Frédéric Beigbeder. 13’99 euros.

mayo 18, 2012

Frédéric Beigbeder, 13'99 euros
Anagrama, 2006. 270 páginas.
Tit. Or. 99 francs. Trad. Sergi Pàmies.

El título de este libro hace referencia a su precio. Lo malo de comprar de rebajas es que ni siquiera con el título cambiado se corresponde con lo que me costó.

El protagonista es un creativo en una empresa de publicidad, asqueado de su trabajo -según nos lo va haciendo saber en sus contínuos alegatos. La presentación de un vídeo suyo acabará como el rosario de la aurora.

La contraportada nos lo vende como un alegato contra el consumismo y el protagonista se pasa el libro diciendo cosas como Soy el tío que os vende mierda, Me paso la vida contandóos mentiras y me lo pagan con creces… La idea es que los publicistas son gente muy mala que nos idiotiza para que consumamos hasta morir.

Pero yo que soy un poco tocapelotas lo que leo es lo contrario. Los publicistas también tienen que vender su producto, aumentar las ventas de los clientes. Da igual si un anuncio es una obra de arte, si no vende no sirve para nada. Tienen que ser creativos a la fuerza. Lo que me transmite este libro no es que los publicistas manipulan a los consumidores, sino que los consumidores son un hueso duro de roer capaz de agotar el talento de cualquier publicitario. Una profesión horrible, pero no por que contamine nada, sino por la tensión que deben sufrir.

En la segunda parte, cuando se deja de alegatos y la trama avanza alocada el libro mejora, en mi opinión, pero no deja de ser una lectura amable e intrascendente, nada que ver con lo que nos intentan vender.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (261/365)

Extracto:
La gente suele preguntarme por qué los creativos están tan bien pagados. Un redactor que tarda una semana en escribir un artículo para el periódico Le Figuro cobrará cincuenta veces menos que un creativo free-lance que tarde diez minutos en parir un cartel. ¿Por qué? Simplemente porque el creativo hace un trabajo que genera más dinero. El anunciante dispone de un presupuesto anual de varias decenas o centenares de millones para gastar en publicidad. La agencia calcula sus honorarios sobre el porcentaje de compra de espacios: en general, una comisión del 9 % (llegó a ser del 15 %, pero los anunciantes se dieron cuenta de la estafa). En realidad, los creativos están infravalorados en relación con los beneficios que generan. Cuando uno ve el dinero que les pasa por delante de las narices, las sumas que permiten acumular a sus patronos, en comparación su sueldo parece irrisorio. De hecho, si un creativo exige una remuneración discreta, lo tomarán por un bromista. Un día, al salir de una reunión con Marc Marronier, le hice la siguiente pregunta:
-¿Por qué todo el mundo escucha a Philippe y no a mí?
-Porque Philippe gana trescientos mil francos al mes y tú no —me respondió con contundencia.


—Y, Enrique, aprecio lo que acabas de decir respecto a la marca. Todos los que estamos aquí sabemos que esto no es el Club de los Poetas. Es crucial que se identifique bien el logo de Madone desde el primer plano del spot.
—Sí, sí. He pensado en hacer un pack-shot muy luminoso.
—Efectivamente —aprueba Jef—, el conjunto tendrá un clima soleado muy clean.
La estilista toma entonces la palabra:
-Habíamos comentado que resultaría interesante que, a nivel de vestuario, la cosa no fuera demasiado tristona.
Muestra unas camisetas de colores a la concurrencia.
—Podemos optar por el rojo, y cositas flashy como éstas.
-Sí -dice uno de los jefes de productos para justificar su presencia en esta PPM (y, por extensión, en el seno de la empresa Madone)—, claro, pero necesitaríamos un estilismo de entretiempo para poder utilizar el spot a lo largo de todo el año.
-Respecto a lo que habíamos dicho en la reunión del doce -añade la controladora de gastos, inspectora de los trabajos terminados pagada por Madone para criticarlo todo y conseguir que se rebajen los honorarios (a excepción de los suyos)—, sería necesario un poco más de picardía.
-Por supuesto -comenta Jef-, eso ya se especificó el día doce.
Todos parecen estar ñipando por un tubo. La estilista está más ruborizada que su camiseta.
—También he traído esta camisa…
Todo el mundo critica la camisa hasta que se dan cuenta de que el cliente lleva una idéntica.
-Escuchad -dice Charlie-, tenemos un contrato base, pero, de todos modos, podemos dejar cierto margen para la espontaneidad durante el rodaje, ¿no?

3 comentarios

  • Cities: Walking mayo 18, 2012en8:31 am

    Me encantaba Beigbeder en mis años jovenzunos (treinta y pocos). Fuí muy fan suyo desde «13,99€». Luego me leí «El amor dura tres años» y «Windows on the World», hasta que pasados los años me leí «Socorro, Perdón» y de repente me vino una revelación en forma de flash: otra vez mira qué fiestones me pego, copazos y rayas de coca hasta caerme de espaldas, me tiro a las titis más buenorras, qué vida más cool llevo pero qué solo estoy, bla bla. Por no hablar que en ésta última novela suya que me leí la supuesta revelación se veía venir desde el capítulo 1. Así que no me lo pensé a la hora de comprar «Una novela francesa», más aún cuando la reseña de la editorial comienza con «El 28 de enero de 2008, el autor era detenido por consumo de cocaína en la vía pública y pasaba cuarenta y ocho horas bajo detención preventiva.».

    Au revoire, M. Beigbeder.

  • Palimp mayo 21, 2012en10:12 am

    Tiene una prosa ágil, que engancha. Pero para mí con uno ya tuve suficiente.

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