Jorge Carrión. Teleshakespeare.

febrero 15, 2022

Jorge Carrión, Teleshakespeare
Errata naturae, 2011. 230 páginas.

Ahora que las series han pasado de ser subproductos de consumo inferiores al cine a estar en el centro de la atención de todo el mundo, no sólo como forma de consumo sino como forma de arte, Carrión nos presenta un ensayo acerca del medio y con capítulos individuales para series tan señeras como Los Soprano, Mad men o The wire.

Comienza, como no podría ser de otra manera, con un episodio piloto en el que nos cuenta el impacto que las series están teniendo en la cultura y el gran cambio del formato en el comienzo de milenio. Utiliza las mismas técnicas que se podrían usar para analizar un texto literario, de ahí el título de teleshakespeare, que viene a decirnos que pese a su mercantilización los códigos seriales no se diferencian mucho de los de la literatura.

Personalmente creo que la llegada de los dvd y las plataformas de streaming, que permiten el revisionado de los capítulos, y la aparición de internet, que posibilita crear comunidades donde se discuten los pormenores de las emisiones, han permitido que la complejidad de este producto crezca, pasando de ser algo que pueda entender todo el mundo a permitir obras de autor.

Ojo que no estamos ante los típicos artículos que comentan la serie por encima, sino de estudios de una cierta profundidad. Que nos convenzan o no -porque en ocasiones el autor se flipa un poco-, eso ya es otra cosa.

Bueno.

Sobre la cabeza de un villano se dibuja, esquematizado, todo lo que ha ocurrido y todo lo que ocurrirá, el pasado y el futuro, en un presente que enseguida es destruido por el fuego.
Se quema el guión ante nuestros ojos.
Las pantallas, los encefalogramas, los esquemas o las pizarras: la representación del caso es al mismo tiempo la del argumento de ese episodio. Pero se podría ir más allá y decir que la mayoría de las teleseries contienen su propio aleph. Un punto en el que convergen todas las líneas maestras del guión, todo el universo que ha creado la propia obra. Aparecen formas varias del mural en Prison break, Dirt, Héroes, Miénteme, Sherlock, Rubi-con o The Wire, como resumen del arco mayor argumental de la temporada o de la serie. Como en la película Memento, son tanto el esqueleto del guión como la exteriorización de la identidad del personaje en la red relacional en que se imbrica. Como si los guionistas necesitaran encarnarse en el protagonista, mirar a través de sus ojos los iconos y las palabras clave, remarcadas, subrayadas, vinculadas mediante líneas y flechas, que sintetizan sus aventuras y señalan las vías de su fracaso o de su éxito. Constituyen el problema, el nudo, el enigma que los propios guionistas tienen que resolver, porque muy a menudo la trama no responde a un plan maestro, sino a un sinfín de respuestas concretas a reclamos que están fuera de la obra, en los despachos de los ejecutivos y en los índices dé audiencia y en los e-mails de los fans; pero que, pese a su procedencia, regresan a la obra y se incorporan como parte esencial de ella, una vez entran en el guión y se tensan en él.
En ciertos momentos de la historia del arte el apoyo del poder o de la industria ha sido imprescindible para la consecución de ciertos logros fundamentales. Sin el mecenazgo, la protección real o el favor del público no se entienden las grandes tragedias
isabelinas, la novela por entregas del siglo xix o algunas de las mejores películas de la historia de Hollywood. En ciertas ocasiones el arte popular ha coincidido con el mejor arte de su época. No hay más que pensar en Lope de Vega, en Honoré de Balzac o en John Ford. La ficción popular necesita de una estructura industrial de producción y de distribución. Particularmente el teatro, el cine, el videojuego y la televisión, cuya creación, puesta en escena y circulación precisan de inversiones considerables. No sólo en lo que respecta a su estado central (la obra), sino en el resto de manifestaciones paralelas del producto (los tràilers, las páginas web oficiales y apócrifas, los blogs de los personajes o de los asesores, las versiones en cómic, en animación o en videojuego, o viceversa).
Para una circulación multidimensional.

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