H.P. Lovecraft y Enrique Breccia. Las montañas de la locura.

febrero 4, 2021

HP Lovecraft y Enrique Breccia, Las montañas de la locura
Libros del Zorro Rojo, 2010. 168 páginas.
Tit. or. At the mountains of madness. Trad. Patricia Willson.

Una expedición a la Antártida siguiendo los pasos de una anterior descubrirá indicios de unos seres extraños que habían vivido mucho antes de los seres humanos, y que es po sible que todavía ronden por el laberinto helado.

Edición del clásico de Lovecraft ilustrado por Breccia, que se contiene en lo formal bastante. No vemos aquí los experimentos de estilo que hizo en sus mitos de chutlhu, pero el dibujo se aleja de planteamientos planos (dejo muestra).

Repecto a la obra de Lovecraft considero que no es de sus mejores libros por el exceso de explicaciones que da, algo poco habitual en él. Normalmente los tentáculos de su particular terror cósmico aparecen en segundo plano dejando el misterio de su origen. Aquí un par de exploradores con mucha suerte se encuentran una serie de pictogramas que les explican la historia de pe a pa.

Como parte buena estas explicaciones iluminan segmentos del universo Lovecraftiano. Un libro interesante de leer.

Recomendable.

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23:30. Atención, Dyer, Pabodie, Douglas. Asunto de crucial —casi diría trascendental— importancia. El Arkham debe transmitirlo cuanto antes a la estación de Kingsport Head. El extraño ejemplar en forma de barril es el organismo arqueozoico que dejó las huellas en las rocas. Mills, Boudreau y Fowler han descubierto un grupo de otros trece en un saliente subterráneo a unos doce metros del acceso a la cueva. Están mezclados con fragmentos redondeados de esteatita más pequeños que el encontrado antes: con forma de estrella, pero sólo con algunas puntas rotas. Ocho de los especímenes orgánicos están aparentemente enteros, con todos los apéndices. Los hemos sacado a la superficie, tras alejar a los perros. No soportan esas cosas. Presten atención a la descripción y repitan para confirmar. Los periódicos deben recibirlo con la mayor exactitud posible.
Los objetos tienen dos metros y medio de longitud total. Cinco aristas de un metro y medio, dos metros de diámetro central y treinta centímetros de diámetro en los extremos. Color gris oscuro, flexibles y muy duros. Alas membranosas del mismo color y dos metros de extensión, que encontramos plegadas, insertadas en los canales entre las aristas. La estructura de las alas es tubular o glandular, de color gris más claro, con orificios en las puntas. Las alas abiertas tienen bordes aserrados. En torno al ecuador, en el centro de cada una de las aristas con forma de duela, hay cinco sistemas de brazos o tentáculos flexibles de color gris claro que estaban pegados al cuerpo pero pueden extenderse hasta una longitud máxima de un metro. Parecen los brazos de un crinoideo primitivo. Un tallo único de unos dos centímetros de diámetro se divide a los doce centímetros en cinco tallos, cada uno de los cuales se divide a su vez en cinco tentáculos o zarcillos, lo que da a cada tallo un total de veinticinco tentáculos.
En un extremo, un cuello bulboso de color gris más claro con una especie de branquias sostiene lo que parece ser una cabeza amarillenta con forma de estrella de mar de cinco puntas y cubierta de cilios ásperos de siete centímetros y diversos colores prismáticos. La cabeza es gruesa e hinchada y tiene unos sesenta centímetros de punta a punta, con unos tubos flexibles de ocho centímetros de longitud que se extienden desde cada punta. Justo en lo alto hay una acanaladura que probablemente sea una abertura respiratoria. Al final de los tubos hay una expansión esférica con una membrana amarillenta que revela un glóbulo vidrioso de iris rojizo, evidentemente un ojo. Cinco tubos rojizos un poco más largos salen de los ángulos interiores de la cabeza en forma de estrella de mar y terminan en una especie de saco del mismo color que, al presionarlo, se abre en forma de orificio con un diámetro máximo de cinco centímetros y afiladas proyecciones semejantes a dientes. Probablemente una boca. Todos los tubos, cilios y las puntas de la cabeza en forma de estrella estaban plegados hacia abajo, con los tubos y las puntas pegados al cuello bulboso y al cuerpo. Sorprendente flexibilidad a pesar de su enorme dureza.
Al otro extremo hay un tosco equivalente de las estructuras de la cabeza, aunque con funciones diferentes. Un pseudocuello bulboso sin branquias sostiene una base de cinco puntas. Brazos duros y musculosos de un metro y medio de longitud que se estrechan desde quince centímetros en la base hasta cuatro centímetros en la punta. En cada punta hay un extremo triangular membranoso de color verde y veinte centímetros de largo por quince de ancho. Es la aleta o pseudopie que ha dejado las huellas en rocas de entre mil millones y cincuenta o sesenta millones de antigüedad. De los ángulos interiores de la estrella salen tubos rojizos de sesenta centímetros que se afinan desde ocho centímetros en la base hasta dos centímetros y medio en la punta. Orificios en los extremos. Todas esas partes son correosas y de una dureza increíble, pero extremadamente flexibles. Los cuatro brazos con aletas sin duda se utilizaban para algún tipo de locomoción marina o de algún otro tipo. Al moverlos, se aprecian indicios de una exagerada musculatura. En el momento del hallazgo todas las proyecciones estaban plegadas sobre el pseudocuello y el cuerpo de forma similar a las del otro extremo.

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