Jasper Fforde. Perdida en un buen libro.

junio 23, 2010

Ediciones B, 2007. 350 páginas.
Tit. Or. Lost in a good book. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, Perdida en un buen libro
A fondo

En la segunda parte de las aventuras de Thursday Next se complican las cosas. Si el primer libro parecía un vivieron felices y comieron perdices, en éste toda la felicidad se va al garete y Thursday, además de enfrentarse a la todopoderosa Goliat tendrá también como enemiga a Aornis Hades, hermana de Acheron Hades, el villano de la primera parte de esta serie. Aornis es una mnemonomórfica, capaz de alterar la memoria de las personas.

Fforde construye un universo muy particular abriendo el interior d los libros. Es una pena que la mayor parte de las referencias sean de literatura inglesa, pero se disfruta igual. Lo reseña Mon: Perdida en un buen libro y JJ: Lost in a good book.

Descárgalo gratis (en inglés):

Jasper Fforde – Lost in a Good Book.pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

El experimento neandertal se concibió para crear lo que se denominaba de manera eufemística «contenedores de pruebas médicas», criaturas vivas lo más parecidas posible a los humanos sin que fueran legalmente humanas, recreadas a partir de células encontradas en un antebrazo de Homo Llysternef neanderthalensis conservado en un cenagal de turba cerca de Llysternef, Gales. El experimento fue un éxito rotundo. Por desgracia para la Goliath, incluso los técnicos médicos más crueles se negaron a realizar experimentos con seres inteligentes capaces de hablar, así que se entrenó al primer grupo de neandertales para ser «unidades de combate desechables», un proyecto que se desestimó en cuanto se descubrió la falta de instinto agresivo de los neandertales. Por consiguiente, se los liberó en la comunidad como mano de obra barata y se convirtieron en una forma apreciada de desgravar impuestos. Machos estériles con una esperanza de vida de unos cincuenta años pronto pasarán a formar parte de la creciente lista de «fracasos» de la industria genética.

GERHARD VON SQUID Neandertales: de vuelta tras una breve ausencia

Las coincidencias son fenómenos extraños. Me gusta la referida a sir Edmund Godfrey, a quien en 1678 encontraron asesinado y abandonado en una cuneta de Greenberry Hill, Londres. Arrestaron y acusaron del crimen a tres hombres: el señor Green, el señor Berry y el señor Hill. Mi padre me había contado que, por lo general, no creaba ningún problema pasar de las coincidencias: no eran más que el descubrimiento aleatorio de un hecho pertinente entre un millón de posibles interconexiones diarias. «Para a un desconocido en la calle —me decía y rebuscad en vuestro pasado. No tardaréis en encontrar una coincidencia asombrosa imposible-de-atribuir-al-azar.»

Supongo que tenía razón, pero no explicaba cómo era posible que dos pinchazos frente a la estación, una radio rota, un billete caído del cielo y un Skyrail llegando en el preciso momento salieran juntos de la nada.

Entré en el único vagón del Skyrail y me senté delante. Las puertas se cerraron con un suspiro y nos deslizamos sin fricción sobre los lagos Cerney mientras atravesábamos Wessex. Estaba allí por alguna razón, me decía, y miraba a mi alrededor buscando cuál podía ser. Ei conductor neandertal del Skyrail tenía la mano sobre el acelerador y miraba el paisaje distraídamente. Se le agitaban las cejas y, ocasionalmente, olisqueaba el aire. El vagón iba casi vacío; siete personas, todas mujeres y ninguna conocida.

—Tres vertical —exclamó una mujer bajita que miraba un periódico doblado, a medias para sí y a medias para las demás—. ¿Dispuesta siempre a curiosear? Once letras.

Nadie respondió. Seguimos moviéndonos y dejamos atrás la estación Cricklade sin parar, para disgusto de una mujer enorme vestida con ropa cara que se enfadó visiblemente y apuntó al conductor con el paraguas.

—¡Eh, tú! —aulló como un capitán durante una tormenta—. ¿Qué haces? ¡Quería bajar en Cricklade, maldito seas!

El conductor no pareció notar el insulto y murmuró una disculpa. Lo que evidentemente no fue suficiente para la mujer chillona y ofensiva, que usó el paraguas para golpear en las costillas al pequeño neandertal. Él no gritó de dolor; se limitó a hacer una mueca, cerrar la puerta del conductor y asegurarla con el cierre. Le quité el paraguas a la mujer, que conmocionada y horrorizada por mi acción gritó:

-¿Qué…?

—No lo haga —le dije—, es desagradable.

—¡Majaderías! —dijo entre carcajadas, de forma estridente y molesta—. ¡No es más que un neandertal!

—Entrometida —dijo una de las pasajeras taxativa, mirando fijamente un anuncio de Gravetubo que se encontraba a la altura de los ojos.

4 comentarios

  • Mon junio 23, 2010en3:28 pm

    Ya tengo el último ejemplar.. este verano cae.

    Saludos…

  • JJ junio 24, 2010en3:26 pm

    Pero, ¿940 páginas? La edición paperback inglesa andará por las 400..

  • Palimp junio 25, 2010en4:08 pm

    Ya contarás que tal, Mon.

    JJ, corregida la errata, son 350.

  • Caín agosto 15, 2010en10:34 pm

    «No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana»
    Juan Carlos Mestre

    Luz de un quinquet
    9 pintas, 29 latidos, Gillespie,
    madrugada, ganas de hablar.
    La generación del 77 íbamos a cambiar el mundo en el fututo
    pero los electrodomésticos siguen funcionando en el 2007,
    como siempre…
    Me pregunto:
    Por qué un intermitente puede llevarme a la lágrima, de vasta emoción, por qué siento que me responde, cuando se ilumina su automática luz naranja, y que no estoy solo, que somos dos, objetos comunicándose, que la máquina pretende mi atención, sabiendo antes de que se ilumine sin embargo apenas un segundo antes que así será…
    No lo entiendo:
    Por qué ladra el borracho a los coches que pasan a su lado.
    Es de noche.
    Hace frío.
    Mientras, la gente ahí afuera insiste, empujando sus pesadas rocas, hacia la pirámide.
    En las paredes de mi casa se pudre la luz de ayer por la mañana.
    Y yo sigo de pie junto a la ventana, sin tomar ninguna decisión.
    Podría quedarme a vivir dentro de esta canción.
    A night in Tunisia.
    Pienso que:
    La oportunidad debe ir acompañada de destreza…
    Todos los muebles de casa me observan con rostro de preocupación.
    No quiero pensar,
    para no atraer su atención, con el ruido de mi cabeza.
    Un automóvil ha atropellado al borracho, se apagó el ruido y la furia.
    Está muerto, pero no siento lástima.
    Tampoco sé qué significa eso realmente, si es salvaje, inhumano o inmoral,
    pero es cierto.
    Y mientras, la gente ahí afuera no deja de insistir, empujando sus rocas.
    Me pregunto:
    Debe haber algún motivo por el que todo haya adquirido esta forma,
    esta forma de costumbre, en que amanece como una herida sin importancia.
    Ya no recuerdo qué clase de paciencia me trajo a este lugar…

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