Luis Manuel Martínez de Mingo. Cuatro cuentos criminales.
Cuentos / mayo 10, 2022

AMG Editor, 1994. 36 páginas. Incluye los siguientes relatos: La infamia del sprinter ETA in love Confesiones de un guardagujas La leyenda de la Playa Roja En donde hay siempre un acto criminal, asesino (excepto en el último). Beben de los crímenes ejemplares de Aub pero con mayor extensión y están muy bien escritos e incluso plagados de referencias. Ha sido toda una sorpresa por su calidad. Un sprinter que no duda en llegar lejos para ser el primero, una militante de ETA abrasada por los celos, un guardagujas con alma de psicópata y una pareja que decide montar su casa en un barco. Que en el último aparezca no sólo el paisaje de Logroño y la playa del Ebro, sino un trasunto de mi primer profesor de teatro ha sido la guinda final. Muy bueno. Aquello duró año y medio. Fue el primer hervor pero esperaban los 99 laberintos restantes. El se llamaba Alamañac y empezó por irse a Barcelona donde estudió expresión corporal, mimo y teatro en general. Fue bufón en Roma, arlequín en Bruselas y, sobre todo, fue Falstaff en los dramas de Shakespeare. Pero el teatro también fue estrangulado por el «medio» y Alamañac no era…

Paulino Masip. Prudencio sube al cielo.
Novela / febrero 25, 2022

AMG editor, 1994. 38 páginas. Un cuento de Masip descolgado de una antología y publicado aquí en libro único. Prudencio (nombre no inocente, como en las novelas de Galdós) tiene una aventura con una mujer casada, y hacen un viaje juntos… en avión. Tiene un miedo atroz a volar y se juntan todos los miedos (estamos hablando de otra época). Historia simpática y de fácil lectura que nos sirve como retrato de caracteres de una época y poco más. Ese Prudencio aturullado moralmente en el que se mezcla el miedo real, físico, del vuelo con la culpa católica, pero que después de la tormenta sale el sol. Como no he leído nada más del autor no sé si es representativo de su obra. Está bien. Pero, esta noche, Prudencio no tiene a diez centímetros de la suya la boca suculenta de María Teresa y nada obstruye la erupción de sus aprensiones avivadas por la cercanía de la terrible prueba. —El cielo es para los pájaros y para los ángeles —se repetía Prudencio, angustiado entre las revueltas sábanas—, Y yo no soy pájaro y mucho menos ángel. El inopinado recuerdo de las luminosas y ambiguas criaturas, que suben y bajan del…