Varios. El hombre lobo insólito.

enero 14, 2015

Varios, El hombre lobo insólito
Timun Mas, 1993. 360 páginas.

Otro libro que rescato de mi biblioteca y de que no recordaba nada, ya sabía que porque sería malo pero pensé ‘Raro será que entre tantos cuentos y algunos de autor ilustre no haya ninguno que se salve’. Pues casi. La lista es la siguiente:

A la deriva, frente a los islotes de Langerhans (Adrift just off the islets of Langerhans), por Harlan Ellison
Lobo, hierro y polilla (Wolf, iron and moth), de Philip José Farmer
Luna de ángeles (Angels moon), de Kathe Koja
Desatada (Unleashed), de Nina Kiriki Hoffman
La marca de la bestia (The mark of the beast), de Kim Antieau
La guerra contra el hombre lobo (A war with the wolf man), de Jerome Charyn
El día del lobo (Day of the wolf), de Craig Shaw Gardner
Luz de luna en el auditorio (Moonligth on the Gazebo), de Mel Gilden
Raymond (Raymond), de Nancy A. Collins
Hay un lobo en mi máquina del tiempo (Theres a wolf in my time machine), de Larry Niven
Al sur de Oregon City (South of Oregon City), de Pat Murphy
Maquillaje especial (Special makeup), de Kevin J. Anderson
Plata pura (Pure silver), de A. C. Crispin y Kathleen OMalley
Afeitado al ras (Close shave), de Brad Linaweaver
Compañeros (Partners), de Robert J. Randisi
Mal atávico (Ancient evil), de Bill Pronzini
Y la luna llena brilla (And the moon shines full and brigth), de Brad Strickland
Luna llena sobre Moscú (Full moon over Moscow), de Stuart M. Kaminsky
Lobo guardián (Wolf watch), de Robert E. Weimberg
El gambito del hombre lobo (The werewolf gambit), de Robert Silverberg

Y el único que me ha gustado es Maquillaje especial, sobre un actor que está rodando una película de hombres lobo y tiene un maquillador gitano muy especial… El caso es que algunos de los cuentos tienen puntos de partida originales o tramas que podrían haber dado más de sí. Un ejemplo es Plata pura, con una protagonista que ama a los animales y que trabaja en la perrera (y muchas veces tiene que atarlos) cuyo hombre lobo se encarga de tomar venganza en un antiguo nazi. Protagonista e historia son atractivos, pero mediocremente resueltos.

Calificación: Lo olvidé en su momento y espero no olvidar que no merece la pena leerlo.

Extracto:
Recordé todo eso y suspiré. Convivía con fantasmas todas las noches. En mi regazo podía ver a aquel cachorro en el contenedor de plástico; podía sentirlo revolverse sobre mis piernas. A mis pies, el viejo mastín meneaba la cola. Los pastores mestizos y los gatitos enfermos tenían una mirada triste. Los mapa-ches me miraban fijamente y el pequeño murciélago se había acurrucado en mi hombro. Cada noche me llevaba a casa a una multitud…, los fantasmas de todos los animales que mataba. Cada noche, durante diez años.
No me entendáis mal. No odiaba mi trabajo, pero tampoco me gustaba. Era algo que tenía que hacer porque amo a los animales. Alguien tiene que matar a los miles de animales enfermos, heridos o indeseados que aparecen todos los años, ¿y quién mejor para esa tarea que una persona que ama a los animales? Sí, lo sé, tú amas a los animales y nunca te dedicarías a un trabajo así… Por eso tengo que hacerlo yo.
Mientras pensaba en esas cosas, el viejo hombre lobo me tocó en el hombro, dándome un susto casi de muerte. Se agachaba hacia mí, sujeto de la barra del techo, y me miraba fijamente. Su expresión era amable, pero yo palpé mi linterna. En otras ocasiones me había servido como arma defensiva.
—Ha tenido una noche de prueba, ¿verdad, bubelehl —dijo con una voz seria, profunda, con fuerte acento procedente del Viejo Mundo. Era lo último que habría esperado. ¿Un hombre lobo judío? En Nueva York tal vez, pero ¿en el Distrito de Co-lumbia?
Su inesperada simpatía me impresionó poderosamente; las lágrimas brotaron de mis ojos. No me atreví a hablar por miedo a dejar escapar de golpe diez años de dolor moral mal reprimido, de modo que me limité a sacudir la cabeza en señal de asentimiento. Allí estaba el anciano, seguramente sin hogar a juzgar por su aspecto, consolándome a mí. Respiré hondo, aparté la mirada e intenté recuperar mi compostura. Fue entonces cuando vi el número tatuado en la parte interna del brazo peludo con que se sujetaba a la barra. Era el viejo y borroso número del campo de concentración que llevan todos los supervivientes del Holocausto.

Un comentario

  • Juan Peregrina Martín febrero 23, 2015en7:52 pm

    Vaya crítica. A mí me interesa el tema, pero con lo que dices… igual no es el libro. Recordé a Vian, claro, con El lobo-hombre… y pensar que La unión sigue viviendo de esa copla.
    Un saludo y enhorabuena por tu «olvido».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.