Alfonso Cruz. Los libros que devoraron a mi padre.

diciembre 27, 2019

Alfonso Cruz, Los libros que devoraron a mi padre
Blackie books, 2019. 136 páginas.
Tit. or. Os livros que devoraram o meu pai. Trad. Nicolás Barbosa López.

Libro juvenil que en apariencia narra las aventuras de un niño que se sumerge en los libros para encontrar a su padre que se ha perdido dentro, aunque a él le contaron que había muerto de un infarto.

Pero el verdadero tema aparece al final y sorprende por el cambio de registro y por como encajan en su lugar todas las piezas y por la sensación de tristeza que te deja en el cuerpo. De camino para los niños, que son los destinatarios del libro, han aprendido acerca de unos cuantos clásicos de la literatura vistos desde una óptica original y diferente.

Me ha encantado, esto sí que es un libro para niños que pueden leer los adultos sin tener que desconectar las neuronas.

Muy recomendable.


Mi abuela dice que esto puede ocurrir cuando realmente nos concentramos en lo que leemos. Podemos meternos en un libro como le ocurrió a mi padre. Es algo tan simple como caerse de morros desde un balcón, pero menos peligroso, a pesar de que también es una caída de vanos pisos. Sí, la lectura tiene varios pisos. Gracias a mi abuela, supe que un tal Orígenes, por ejemplo, decía que existe una primera lectura, superficial, y otras más profundas, alegóricas. No me voy a extender en este punto; basta saber que un buen libro debe tener más de una piel, debe ser un edificio de varias plantas. En la literatura, una sola planta resulta insuficiente. Funciona para la construcción civil, es cómodo para quien odie subir escaleras, útil para quien no pueda subirlas, pero la literatura necesita pisos que se acumulen uno encima del otro. Escaleras y peldaños, letras por debajo, letras por encima.


De lo que realmente estamos hechos
Una biblioteca es un laberinto. No es la primera vez que me pierdo en una. Mi padre y yo tenemos eso en común. Creo que eso fue lo que le ocurrió: se perdió entre tantas letras, títulos, entre todas las historias que habitaban en su cabeza. Todos estamos hechos de historias, no de a-de-enes ni códigos genéticos, ni de carne ni de músculos ni de piel ni de cerebros. De historias.
Estoy seguro de que mi padre se perdió en ese mundo, y ahora nadie puede interrumpirlo en su lectura.
Una de las tardes que pasé en el ático, leí un cuento de un escritor argentino llamado Borges acerca de un laberinto que es un desierto. Hay incontables lugares donde un ser humano puede perderse, pero ninguno es tan complejo como una biblioteca. Incluso un libro deshabitado es un lugar capaz de confundirnos, capaz de hacer que nos perdamos. En todo esto es en lo que pensaba mientras me sentaba en el ático, rodeado de libros.

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