Corinne Maier. Buenos dias, pereza.

marzo 5, 2009

Ediciones Península. 124 páginas.
Tit. Or. Bonjour paresse. Trad. Zoraida de Torres Burgos.

Corinne Maier, Buenos dias pereza
Huelga de brazos caídos

Las expectativas pueden desvirtuar la lectura de un libro. En alguna parte había leído que esto era un manual para hacer la revolución desde dentro, vía escaqueo. Un poco como el Antxon Baldarra de ¡Vaya semanita!. Pero no, poco hay de eso y casi al final. Peor lo tuvo Remo en Curioso pero inútil, que esperaba un ensayo interesante y el libro no está a la altura.

Corinne Maier se dedica a criticar la cultura empresarial moderna, llena de una jerga incomprensible, dónde parece que se hacen muchas cosas pero no se hace realmente nada. La venta de humo ha llegado a niveles alarmantes y los idiotas campan a sus anchas en los puestos de responsabilidad sin que nadie haga algo por remediarlo. La crítica es incisiva y en muchas ocasiones graciosa, pero desmontar la estupidez de ciertas prácticas empresariales no es nada difícil. Casi lo hacen ellas solas.

Pero, como apunta Remo, no hay profundidad. No hay análisis de causas, ni soluciones, ni otra cosa que sea una queja contínua. A todos nos gustaría trabajar en una meritocracia y no tener que soportar a un jefe cretino, pero las cosas no funcionan así. Estas quejas ya las exponía Alfedo de Hoces y los dos libros me daban la misma sensación. Menos quejas y más soluciones. Y si no hay solución, pues deja la empresa.

Esto no quita para que las críticas tengan toda la razón, veamos un par de ejemplos:

De hecho, la cultura de empresa no es más que la cristalización de la estupidez de un grupo de personas en un momento dado. Este micropatriotismo está constituido por mía masa compacta de hábitos un poco rancios, facilidades y tics de vestimenta y de comportamiento que se acerca a la caricatura. Una vez reescrita por los jefes se convierte en historia oficial, con sus héroes y sus fiestas destinadas a movilizar y favorecer la identificación con una empresa unida y solidaria. En ese caso se traduce en una profusión de seminarios huecos, camisetas inllevables, pins (sí aún existen) y eslóganes supuestamente motivadores.

Si ya no quedan causas que nos motiven para levantamos por la mañana, eso quiere decir que, tal como pensaba el filósofo Alexandre Kojéve. gran lector de Hegel. la historia ha terminado Lo único que nos queda es consumir cada vez más para distinguirnos cada vez más de un vecino que se nos parece cada vez más.

O el chiste que resume a la perfección la nueva cultura empresarial:

Así pues, ¿quién trabaja en las empresas? Confesémoslo: poca gente. Circula una historia muy ilustrativa a este respecto. Un grupo de grandes compañías adoptó la costumbre de organizar una competición interempresarial de remo (cuatro remeros y un timonel). Los equipos están formados por empleados de cada una de las empresas. Pero la dilección de mía de ellas advierte que su equipo, desde hace unos años, llega siempre el último. Emoción, vamos a investigar: se contrata a un experto, un asesor deportivo, para ver qué pasa. El experto lleva a cabo una investigación de varias semanas y al final envía su conclusión: en el barco hay cuatro timoneles y im ¡mico remero. La dilección, preocupada, pide consejo a un consultor. El dictamen del experto se resume esencialmente en lo siguiente: ¡hay que motivar al remero! Todo parecido con una empresa real es pura coincidencia, naturalmente…

Que me recuerda a aquel otro de los caníbales:

Una tribu de canibales en paro, tras mucho suplicar, consiguen ser admitidos en la plantilla de una multinacional. Naturalmente les hacen prometer que van a abandonar sus costumbres gastronomicas. Todo va bien, pero un dia desaparece un becario. Dandose cuenta de que van a ser sospechosos, el jefe de la tribu les reune.

– A ver, ha sido alguno de vosotros?

Todos se miran entre ellos, hasta que uno dice «fui yo, me lo comi».

Entonces todos le miran acusadoramente y el jefe dice:

– Tu eres tonto. Llevamos 3 meses comiendonos directivos y nadie se ha enterado, y ahora vas tú y te tienes que comer a un becario

Un libro entretenido, a ratos gracioso, pero que no va a cambiar el mundo -como parece pretender. Otro par de críticas:

Véase Además, Buenos días, pereza. Sobre el éxito editorial de Corinne Maier.


Extracto:[-]

Yo misma, cuando empecé a trabajar, pensaba que el mundo empresarial iba viento en popa y aunaba en un mismo movimiento los valores de la ascensión social y el espíritu libertario de Mayo del 68. Pero no tardé en desilusionarme. Ya llevo muchos años en este entorno y he tenido tiempo de comprender qu nos habían mentido. He visto que el universo de la empresa no tiene nada de «jijí jajá»: además de ser aburrid, es potencia luiente cruel. Su verdadero rostro se hizo visible en el momento en que estalló la burbuja de Internet y los periódicos hicieron su agosto con las noticias de escándalos financieros. La caída de las cotizaciones de Vivendi. France Télécom, Alcatel y otras compañías echó sal en las heridas porque arruinó el patrimonio de miles de accionistas asalariados, que hasta entonces habían confiado candidamente en el agresivo discurso de sus jefes. Pro lo peor fue la cat’strofe de 2003. que puso de manifiesto la cara negra de la empresa y que provocó que se multiplicaran los planes de despido: STMicroelectronics. AlcaTel. Marra. Sclinider Electric…

La empresa está acabada. Hay que rendirse al la evidencia: ya no es el lugar del éxito. El ascensor social está bloqueado. Los títulos académicos ya no proporcionan tanta seguridad como antes, las jubilaciones se encuentran amenazadas y la carrera profesional ha dejado de estar garantizada. Queda lejos la década de los sesenta, con su entusiasmo por el progreso y sus carreras aseguradas. Soplan otros vientos y. para huir de ellos, miles de universitarios sobradamente preparados empiezan a mendigar osemos empleos de chupatintas en la Administración.

De hecho, el mundo empresarial ya no ofrece demasiadas posibilidades de proyectarse hacia el futuro: a las generaciones que vienen detrás nuestro se les exigirán todavía más títulos para ocupar puestos aún menos valorados y llevar a cabo tareas menos motivadoras. Tengo mi hijo y una hrja y ya se lo he advertido: «Niños, cuando seáis mayores, nunca trabajéis para una empresa. ¡Nunca! ¡Nos daríais un disgusto muy grande a vuestro padre y al mí».

6 comentarios

  • Nacho marzo 5, 2009en7:22 pm

    Sobre este asunto no me canso de recomendar la película «Casual day» (Max Lemke, 2008), donde la crítica al papanatismo empresarial y la venta de humo no se hace en tono de queja, sino mostrando dicho entorno con distanciada ironía y dejándolo en evidencia por sí mismo.

  • Palimp marzo 5, 2009en7:34 pm

    La he conseguido por tu recomendación, espero verla este fin de semana.

  • manhis agosto 2, 2011en6:18 pm

    Entre la reunionitis y la burrocracia, no hay quien pueda vivir en la empresa

  • Palimp agosto 27, 2011en3:03 pm

    Y que lo digas. Soy autónomo y lo que más odio de mi trabajo son las ‘reuniones’.

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