Christopher Priest. Experiencias extremas S.A.

mayo 13, 2020

Christopher Priest, Experiencias extremas SA
Minotauro, 2003. 320 páginas.
Tit. Or. The extremes. Trad. Claudia Casanovas.

La acción gira en torno al drama personal de Teresa Simmons, agente del FBI cuyo trabajo incluye la incursión en recreaciones virtuales de las masacres realizadas por los denominados mass murderers, con el fin de estudiar el proceso mental que los lleva a cometerlas. Teresa pierde a su marido en una de esas matanzas, en Texas, tras lo cual viaja hasta la pequeña localidad inglesa de Bulverton, en parte para paliar el sentimiento de pérdida y en parte porque allí, en la misma fecha, se produjo una tragedia semejante. Su investigación, realizada a medias entre realidad y RV, le hará conocer de primera mano el drama personal de los afectados y las secuelas producidas en los habitantes del pueblo, así como los extraños detalles del suceso.

La leí hace tiempo y no guardo ningún recuerdo de ella, salvo que no me gustó y me sorprendió que un autor como Priest, que tiene otras obras excelentes, escribiera esta tan floja. Otras reseñas: Experiencias extremas S.A. y Experiencias extremas S.A.

Decepcionante.

En su siguiente visita a Cleveland no huyó, sino que se quedó al lado de la puerta mientras Santiago salía como una exhalación e intentó ver su cara con más detalle. El le disparó.
La siguiente vez intentó echarle un vistazo a Santiago y luego tirarse boca abajo en la acera. No solamente no pudo obtener contacto visual, sino que recibió un disparo en la nuca mientras permanecía allí estirada.
En la siguiente ocasión atacó a Santiago, lanzándose contra él y forzándolo a que cayera al suelo. Intentó utilizar las técnicas de inmovilización que había aprendido. Hubo una breve y violenta refriega, tras la cual volvió a recibir un disparo.
Cada vez, la experiencia era peor, porque, aunque Teresa retenía su identidad individual -nunca creyó realmente haberse convertido en Mary-Jo Clegg-, el miedo, el dolor y el trauma Sel tiroteo y la muerte eran casi imposibles de sobrellevar. Las horas de recuperación física y mental posteriores a la experiencia extrema se iban alargando, hasta ocupar casi dos días. Esto era ha-
bitual en un participante no experimentado, pero consumía mucho tiempo y dinero. Sabía que tenía que lograrlo de una vez o suspendería el curso.
En su siguiente experiencia extrema, hizo lo que Kazinsky siempre le aconsejaba e intentó dejar que las reacciones de Mary-Jo controlaran su comportamiento. En el incidente real, que había ocurrido tal y como se había descrito, Mary-Jo no había tenido, por supuesto, ningún tipo de advertencia de que un hombre armado saldría del banco y no habría reaccionado hasta que hubiera sucedido algo.
Teresa apenas tuvo tiempo de ajustarse al cambio de identidad de Mary-Jo. Dio cuatro pasos por la acera y luego Santiago apareció en la portería. Mary-Jo se giró hacia él con horror y sorpresa, vio la pistola que empuñaba, y el instinto de Teresa apareció de nuevo. Se agachó y Santiago disparó. Esta vez hicieron falta dos disparos para matarla.
Finalmente, Teresa lo logró en su séptima extrema. Dejó que Mary-Jo reaccionara con libertad, se volvió sorprendida cuando Santiago apareció, lo miró frente a frente y luego levantó un brazo y avanzó. Santiago le disparó, pero debido al instintivo ataque de un transeúnte desarmado, que lo cogió por sorpresa, falló el tiro. Teresa notó el calor de la descarga rozando su cara, se quedó helada por el tremendo ruido del arma, pero la bala pasó de largo. Por fin se agachó y cuando caía al suelo vio a Santiago echando a correr hacia el brillante sol. Unos momentos más tarde, dos vigilantes de seguridad del banco aparecieron y uno de ellos se inclinó para ayudarla. Poco después, el escenario de experiencia extrema terminó y Teresa había sobrevivido, logrando la descripción ocular.

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