Lucía Leandro Hernández. El lado oscuro de la luna.

abril 6, 2026

Lucía Leandro Hernández, El lado oscuro de la luna
H&H, 2024. 124 páginas.

¿Hay ciencia ficción escrita por mujeres? Por supuesto, y muy buena. En este libro, que parte de una tesis, la autora nos ofrece un panorama de autoras que se han acercado al género desde diferentes aproximaciones, con un nivel de calidad excelente.

No estamos ante un catálogo de escritoras, aunque también funciona así (y yo me he apuntado muchos nombres), sino ante un estudio que nos pone en contexto a cada una y nos analiza, con brillantez y agudeza, el enfoque de cada uno de los textos.

Una delicia que, además, te deja con ganas de leer los textos que aquí aparecen diseccionados.

Muy bueno.

ORGANISMOS «ARTIFICIALES» Y EUGENESIA
Actualmente se vive en un contexto donde la modificación del ser humano, a través de avances científicos, médicos y tecnológicos, es una realidad. El descubrimiento de la secuencia del ADN, la fertilización in vitro, los bancos de óvulos o de esperma y las prótesis médicas han reconfigurado nuestra sociedad. Todas estas situaciones hacen pensar en el ser humano y su relación con lo artificial. En este panorama entra en escena el cyborg, un organismo intersticial, un híbrido que viene a proble-matizar el paradigma de lo humano. No se puede definir con características estables, ya que es múltiple, fluido y plural. Chris Hables Gray, Heidi J. Figueroa-Sarriera y Steven Mentor realizan un catálogo con respecto a sus funcionalidades, que pueden ser: 1. restauradoras —cuando se recuperan funciones perdidas del cuerpo o se restauran órganos o partes de un organismo—, 2. nor-malizadoras —cuando se logra que una criatura artificial sea indistinguible dada su normalidad—, 3. reconfigura-doras —cuando se generan criaturas posthumanas—y 4. perfeccionadoras —categoría utilizada sobre todo en la industria militar para dotar a los soldados de todo tipo de fantasías bélicas que mejoren su capacidad de destrucción e incluso generar organismos artificiales de ataque, controlados solamente por computadoras— (1995: 3).
Históricamente, se ha percibido a las máquinas y a la tecnología como objetos de consumo, sin caer en cuenta de que ambas se reinventan constantemente y cómo apuntan hacia su autonomía. El relato de Mariana Castillo Rojas «A.B.» (2014), narra la creación de una inteligencia artificial capaz de poner en entredicho la condición de subalternidad de la tecnología ante los seres humanos. En el texto se presenta una sociedad mediada por robots teleprogramados a través de un software de una empresa llamada Global Robotics. Al Centro de Atención al Usuario de la compañía comienzan a llegar quejas de clientes que manifiestan que su robot se encuentra fuera de control. Posteriormente la empresa emite un comunicado que indica que ha sido víctima de un virus informático que hace perder el control de los robots y de su programa de monitoreo.
Muchas personas se alegran de que la empresa haya tenido que contratar personal humano para desconectar manualmente a cada robot, mientras que otras están histéricas porque son dependientes de ellos. En este escenario, las clases medias-bajas trabajadoras han sido devoradas por el capitalismo, condenándolas al desempleo, mientras que las clases dominantes evitan la mano de obra humana porque prefieren organismos «no pensantes», que además les evitan el pago de salarios y garantías sociales. Hay una fuerte crítica hacia nuestra sociedad neoliberal que cada día prescinde más de las clases trabajadoras y que, si son necesarias, son precarizadas.

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