relaciones que han elegido, pero sienten que no conocen las estrategias necesarias para mantener y consolidar sus lazos. Así pues, buscan una respuesta en los medios de comunicación, que, sin embargo, al convertirse cada vez más en el principal vehículo de promoción y afirmación de la codicia, proporcionan poca información sobre cómo establecer y mantener relaciones significativas. Si el deseo de acumular no está ya presente en el espectador, la televisión y el cine se encargarán de transmitírselo a base de bombardearlo con el mensaje de que el principal propósito de un individuo no debe ser construir una relación, sino consumir en compañía de otras personas. Hoy en día, cuando vamos al cine, antes de que empiece la película, tenemos que ver los anuncios publicitarios.

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