Varios. Ácronos.

marzo 18, 2022

Varios, Ácronos
Tyrannosaurus books, 2013. 254 páginas.

Incluye los siguientes relatos:

Viaje a California
Los bailes que quedaban lejos
Regreso a la Atlántida
Noches de luz roja
Tuercas y tornillos
Búfalo Black
Escombros y tinieblas
Nuestra primera guerra
Wukan Inké
Novedad en el Alcázar
Tablas
Anteojos
El niño, el muerto y el lobo
Los 120 escalones de Mort Cortez

Si el volumen 2 de esta colección me pareció tan horrible ¿Por qué leí el volumen 1? Porque ya lo tenía pedido en la biblioteca y no quería cancelar el pedido. Además tenía curiosidad por la calidad del primer tomo. Bastante mejor que el segundo, aunque sin tirar cohetes.

Por lo menos no hay relatos que te den vergüenza ajena. La mayoría son mediocres, pero se dejan leer sin problemas. Hay algunos, sin embargo, excelentes. Novedad en el Alcázar de José Ramón Vázquez, donde las fuerzas republicanas en la guerra civil van ganando gracias a los adelantos tecnológicos de la URSS, está francamente bien. Anteojos de Pedro López, donde los adelantos neurológicos de Ramón y Cajal han permitido la creación de unos robots semiinteligentes también está bastante bien. Y el extraño mundo donde las guerras carlistas se entremezclan con magia, ciencia y steampunk de El niño, el muerto y el lobo de Jesús Cañadas me ha dejado con ganas de más.

En general más que potable, nada que ver con el segundo tomo, lo que ha sido una alegría.

Se deja leer.

El lobo entra en el salón como si fuera su propia casa. Al otro extremo de la cadena, el niño ha dejado de resistirse. Cuadros en los que aparecen personas muertas les espían desde las paredes. La única luz del salón brota del fuego en la chimenea. Ilumina la cara de un hombre enjuto, cimarrón, que parece atrapado bajo el peso de su mostacho de morsa en el sillón de cuero rojo bajo sus posaderas. El lobo llega hasta él y arroja al niño al suelo de un tirón. La cadena que une mano y cuello tintinea. No es un sonido amable.

— Señor —saluda su voz enguatada.

Antonio Cánovas del Castillo no se vuelve hacia él. Sus ojos achinados reptan por el aire hasta el niño. Pecoso, delgado, magullado. Roto. Un ojo cerrado de hinchazón, los pómulos violáceos. Heridas por todas partes.

— ¿Cómo se te ocurre volver a Madrid y no presentarte inmediatamente ante mí, lobo? ¿Quieres que te despelleje y te cuelgue del mascarón de proa de la Aeronao Santamaría?

— Os pido mil disculpas, señor.

— Háblame. —Con ansia—. Háblame del entierro.

El lobo asiente. Al ver que Cánovas no tiene intención de mirar en su dirección, se aclara la garganta.

—Todo se ha cumplido según vuestros deseos, señor.

— ¿Y el muerto?

— Después de hoy no volveréis a saber de él.

— ¿Dónde está el reloj del judío?

Una fracción de silencio se escapa entre los dedos rígidos del lobo. Cánovas se da cuenta.

— ¿Qué sucede?

El lobo da una patada al niño, que se retuerce.

—Este hijo de una sucia perra sabe su paradero. Le llevaba a las mazmorras de San Damián cuando recibí vuestra llamada. Confiaba en que allí soltase la lengua.

— No hará falta —dice el político. La sombra de su orondo cuerpo junto a la chimenea se agita, revela algo distinto a lo que ven los ojos del niño. Algo que se susurra en los mentideros de la capital. Algo que visita en sueños a los madrileños.

El niño levanta la cara destrozada.

Si eso que asoma en sus labios hinchados es una sonrisa, nadie puede saberlo.

— Cuéntame qué ha pasado —ordena Cánovas — . Si hablas ahora, tu muerte será muy rápida. Si no, sufrirás tanto que maldecirás el día en que tu madre se abrió de piernas ante el primero de tus mil padres.

Dos lágrimas gemelas surgen de las rendijas que son los ojos del niño.

Después de todo no era una sonrisa.

Entonces, con dificultad, empieza a hablar.

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