Lisa Yaszek. Futuros distópicos.

diciembre 31, 2025

Lisa Yaszek, Futuros distópicos
Almadía, 2024. 204 páginas.
Tit. or. The future is women. Trad. Falsos amigos.

Incluye los siguientes relatos:

Una nueva tú, Kit Reed
Cariño, estuviste increíble, Kathe Wilhelm
El milagro del lirio, Clare Winger Harris
El Túnel adelante, Alice Glaser
El último vuelo del doctor Ain, James Tiptree Jr.
La otra costilla, John Jay Wells y Marión Zimmer Bradley
Fueron creados, Alice Eleanor Jones
Nueve vidas, Ursula K. Le Guin

Que, igual que en la anterior antología, es una selección de textos excelentes, además de los dos grandes nombres, como Tiptree y Le Guin. El único que me ha resultado insufrible es El milagro del lirio, pero claro, es de 1928 y tiene todos los defectos de la ciencia ficción de su época. Si lo leemos en contexto está bien. Algunos, como Cariño, estuviste increíble te ponen los pelos de punta porque los tenemos casi a la vuelta de la esquina.

Muy bueno.

Pero Martín estaba dormido. Y todos los John Chow se habían acostado inmediatamente. La cúpula estaba llena de su tranquila respiración. Eran jóvenes, no roncaban. Martín suspiraba y roncaba. Finalmente, el propio Pugh se quedó dormido y soñó en un gigante de un solo ojo que le perseguía a través de las trepidantes salas del Infierno.
Desde su saco de dormir, Pugh contempló el despertar del clon. Todos se levantaron en el espacio de un minuto, excepto una pareja, un joven y una muchacha, que permanecían fuertemente enlazados y todavía durmiendo en un saco. Uno de los otros se acercó a la pareja. Los durmientes se despertaron y la muchacha se incorporó, ruborizada y soñolienta, con los dorados senos al aire. Una de sus hermanas le murmuró algo; ella miró de soslayo a Pugh y desapareció en el interior del saco de dormir, seguida por una risa entre dientes, una furiosa mirada desde otra dirección, y desde otra dirección una voz:
—Estamos acostumbrados a dormir solos. Espero que no le importe, capitán Pugh.
—Es un placer —dijo Pugh, sin faltar del todo a la verdad.
A continuación tuvo que levantarse, llevando únicamente los calzoncillos con los cuales dormía, y se sintió como un pollo desplumado, huesudo y granujiento. A menudo había envidiado el robusto y moreno cuerpo de Martín. El Reino Unido había salido bastante bien librado de la Gran Escasez, perdiendo menos de la mitad de su población: una marca alcanzada mediante un riguroso control de los alimentos. Los estraperlistas y los acaparadores habían sido ejecutados. Las migajas habían sido compartidas. En tanto que en países más ricos muchos habían muerto y algunos habían engordado, en la Gran Bretaña murieron menos y ninguno engordó. Todos adelgazaron. Sus hijos fueron delgados, sus nietos delgados, pequeños, de osamenta frágil y susceptibles a las infecciones. Habían substituido la supervivencia de los más aptos por la supervivencia de los honestos. Owen Pugh era bajito y delgado. Pero, con todo, estaba allí.
En aquel momento deseó encontrarse muy lejos.
Durante el desayuno, un John dijo:
—Ahora, si usted lo desea, capitán Pugh…
—Adelante.
—Desarrollaremos nuestro propio plan. ¿Alguna novedad en la mina desde el último informe a la Misión? Vimos los informes cuando el Passerine estaba orbitando el Planeta V, donde ahora se encuentran ellos.
Martín no dijo nada, a pesar de que la mina era descubrimiento y proyecto suyos, y Pugh tuvo que apechugar con la tarea. Resultaba difícil hablar con ellos. Las mismas caras, cada una de ellas con la misma expresión de inteligente interés, todas inclinadas hacia él a través de la mesa y casi en el mismo ángulo. Todos asentían a la vez.

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