Jekyll & Jill, 2021. 720 páginas. Tochaco que habla -y bien- de muchísimas cosas aparentemente heterogéneas. En la contraportada hacen tsunami de nombres y todavía se quedan cortos. Yo lo leí porque su anterior novela de ficción me había encantado, un libro raro dentro de la producción literaria de este país pero de una calidad excelente. No sabía lo que me iba a encontrar y, después de leerlo, tampoco tengo muy claro que es lo que me he encontrado. Es un libro de hermenéutica artística y literaria, algo que en general me da repelús, pero que en este caso me ha gustado bastante. Algunas páginas se me hicieron -como gañán que soy- aburridísimas, pero otras me fascinaron. Echo de menos lo que un personaje -aparentemente real- del propio libro echa en cara al autor: la presencia de un argumento, trama o tesis que articule todos estos pensamientos dispersos. Pero no creo que el objetivo del libro sea plantear hipótesis de ningún tipo, sino presentar una colección de estampas, al estilo de los gabinetes de maravillas de antaño. En ese aspecto cumple con nota. Lo escogí para que me hiciera compañía en un vuelo transatlántico en el que no tenía ningún…