Silvia Moreno-García. Gótico.

abril 22, 2022

Silvia Moreno-García, Gótico
Planeta, 2021. 350 páginas.
Tit. or. Mexican Gothic. Trad. Alexander Páez García.

Noemí Taboada es una chica de la alta sociedad mexicana que recibe una carta perturbadora de su prima. Su padre la envía para que averigüe qué está pasando y si se encuentra bien. La casa de su prima es una auténtica mansión inglesa trasladada al corazón de México que esconde terribles secretos.

Había oído hablar bien de ella y al verla en la sección de novedades de la biblioteca, al ser de un género que me gusta, decidí llevármela. Error. Debería haber investigado un poco antes. Me ha parecido regulinchi. Todo muy cogido con hilos, poco miedo, y menos sustancia. No sería de extrañar que hubiera película.

Intentaré explicar lo que no me ha gustado sin hacer destripes. Para empezar el título original sería Gótico mexicano, pero la casa y el ambiente (niebla perpetua) son típicamente ingleses, igual podría estar ambientada en Perú o Nueva Zelanda. Que hay algo extraño en la casa se ve venir a dos kilómetros, pero eso no es lo malo, sino que todo lo que la protagonista va descubriendo es porque se lo van contando, misterio cero y el mismo esfuerzo para el lector. Hay alguna inconsistencia y cositas que salen no se sabe muy bien para qué.

El estilo es plano y en ocasiones aburrido, me sobra la primera mitad del libro y parte de la segunda, y salvo la parte final no pasa nada medianamente interesante. A mucha gente le ha gustado pero, como viene siendo habitual, a mí no. Otra reseña: Gótico.

Se deja leer.


Aquel paseo hasta la biblioteca fue lo más parecido que tuvo a un paseo en sociedad. De alguna manera, consiguió revitalizarla, pues Noemí era una criatura social. Se había puesto un vestido de lunares con cuello a la caja. Había perdido la chaqueta bolero a juego, amén de los guantes que lo acompañaban, pero dado el lugar en el que estaban, tampoco resultaba un faux pas enorme qué fuese a acabar en las páginas de sociedad.
Mientras se peinaba, se preguntó en qué andarían sus conocidos en la ciudad. Sin duda su hermano, tras haberse roto el pie, se seguiría comportando como un bebé. Roberta debía de estar intentando psicoanalizar a todo su círculo de amigos, como siem-
pre. Noemí estaba segura de que, a aquellas alturas, Hugo Duarte se habría buscado otra novia a la que llevar a recitales y fiestas. La mera idea le dolió durante un instante. La verdad era que Hugo era un buen bailarín y un acompañante más que decente en los eventos sociales.
Al bajar las escaleras, pensó divertida en cómo sería una fiesta en High Place. Nada de música, por supuesto. Los bailes tendrían que llevarse a cabo en silencio. Todo el mundo iría de negro, como si asistiesen a un funeral.
El corredor que llevaba a la biblioteca estaba atiborrado de fotografías de los Doyle, en lugar de los cuadros que decoraban las paredes del segundo piso. Sin embargo, no se veían muy bien, porque el corredor se mantenía en un estado de semioscuridad. Noemí tendría que sostener una linterna o una vela para verlas. Entonces tuvo una idea. Entró en el despacho de la biblioteca y abrió las cortinas. La luz que pasaba por las puertas abiertas de la biblioteca iluminó un tramo de la pared del corredor. Así pudo observar las fotografías con más claridad.
Noemí contempló todos aquellos rostros extraños y, sin embargo, familiares; ecos de Florence, de Virgil, de Francis. Reconoció a Alice, en una postura muy similar a la que tenía en el retrato sobre la chimenea de Doyle. También vio al propio Howard, mucho más joven, con el rostro desprovisto de arrugas.
Había una mujer con las manos apretadas sobre el regazo y el pelo recogido. Sus ojos capturados en la foto no se apartaban de Noemí. Debía de tener su edad. Quizá por eso, o por aquellos labios apretados en un gesto entre doliente y ofendido, Noemí se acercó a la foto y pasó los dedos por encima.
—Espero que no lleves mucho tiempo esperándome —dijo Francis, y se acercó a ella.
Cargaba una cajita de madera bajo un brazo y un libro bajo el otro.
—No, claro que no —respondió Noemí—. ¿Sabes quién es esta chica?
Francis miró la foto y carraspeó.

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