Cressida Cowell. Cómo ser un pirata.

febrero 28, 2025

Cressida Cowell, Cómo ser un pirata
SM, 2006. 226 páginas.
Tit. or. How to be a pirate. Trad. Amalia Bermejo.

El protagonista de esta curiosa historia, Hipo Horrendo Abadejo III no lleva muy bien la lucha con espadas, y es ridiculizado por un compañero suyo. Pero la llegada de un supuesto granjero que tiene el mapa de un tesoro pirata está a punto de cambiar la vida de todo el pueblo.

Segunda parte de la saga de Como entrenar a tu dragón que fue origen de la serie de películas del mismo nombre pero que tienen un parecido muy ligero. Una historia para niños un poco grandes con grandes dosis de acción, parodia y divertimento.

Muy bueno.

3. Una posibilidad entre un millón
El objeto que había agujereado el barco, y con ello salvado a Hipo de la muerte a manos de Perruno el Desce-rebrado, era una CAJA, grande y pesada, de unos dos metros de largo por uno de ancho.
Ahora flotaba a no mucha distancia de donde estaba Hipo pedaleando en el agua. Tenía un par de asas de hierro a los lados, muy adecuadas para agarrarse a ellas.
Unos veinte minutos antes, algunos regocijados miembros de la tribu de los cabezotas habían lanzado esta caja al mar en Isla Cabezón, que distaba de allí un par de kilómetros. Los vientos la habían empujado a una considerable distancia en ese breve tiempo.
Y las posibilidades de que esa extraña caja viajara todo ese trecho y luego, en medio del enloquecido y solitario océano, agujerease el barco justo a tiempo de salvar la vida de Hipo, debieron haber sido de miles, no, de millones a una.
Una persona imaginativa podría decir que era casi como si la caja estuviera buscando a Hipo.
Pero nosotros no somos gente imaginativa, y eso sería ridículo.

En cuanto Hipo se agarró fuerte a una de las asas de hierro con un suspiro de alivio, una ola gigantesca los le vantó a él y a la caja, y después los dejó caer solo a algu nos metros de donde Desdentado estaba tratando de iin pedir, por tercera vez, que Patapez se hundiese en el agua… y esa tercera vez hubiera sido la última.
El dragón sujetaba con firmeza la espalda de la camisa de Patapez, aleteaba furiosamente y su pequeña cara verde se había vuelto de un rojo brillante por el esfuerzo.
Patapez tenía agarrado un trozo de remo roto que le ayudaba un poco a mantenerse, pero no podía aguantar mucho más y se habría ahogado

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