George Saunders. Guerracivilandia en ruinas.

junio 20, 2007

Ed. Mondadori, 2005. 182 páginas.
Tit. Or. CivilWarLand in bad decline. Trad. Javier Calvo Perales.

George Saunders, Guerracivilandia en ruinas

Mad Max en Disneylandia

Investigando por aquí y por allá confirmo que Pastoralia y Guerracivilandia en ruinas son los únicos libros publicados del autor en castellano (de momento). Visitando su página web podemos ver la lista completa de sus obras y, lo que más me ha sorprendido, una foto del autor con una cara de felicidad que no pega muy bien con la oscuridad de sus relatos. Quizá tiene esa cara por haber ganado en 2006 la beca de la Fundación Mac Arthur -también llamada la beca de los genios-, medio millón de dolares pagaderos en cinco años «sin obligaciones específicas ni de rendir cuentas».

Guerracivilandia… es el primer libro de cuentos del autor y, en opinión de muchos, el mejor. Todos están ambientados en una especie de futuro apocalíptico en el que la mayor parte de la población vive en la miseria, algunos sufren horribles mutaciones, y la poca gente con dinero tiene la afición de visitar unos extravagantes parques temáticos en los que transcurre la mayor parte de la acción del libro. La lista de cuentos, como es habitual, es la siguiente:

Guerracivilandia en ruinas
Isabelle
El generador de olas falla
El presidente de doscientos kilos
Descargando para la seora Schwartz
La fallida campaña terrorista de la oprimida Mary
Recompensa

Los temas son los mismos que encontramos en su otro libro, el éxito, la solidaridad y la competitividad, la degradación de lo humano, el sentido de la vida en una sociedad sin sentido. El extraño mundo dónde se ambientan los cuentos no se diferencia tanto del nuestro; es una caricatura fácilmente reconocible. En conjunto es más redondo que Pastoralia, aunque considero que el propio Pastoralia es mejor que cualquiera de los relatos de este libro (y tiene la misma temática).

Si es cierto que el mundo está cada vez más globalizado y que nuestra sociedad se parece cada vez más a la de los Estados Unidos, seguro que podemos vernos reflejados en estas páginas. Léanlo antes de que sea tarde.

Escuchando: Vamos. El columpio asesino.


Extracto:[-]
Luego la señora McKinnon me dice que lo que le hace falta a Maribeth son ensayos de coro y un buen concurso de manualidades. En tiempos mejores le habría robado la idea del concurso de manualidades, pero ahora no hay presupuesto. Básicamente es así como, ascendí por fin de Inspector de Verosimilitud a Ayudante Especial, robándoles ideas a los McKinnon. A la señora McKinnon le caigo bien porque después de que me enseñara algunas baladas poco conocidas del siglo xix y yo me valiera de ellas para obtener el Premio al Mérito Individual le compré un cubo de Rubik. Para ella, el plástico de colores es como algo procedente de Venus. El señor McKinnon me ha avisado un par de veces de que me mantenga alejado de ella. El no confía en mí. Cree que el cubo de Rubik es obra del diablo. A él le he llevado encendedores y ejemplares de Playboy. Una vez incluso cargué hasta allí con el sintetizador de juguete de Howie y la batería portátil. Puse el sintetizador en carillón y lo hice sonar desde detrás de un matorral. Me di cuenta de que le hacía gracia, pero se cerró en banda. Es una lástima que no le pueda hacer ningún avance, porque estuvo en Antietam y podría ser una excelente mina de información. Volvió de la guerra y murió un año después en su maizal, que ahora es el Aparcamiento. De forma que se pasa la mayor parte del tiempo allí, llamando Belcebú a los coches y dándoles patadas en las ruedas.

Esta noche está paseando en silencio entre las hileras de coches. Voy hasta mi K-Car y pienso: Mierda, me he dejado las llaves dentro. El señor McKinnon está sentado al pie de la farola del aparcamiento A3 y me pregunta si he visto el incendio, y me doy cuenta de que ha sido un castigo divino por mi bajeza moral. Le digo que muchas gracias. No pienso hablarle de las pandillas. Apenas puede entender que las mujeres lleven pantalones. Por fin renuncio a intentar bajar la ventanilla haciendo palanca y voy a llamar a Evelyn para que me traiga su juego de llaves. Mientras la espero me siento sobre el capó y miro las estrellas. El señor McKinnon las mira también. Dice que hay menos que cuando era niño. Dice que incluso el cielo se ha deteriorado. Considero la posibilidad de hablarle de la polución, pero entonces aparece el coche de Evelyn.

Lleva puesto su albornoz y tan pronto como sale del coche empieza a rajar. Howie y Marcus están dormidos en el asiento trasero. El señor McKinnon dice que forma parte de mi estado de desgracia el que permita que una mujer me hable en ese tono. Sugiere que la haga callar y la encierre en la leñera. Mientras tanto, Evelyn sigue hablando sin parar sobre lo irresponsable que soy hasta que los niños se despiertan. Quiero largarme antes de que las pandillas se nos echen encima. En el Aparcamiento somos presa fácil. Mi mujer me llama capullo desconsiderado y me clava las llaves del coche en la barriga.

Marcus se despierta, grogui, y dice: Eh, es papá.

Y Evelyn dice: Sí, por desgracia es vuestro papá.

2 comentarios

  • Vigo junio 26, 2007en2:59 pm

    Una nueva escuela de crítica literaria:
    «…una foto del autor con una cara de felicidad que no pega muy bien con la oscuridad de sus relatos…»
    Si quieres profundizar sobre esa línea, te aconsejo los tratodos de César Lombroso de criminología, aunque te advierto que no creo que estén demasiado bien vistos en los círculos de escépticos.

  • Palimp junio 26, 2007en3:33 pm

    Hombre, es que no se puede pintar un mundo tenebroso dominado por el egoísmo y luego tener una sonrisa de lado a lado. Hay que mantener el personaje.

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