Legs McNeil y Gillian McCain. Por favor, mátame.

diciembre 15, 2020

Legs McNeil y Gillian McCain, Por favor mátame
Libros crudos, 2010. 544 páginas.
Tit. or. Please kill me. Trad. Ricard Gil y Antón López.

Como dice la contraportada, y no exageran La increíblemente entretenida historia del punk de Nueva York, contada por aquellos que la vivieron. Recopilación de extractos de entrevistas orales que los autores hicieron a los protagonistas de una revolución musical que hizo historia. Legs McNeil aparece como entrevistado porque también estuvo ahí en primera línea como escritor en la revista Punk.

Con un orden cronológico va presentando diferentes momentos clave del movimiento punk (que deberemos conocer de antemano o buscar en internet porque no se presenta entradilla que nos sitúe en contexto) y como lo vivieron una serie de personajes que se incluye al final (y que he tenido que consultar en varias ocasiones, porque uno sabe quién es Johnny Thunder pero no quién es Johnny Blitz). El relato es hipnótico y huye de contrastación de datos, aquí cada uno cuenta su punto de vista que en ocasiones es contradictorio y cabe todo, desde elogios a descalificaciones. A Lou Reed, por ejemplo, todos lo tratan de gilipollas.

Centrado en la escena de Nueva York con unas breves apariciones de los Sex Pistols (que también quedan como unos memos) por aquí desfilan los MC5, Stooges, Dead Boys, Velvet Undeground, New York Dolls, Patti Smith, Ramones y un largo etcétera. Y sobre todo la droga, omnipresente.

Imprescindible para los amantes del Punk. Una buena reseña: Por favor mátame. Por cierto, el título viene de una camiseta con una diana y esa leyenda, que nadie se atrevió a ponerse porque los seguidores de los grupos Punk estaban más locos todavía que los músicos.

Muy recomendable.

CAPÍTULO 6
PASANDO UN BUEN RATO
STEVE HAREIS: Justo después del incidente de los MC5 con Hudson’s, fui a ver a Iggy y los Stooges en el pabellón de la Exposición Universal, en Queens. Era su primer concierto en Nueva York. Iggy miró al público, se rascó la nariz, alguien le tiró una lata de cerveza, él la devolvió, cantó un par de estrofas, alguien tiró otra botella, la botella se rompió en el escenario, Iggy rodó por encima de los vidrios y se cortó por todo el cuerpo.
ALAN VEGA: Un tipo con el pelo largo y rubio, muy parecido a Brian Jones, salió al escenario, y al principio pensé que era una chica. Llevaba un mono roto y unos mocasines ridículos. Tenía una pinta increíble, miraba fijamente al público y gritaba, “¡Que os jodan, que os jodan!”. Entonces los Stooges empezaron una canción y, en un instante, Iggy ya se había lanzado del escenario, y se estaba cortando con una guitarra rota.
No era teatral, era teatro. Alice Cooper era teatral. Tenía todo un montaje. Iggy no estaba actuando. Era real.
El concierto terminó al cabo de veinte minutos, y a alguien se le ocurrió la gran idea de poner el Concierto de Brandenburgo de Bach por los altavoces. El público le lanzaba botellas y rosas. Fue precioso.
Aquello cambió mi vida, me di cuenta de que todo lo que estaba haciendo era una mierda.
STEVE HarrIS: En la oficina, alguien leyó una crítica del concierto en voz alta, y el periodista lo describía de un modo parecido a como lo habría hecho yo. Uno de los que estaban por allí dijo, “¿Quién querría ver algo así?”. Y todos los que habían escuchado la crítica dijeron al unísono: “Yo”.
Y así fue corriendo la voz.
DANNY FlELDS: El cartel del Pabellón de Nueva York de la Exposición Universal fue: David Peel, los Stooges, y MC5. Fue his
provocado un aborto a su mujer. Llamó al resto de promotores y les dijo, “Id a ver a los Stooges y abortaréis”.
ALAN VEGA: 1969 fue un año crucial. Parecía que los sesenta iban a cambiar el mundo, que todo iba a ir de ESTA manera, y en cambio, todo fue de AQUELLA manera. Los MC5 eran uno de mis grupos favoritos, pero no podía verlos después de los Stooges. Ellos también lo sabían. Se dejaron la piel intentándolo, pero sabían que Iggy los había derrotado.
STEVE HarriS: Cuando “The Stooges”, el primer disco, salió al mercado, en agosto de 1969, me reuní con la gente de promoción. Eran gente que yo consideraba fajada en las trincheras de la promoción, gente de Denver, de Filadèlfia, etc… Escucharon a Iggy y dijeron, “Esto no son los Doors, no son Love, no esjudy Collins, no es Tom Paxton, ¿qué demonios es esto? ¡No es más que ruido!”.
Yo dije, “Pero tiene sentido. Es vendible. ¿No entiendes lo que está haciendo con el rock&rolP.
Era difícil vender a Iggy. La gente no entendía el grupo. La gente de la compañía decía a mis espaldas, “Por ahí va Steve, ¿te puedes creer que le gusta Iggy?
Yo era el principal apoyo de Iggy en la compañía. Por supuesto, Danny Fields estaba por ahí recordándomelo, pero yo era un gran defensor de Iggy en todas partes. Traté de usar toda mi influencia, que por aquella época era considerable, llevaba a Judy Collins y a los Doors, pero la resistencia hacia Iggy era tremenda.
SCOTT ASHETON: Iggy empezó a hacer lo que sabía en el festival Pop de Cincinatti, donde se hizo aquella famosa foto en que anda por encima de las manos de la gente. Subió al escenario con dos tarros de mantequilla de cacahuete y un par de libras de carne picada. Rompió el frasco y empezó a embadurnarse el cuerpo de mantequilla, y luego se puso a lanzar carne picada al público.
RON ASHETON: Dave Alexander fue expulsado del grupo en el festival Pop de Goose Lake, por ponerse hasta el culo. Estaba nervioso por tener que actuar delante de tanta gente, y se bebió una pinta de Kessler, fumó un montón de costo, y se tomó unos tran-
~i-,¡AA ríe rodas las canciones. Los demás pasamos de todo y tocamos, y de hecho salió muy bien, pero al bajar del escenario, Iggy estaba cabreado. En cuanto vio a Dave, le dijo, “Ya no estás en el grupo”. Dave se largó inmediatamente. A mí me parecía mal, pero Iggy fue inflexible.
SCOTT ASHETON: Creo que Dave quería ir a vivir a casa de sus padres. Allí tenía todo lo que necesitaba: su equipo de música, sus libros y su televisión. Allí le cuidaban, y creo que eso es lo que él quería.
IGGY POP: Cuando llegamos a Nueva York para tocar en Ungano’s, fui a ver a Bill Harvey, el director general de Elektra, y le dije: “No puedo hacer cuatro conciertos seguidos sin drogas, drogas duras. Costarán tanto dinero, luego te lo devolveremos…”. Era un asunto de negocios. El tío me miraba con cara de incredulidad. Pero para mí era algo muy oficial, muy lógico. ¿Qué tenía de malo?
LEEE CHILDERS: El de Ungano’s fue uno de los mejores conciertos de rock&roll que he visto en mi vida. Fue muy potente, y muy peligroso. Habíamos pasado de los Beatles y de los Dave Clark Five cantando canciones de amor a Iggy con un collar de perro cantando “I Wanna Be Your Dog”.
El increíblemente bello fotógrafo Dustin Pittman estaba a un lado haciéndole fotos a Iggy, y éste se puso a horcajadas sobre él mientras le seguía haciendo fotos. Fue algo muy sexual, asombroso, prohibido. Creo que eso es lo que el rock&roll debería representar siempre: lo prohibido.
RON ASHETON: Cada vez que tocábamos en Nueva York, venía un tipo y nos daba un frasquito lleno de cocaína, por su propia voluntad. Una noche, estábamos sentados en el camerino con Miles Davis, y al final llega el tío y tira un buen montoncito sobre la mesa. Ya teníamos las pajitas listas. Imaginad qué gran escena; la cabeza de Miles Davis junto a la de los Stooges, todos “¡SNNNNNIFFF!”.
Allí no quedó nada. Más tarde, Miles Davis diría de nosotros: “Los Stooges son originales, tienen alma”, o algo parecido.
SCOTT KEMPNER: El concierto de los Stooges en Ungano’s im
dejó hecho polvo. Yo iba preparado para todo, pero lo que vi era diez veces más fuerte que lo que hubiera podido imaginar.
Estaba asustado, muy nervioso, pero tan emocionado y metido en el sonido de la banda y esta locura de tío… Aquel tipo bajito podía hacerte más daño que cualquiera de los tipos duros del barrio que yo conocía. Los golpes se curan, pero Iggy me hirió psicológicamente, para siempre. Tras los primeros veinte segundos de actuación, yo no podía volver a ser el mismo, y no lo fui.
Volvimos a la noche siguiente, y las canciones fueron las mismas, pero todo fue completamente nuevo. No tenía nada que ver con la noche anterior, ni con los ensayos, ni con las pruebas de sonido. Aquello era como vivir y nacer, como cuando alguien se lleva a tus hijos delante de tus narices… Y cada vez que vi al grupo fue así, nunca habían tocado igual, y nunca iban a tocar igual. Iggy se dejaba la vida en cada concierto. Y en cada concierto terminaba sangrando de verdad.
A partir de entonces, el rock&roll ya no podía ser menos que eso para mí. En todo lo que hiciera, ya fuese escribir o tocar, iba a haber sangre en las páginas, en las cuerdas; porque si no, iba a ser una mierda, una pérdida de tiempo.
ALAN VEGA: Iggy salió vestido con un mono agujereado, un bikini rojo y los huevos colgando. Parecía que iba a empezar a cantar, pero en vez de eso se puso a vomitar. Empieza a correr entre el público y se cae encima de Johnny Winter, que estaba sentado al lado de Miles Davis. A Johnny Winter no le hizo ninguna gracia, pero a Miles Davis le encantó. Fue uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida.
JIM CARROLL: Patti Smith me llevó a ver a los Stooges por primera vez. Iggy se quitó la camisa y saltó al público, y se nos quedó mirando fijamente. Patti me dijo, “Creo que viene a por nosotros”.
“Si me empuja, le voy a dar una hostia”, respondí yo. ¿Qué era aquella mierda? ;Una performance? Ja, ja, ja. Pero a Patti le gustaba.
STEVE HARRIS: Iggy se sacó la polla y la puso encima del altavoz. Aquello empezó a vibrar. Estaba muy bien dotado.
LEEE CHILDERS: La actuación de Iggy iba más allá de lo estrictamente sexual. Geri Miller, la superestrella de Warhol, estaba sentada en primera fila, e Iggy se acercó a ella, le cogió la cara con la mano y empezó a arrastrarla por el suelo, con la silla metálica colgando. Lo que Iggy le estaba haciendo no era sexual, era simplemente brutal. La gente no sabía qué pensar.
Iggy fue el primero que me hizo ver qué clase de música iba a ser mi rock&roll.
IGGY POP: Durante aquellos cuatro conciertos estaba fuera de mí. Después de aquello, comprendí lo que el público necesitaba de mí. Mi actitud hacia ellos era la de aceptar cualquier colaboración.
Podría haber sido Charles Manson el que estuviera sentado en primera fila, y yo hubiese empezado, “Sí, Charlie, me alegro de verte. Esta noche tenemos aquí a alguien que tiene a América pendiente de un hilo. Un aplauso”.
No hubiese importado. Es como lo que dijo Hitler: “A por el mínimo común denominador”.
Con los Stooges, aquello era realmente necesario, porque ésa era la única gente a quien gustábamos. Cuando empezamos, nuestros seguidores eran un desastre; parecía los comienzos de la Cristiandad. Eran las chicas más feas y los tíos más iletrados; gente con problemas en la piel, problemas sexuales, problemas de peso, problemas laborales, problemas mentales, de todo. Eran un desastre.
DANNY FlELDS: Todo el mundo me echa en cara que me estuviera apuntando a un cambio generacional, promocionando a Iggy como el sucesor de Jim Morrison. Yo no lo pensaba en absoluto. No veía ninguna similitud entre Jim Morrison e Iggy Pop. Iggy era peligroso. Jim Morrison no hubiese levantado nunca un banco de 200 kilos por encima de las cabezas de las primeras filas, como si fuese a aplastarlos. Pensabas que la fuerza del movimiento era tan grande que no iba a poder pararlo, que iba a aplastar a aquellos
Mas tarde le conocí mejor, y supe que nadie iba a morir en uno de sus conciertos, pero nunca estuve seguro de que aquella noche determinada no fuese a ser una excepción.

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