
Barret, 2021, 2024. 126 páginas.
Incluye los siguientes cuentos:
Aita la muerte
Tigre americano: panthera onca
Mingus el ardiente
Esperar el alud
El corazón del señorito
La cajita de Avon
El último Pibe Valderrama
Un toro bien bonito
Parto de vaca
Que nos hablan de una cuidadora de un cementerio que se enfrenta al dueño de un bar que se instala en las cercanías, una madre que, en un entorno de violencia y precariedad, cuida de una tigra, una pareja de músicos condenados a entenderse, o uno de mis preferidos, El corazón del señorito, donde un hechizo de amarre se disgrega en un fractal de futuros que se superponen.
Me ha encantado como la autora nos dibuja, en pocas páginas, personajes con nua cantidad de matices impresionante, los coloca en ambientes peculiares e incluso rozando lo sobrenatural, y los deja evolucionar hasta finales que, en ocasiones, te dejan temblando.
Muy bueno.
Mi prieta, pensó con la entraña alborotada. Mara lo miró, toda ojitos color miel y sonrisa. Se saludaron de beso en la mejilla. Ricardito, con su pelo mojado oloroso a planta, se sentía extrañamente confiado. Dejó que Mara guiara la charla, hasta que terminó por arrastrarlo con ella a su casa.
—Un cafecito, ¿vamos? —le soltó de golpe Marita. Vuelco al corazón.
Así, el mismo día de la visita a la bruja ya iba directo a la casa de Mara. Caminaban despacio, las sombras se hacían largas, caía la noche, Cali se refrescaba. Las últimas nubes rosadas cantaban a coro: Mara Bogalooooo, oyeló, pero nadie las escuchaba.
Mara puso a calentar el agua para el café, pero también destapó un par de cervezas para hacer la espera. Ricardito sonrió, todo estaba saliendo fácil. Meses y meses de anhelar a Mara de lejos, cual perrito triste, y ahora estaba ahí, en su cocina, con su cerveza y su cintura quemando a un metro de distancia. Perfume, yerbabuena, café, cerveza ligera. Y en esas un vecino que va y prende a todo volumen esa salsita lenta de Mujer divina, y Ricardito que se acerca y la saca a bailar. Suavecito. Cadera con cadera. Pies que se adivinan. Tracción genital. Algo perfecto, redondito, caliente. Algo como una felicidad que revienta en burbujitas. Hervor. Un trance sin nombre. Dan ganas de morirse para no bajar de esta ola, pensó Mara, o pensó Ricardito.
Justo antes de besarla, Ricardito alcanzó anticipar el sabor de la boquita de Mara. ¿A qué sabe tu saliva? Agüita de coco. La boca de Mara sabe a agua de coco.
Cuando terminaron de besarse, abrieron los ojos. Era Cali de noche. El calor de los vientres acariciado por una brisa fresca de los Farallones, con olor a tierra mojada. El viento traía el pizquero de un vecino que saludaba la noche con un porro. Endorfinado, Ricardito supo que tenía que maniobrar, ahora o nunca, mi Marita. La jaló hacia sí con una fuerza sutil pero constante y con la otra mano, como quien hace piruetas de merengue, apagó la olla de café. Mara se dejó llevar, no sin oponer una fuerza contraria, que hizo saltar una chispa de su vulva hasta su testículo. Un rayito. Un pequeño relámpago, doloroso y placentero.
Ricardito no había estado en la casa de Mara. No conocía más que esta cocina minúscula y desordenada. Sudaba en frío, tratando de discernir un lugar para fundir las ganas. Dónde carajos quedaban los cuartos, los sofás, los sillones de esta casa. Apágame este fuego, mi amor, sonaba en la radio. Desde la ventana de la cocina, veía el patio. Una hamaca sucia se balanceaba. ¿Será el nuestro un amor incómodo de piernas torpes y tela vieja que se marca en las nalgas? Seguía besándola entristecido, caliente y derrotado. En esas, Mara, como vieja amazona, le metió tres pasos salseros, una corridita sin soltar su mano, media vuelta, y pum pa’ la cama. Suena el timbal.
Sin prender la luz, con apenas el resplandor del alumbrado eléctrico de la calle, la prieta Marita se desnuda. Morir de amor no es lo mismo que morir de ganas, pero se le parece. Ricardito apretaba la cola y la garganta, no vaya y fuera que se le escaparan ventosidades o te quieros. Manso, se deja hacer por la silueta caliente de la prieta. ¿Quése sentirá entrar en Mara? Como entrar en un mango tibio.
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