Fernando Báez. Historia universal de la destrucción de libros.

febrero 6, 2008

Ediciones Destino, 2004. 386 páginas.

Fernando Báez, Historia universal de la destrucción de libros
Bibliotecas devastadas

Para un amante de los libros que además ha sufrido en sus propias carnes el incendio de su biblioteca, leer este libro se aproxima mucho al masoquismo. Hasta el punto que ya había visto este libro hace tiempo en la sección de novedades de una biblioteca y lo dejé pasar. Pero se repitió el encuentro en mi nueva biblioteca y esta vez decidí llevármelo.

Es totalmente imposible resumir un libro que ya es una condensación de más de cinco mil años de historia. Desde que el hombre ha plasmado su pensamiento y su cultura en algún soporte, ha habido alguien que se ha dedicado a destruirlos. Y este libro hace un minucioso y doloroso recorrido por toda la historia, en un curioso círculo que empieza en Sumeria, en el 3300 antes de cristo y acaba en Irak, en pleno siglo XXI.

El argumento siempre es parecido. Alguien, en alguna ciudad, empieza a hacer una biblioteca. Mediante el esfuerzo de mucha gente se va ampliando, recogiendo manuscritos y formando parte importante del saber de la época. Entonces viene algún agente que la destruye completamente, haciendo desaparecer en muchas ocasiones libros y documentos únicos, que sólo conocemos por referencias en otros escritos. Por poner el ejemplo más característico en la biblioteca de Alejandría se perdieron alrededor de 500.000 rollos de papiro.

A grandes rasgos podemos calificar a los causantes de estas catástrofes en dos grupos: las catástrofes naturales y las humanas. Terremotos e inundaciones han destruído muchas bibliotecas, pero es el fuego el principal enemigo de los libros. En el incendio de Londres de 1666 perecieron muchas personas y desaparecieron también muchos libros. El Escorial ardió en 1671 y desaparecieron para siempre muchos códices únicos. Tampoco hay que despreciar la labor destructiva de ratas, insectos y hongos que han causado estragos en bibliotecas mal cuidadas.

Pero mucho peor son las causadas por la mano humana, que también pueden dividirse en dos grupos. En el primero podrían incluirse las destrucciones producidas en saqueos o guerras, donde los libros son víctimas colaterales. En Irlanda los monjes hicieron una importante labor recuperando libros y leyendas antiguas. Hasta que venían los vikingos, y arrasaban monasterios y libros. En las guerras la cosa es peor: la destrucción de edificios lleva aparejada la destrucción de los libros que contienen, y el paso de las tropas conlleva el uso de libros como combustible y la expoliación para su venta. El autor acaba el libro con su experiencia en Bagdag tras la guerra de Irak, y les aseguro que es algo espeluznante.

En el segundo grupo está la destrucción de libros por motivos ideológicos. Que una panda de vikingos no sepa apreciar el valor de un manuscrito me parece una desgracia, pero comprensible. Casi se pueden englobar dentro de las fuerzas de la naturaleza. Pero que alguien que conoce la valía de la cultura se empeñe en destruirla me pone la carne de gallina. La lista es interminable. La destrucción de la biblioteca de Alejandría se la disputan los romanos, los árabes y los primeros cristianos. De lo que no hay duda es de que estos últimos asesinaron a Hipatia, hija del bibliotecario de Alejandría. Shi Huandi, el constructor de la muralla china, ordenó quemar todos los libros,menos los que se ocuparan de agricultura, medicina o profecía. Un emir proclamó del conocimiento que si está en el Corán es supérfluo y si no está es pecado, así que podían destruirse todos los libros. Fray Juan de Zumárraga hizo una hoguera con todos los escritos e ídolos de los mayas. La destrucción fue tal que apenas tenemos libros de esa cultura. La inquisición se puso las botas quemando herejes y libros, y la iglesia católica ha tenido siempre el índice de libros prohibidos.

Tales atrocidades no son exclusivas de la antigüedad; el siglo XX tiene un historial muy negro. La primera y la segunda guerra mundial dejaron una estela de destrucción de libros. La guerra civil española no fue a la zaga, y la represión y censura posteriores aniquilaron una gran parte de la vida intelectual de España. El holocausto nazi fue precedido por un bibliocausto que hizo cierta la frase de Heine de que allí donde queman libros, acaban quemando hombres. La censura puritana puso en la picota a Joyce y Nabokov, y la caza de brujas de McCarthy provocó similares reacciones. El fanatismo religioso tuvo en peligro a Salman Rushdie. Las numerosas dictaduras en todo el mundo han provocado la persecución de autores y libros.

Mejor me detengo aquí o se me pondrá mal cuerpo. Pueden encontrar otra reseña en Sinrazones de la historia. Un libro duro, que retrata con claridad lo bestias que somos.

Escuchando: Hormigón, Mujeres Y Alcohol. Ramoncín.


Extracto:[-]

Es difícil separar lo perdido y destruido en la historia de los libros, porque en ocasiones las obras se han perdido debido a su destrucción o han sido destruidas porque simplemente desaparecieron. En todo caso, los textos ya no existen, y, salvo el milagro de un hallazgo en una tumba o en un depósito, hay pocas probabilidades de recuperar cientos de miles de escritos desaparecidos en la antigüedad.

Baste señalar que de las 120 obras incluidas en los catálogos del prestigioso Sófocles, hoy sólo existen 7 en estado íntegro y cientos de fragmentos.’3 Safo de Lesbos,54 la gran poetisa, dejó una obra compilada en 9 libros, pero hoy sólo tenemos dos odas casi completas y meros fragmentos. Los 5 libros de Corina de Tanagra, la segunda poetisa relevante en la poesía griega, competidora de certámenes donde venció a Píndaro, hoy está reducida a un grupo de fragmentos incoherentes. De las 82 tragedias de Eurípides sólo tenemos 18, un drama de Sátiros y abundantes citas.

Y este horror es todavía mayor. Todos los presocráticos y todos los sofistas están en fragmentos. Siempre resultará sorprendente que no hayamos conservado Sobre el no ser o Sobre la naturaleza de Gorgias de Leontini, donde probó que nada existe.

La pérdida de textos se extiende a todos los períodos de la literatura, ciencia y filosofía de Grecia. Citado por Platón, admirado por Sócrates, Agatón de Atenas, poeta trágico, escribió obras de una perfección casi compulsiva, pero hoy no existen, salvo en la forma de débiles fragmentos. Los Partenion, una colección de poemas en 6 li-
bros, escritos por Alemán de Sardes, se perdieron. Un encantador texto suyo —número 40 de la antología de Page—, repetidas veces citado, expresa: «Yo conozco el canto de todos los pájaros».

Un caso particularmente delicado es el de Aristófanes de Atenas, el comediógrafo. De 40 comedias auténticas apenas sobrevivieron 11, más unos 1000 fragmentos preservados gracias a papiros descubiertos y citas de lexicógrafos. ¿No es insólito? Se perdieron las 101 comedias de Dífilo de Sínope, las 100 comedias de Eubulo de Atenas y las 250 comedias de Alexis de Turi.

Todos los escritos de los cínicos, los pirrónicos, los escépticos y los estoicos se redujeron a una miscelánea fragmentaria. Tampoco tuvo suerte Zenón de Citio, quien escribió una República que era más leída que la de Platón. De los más de 500 libros de Crisipo de Solos, sólo hay fragmentos.

Como si no bastara, desaparecieron los 30 libros de las Memorias del historiador Arato de Sición, acaso el inventario de detalles más extravagantes sobre el mundo antiguo. No leemos nada, salvo unos minúsculos segmentos, de los nueve mil quinientos versos que escribió Arctino de Mileto. Al menos 13 libros de Píndaro se han perdido.

De las 500 tragedias de Prátinas de Fliunte, sólo existen fragmentos. Las 250 tragedias de Astidamas se han perdido. Y qué decir del prestigioso Aristarco de Samos, astrónomo y matemático que midió la tierra y escribió decenas de tratados sobre diversos tópicos, hoy inexistentes Puede parecer increíble, pero hay más de cien libros perdidos de Plutarco de Queronea. Según el Catálogo deLamprias, de 227 obras en 278 rollos únicamente se conservan 83 obras en 87 rollos.

De Espeusipo de Atenas, que reveló los secretos de su tío y maestro Platón, no ha quedado una sola obra completa. El reconocido Duris de Samos, favorito de los públicos cultos de Grecia, se ha reducido a un montón de párrafos y frases sueltas. Los 47 libros de las Memorias Históricas de Estrabón de Amasia, autor de la Geografía, se perdieron totalmente. Es una verdadera lástima que se hayan perdido los escritos de Beroso de Belos. Hoy quedan apenas epítomes y fragmentos de su monumental Historia de Babilonia (escrita hacia 280 a.C, en 3 libros divididos en tres períodos).

Esta lista, como puede suponer el lector, es extensa (yo he compilado tres tomos de 2.000 páginas cada uno), abrumadora, opresiva. El número de obras que hemos perdido en accidentes, desastres, quemas o por la indiferencia es incalculable.

16 comentarios

  • Hilvanes febrero 6, 2008en6:21 pm

    No he conseguido terminar tu comentario porque lo del mal cuerpo que dices al final … ahyss!!! no quiero ni pensar en ello. Cáspitas… aunque bien pensado también hay otro tipo de destrucción: el prestar los libros. Una extraña manía que tiene la gente. Espero no volver caer en ese vicio mío de dejarlos todos todos ya que nadie devuelve…

  • Palimp febrero 6, 2008en8:51 pm

    Yo sigo manteniendo la costumbre, porque no me importa decirles adios. Algunos hay que no presto nunca, y otros que a pesar del tiempo transcurrido sigo teniéndolos localizados. En cualquier caso no es una destrucción en el sentido estricto del término; es sólo tener una biblioteca itinerante.

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  • Garvin febrero 6, 2008en10:02 pm

    A mi también me ha ocurrido eso de prestar libros y, en el mismo momento en que los depositas en las manos del demandante sabes que no los vas a volver a ver. Pero es que tengo el defecto de no saber decir no.

  • Magda febrero 6, 2008en10:10 pm

    Querido Palimp, no he leido el libro pero sinceramente al leer tu reseña no se me antoja hacerlo, y obviamente no por la reseña que como siempre es excelente, sino por mi pobre hígado que sufriría las consecuencias.

    🙁

  • Palimp febrero 7, 2008en12:58 pm

    Sï, Magda, yo también pensé lo mismo la primera vez que lo vi. Pero pudo más la curiosidad y la experiencia ha merecido la pena.

  • Palimp febrero 7, 2008en12:59 pm

    Garvin, hay que aprender a decir que no… o hay que aprender a decir adios a tus libros.

  • Vigo febrero 11, 2008en5:30 pm

    He quedado un par de veces con Fernando Baez cuando ha venido a España. Mi experencia ha sido totalmente distinta a la tuya paranormal en Sitges :-D.
    A este ensayo, Báez le dedicó casi toda una década (y aún así es un escritor muy jóven).
    Lo extraordinario es que Fernando Báez tiene una de esas memorias prodigiosas. Hablas con él sobre escritores aleatorios, y el es capaz de precisarte el año en que nacieron y multitud de anécdotas sobre ellos.
    Te sorprendes de su precisión, te lo aseguro.

  • Palimp febrero 12, 2008en8:59 pm

    Te envidio entonces. Ya hablaremos del tema el viernes 🙂

  • redwine febrero 22, 2008en11:01 pm

    Espeluznante, duele pensarlo.
    Puestos a tener fe en algo, quizá el Más allá sea una gran biblioteca en la que podamos leer todos esos libros perdidos, encuadernados con la piel de sus destructores (bueno, eso igual da un poco de grima).

  • Palimp febrero 25, 2008en10:04 am

    Una venganza cruel pero adecuada 🙂

  • adriana abril 28, 2008en4:42 pm

    esta pg esta fina bueno no tengo que decir nada solo gracias xq concegui lo qe buscaba:P

  • Juan Pistone abril 28, 2008en5:04 pm

    ¿Cómo estás? Soy parte de un proyecto llamado Bloggers Recommendation Management (www.b-r-m.net) que pone en relación marcas con bloggers.

    Estamos trabajando con una editorial catalana y me gustaría hacerte llegar unos libros para que nos dieras tu opinión. http://www.b-r-m.net/blog-es/?p=113

    Un saludo

    Juan

  • Carlos José septiembre 2, 2008en11:56 am

    Es importante que vayamos quedando menos lateralizados gracias a que los expertos publican sus opiniones donde no sufren censura porque, aunque dijeran los hombres de campo de poca educación «el Viejo allá arriba sabe todo», los ciudadanos comunes podemos colaborar haciendo correr las noticias que atajan en alguna medida la maldad…

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