Ediciones Torremozas, 2018. 102 páginas. Recopilación de los dos poemarios que dan título al libro. Sus poemas son duros, desnudos de hojarasca, y apelan directamente desde su vivencia personal al lector. Terribles los que hablan del suicidio, que dejo al final. Aunque es una poeta cuyos libros son difíciles de encontrar, por suerte hay varias páginas en las que encontrar sus poemas. Háganse un favor y búsquenlos. Muy bueno. Zanahoria rallada El primer suicidio es único. Siempre te preguntas si fue un accidente o un firme propósito de morir. Te pasan un tubo por la nariz, con fuerza, para que duela y aprendas a no perturbar al prójimo. Cuando comienzas a explicar que la-muerte-en realidad-te-parecía-la-única-salida o que lo haces para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia, ya te han dado la espalda y están mirando el tubo transparente por el que desfila tu última cena. Apuestan si son fideos o arroz chino. El médico de guardia se muestra intransigente: es zanahoria rallada. Asco, dice la enfermera bembona. Me despacharon furiosos, porque ninguno ganó la apuesta. El suero bajó aprisa y en diez minutos, ya estaba de vuelta a casa. No hubo espacio donde llorar, ni tiempo para sentir frío y temor. La gente no se ocupa…