Almadía, 2025. 170 páginas. La protagonista ha recibido una beca para trabajar en Canadá y prepara su mudanza mientras se dedica a recolectar muestras en frascos de precipitaciones para saber su nivel de contaminación, pelea con dos relaciones tóxicas de diferente intensidad y problemática, se droga con sustancias desconocidas y tiene sexo casual de vez en cuando. De fondo, la búsqueda de un tío que tuvo que desaparecer y que podría ser algo más que un tío. Aunque me parece que la novela se enrosca demasiado en los tres ejes que la vertebran y se alarga demasiado está bien escrita y tiene su puntito de acción, así que todo bien. Buena. Vuelvo a la pantalla y voy al escritorio. Reviso que no hay rastros de lo que hicimos con los roedores. En los eliminados, los temporales, en las fotos. No me habrían dado esta beca. ¿Podrían quitármela? Agarro un papel y dibujo unas nubes. Las nubes comienzan a perseguirme. Corro. Me persiguen, van a explotar en mi cabeza y se inundará todo. Aprieto los dientes. ¿Dónde hay una ventana? Luego con más fuerza, hasta que se chocan y suenan, como moliéndose unos a otros. Las nubes ahora se transforman en…