Emilio Bueso. Transcrepuscular.

diciembre 6, 2021

Emilio Bueso, Transcrepuscular

Un artefacto es robado y el alguacil, montado en su libélula de combate, intenta atrapar a los ladrones pero le es imposible porque se escapan por el agujero del mundo, un sitio frío donde no pueden sobrevivir. La Regidora de la villa y el astrólogo se lanzarán en su búsqueda y sufrirán mil desventuras.

El libro es entretenido y se lee con facilidad e incluso con gusto. Pero he leído por ahí elogios desmedidos que se pasan tres pueblos. En general todo el mundo alaba el worldbuilding, es decir, la construcción de un mundo en el que los humanos conviven con una ecología basada en insectos gigantes y una simbiosis muy particular. El propio autor se siente muy orgulloso al respecto (leído en una entrevista). A mí no me ha impresionado demasiado, sinceramente, e incluso desde el principio adivinas en qué consiste la simbiosis (todos hemos visto Futurama).

Las aventuras en general bien pero a mí me dejaban muchas preguntas sin responder y hay detalles que me sacan del texto. Por ejemplo, una particularidad lingüística de esa sociedad es el uso del prefijo ‘puto’ tal y como se usa ahora (no te puto pilles). Y suele decirse que nada envejece peor que lo moderno.

Aquí les ha gustado mucho: Transcrepuscular, aunque yo estoy más de acuerdo con esta otra: Transcrepuscular en donde se dice:

¿Está esta novela bien escrita? ¿Tiene una buena historia o personajes interesantes? En mi opinión, no y no.

Ah, ¿pero está ambientada en un mundo bien construido, detallado y cautivador? Bueno, tampoco.

Se deja leer.

—Observa el medio, el ecosistema, al completo. Ese sitio es un ejemplo perfecto del mundo que habitas. El Desierto y el Agujero son páramos, y el Círculo Crepuscular es tan inhóspito y tan terrible que toda la vida que engendra y atormenta son artrópodos, hongos, algas, líquenes, gusanos, moluscos… Mira cómo es el reino animal en el que estás. ¿Nunca te has fijado en cómo son los seres que pueblan los arenales, los cielos, los pantanos, las montañas, las aguas y el crepúsculo? Bichos. Todos invertebrados. Bestias cuya sangre ni es roja ni está caliente, cuya carne no entraña huesos, pero que a menudo están emparentadas entre sí.
—¿Y qué?
—Pues que el hombre no pertenece a este lugar, no encaja. Somos una especie superpuesta, invasora, implantada. El medio nos adopta, nos asimila poco a poco, se asocia con nosotros en vínculos simbióticos; pero lo cierto es que venimos de otro sitio, como los que construyeron la presa de este pantano.
—Ah, las estrellas y eso. Todo está en las estrellas —le respondí con hartazgo.
Hubo otro silencio, pero este de apenas unos segundos.
—¿Dónde estaban tus estrellas cuando mis espadas nos salvaron la vida? —le solté. Y me quedé bien ancho.
—No fueron tus espadas, campeón; fue la pértiga que te dio tan putamente este muñeco de trapo.
—Vale, de acuerdo, ¿eh? Pero ahora que conteste el viejo, el de verdad. El que habla por la boca.
—Estás encantado de haberte conocido, ¿verdad, Alguacil? —me dijo el Astrólogo.
Negué con la cabeza.
—Ni yo sé cómo hice para ganar el combate.
—Sé que no eres ningún zote. La Regidora, por ejemplo, resulta que te tiene en alto concepto. No le gusta tu forma de ver las cosas, ni a mí, pero los dos tratamos de lidiar con eso. Ya cederá. Como tu mollera. Porque el combate lo ganaste con el cerebro y no con ese escroto vacío que tienes.
Hubo otro silencio. Yo estaba por hacer algún comentario despectivo, pero veía poco a poco que aquellos dos igual no estaban tan chalados como me había parecido al principio. Y en el fondo sabía que mi ignorancia y mi solvencia en el campo de batalla iban a la par. Aquel anciano me hacía parecer estúpido con solo soltarme a descansar en un prado.
—¿Dolió? —preguntó el trapo, reanudando la conversación.
—¿Sujetar a la sombra? —pregunté yo—. Estaba helada como nada que hayas podido tocar, pero no sé qué me hizo la babosa que…
—El trapo no quiere saber si te dolió la pelea. Quiere saber si te dolió cuando te puto cortaron los cojones.
Respiré con pesadez.
—Ni lo recuerdo, eso. Se hace en los rituales de iniciación, en una ceremonia anual en la que se castra a un centenar de chavales.

Un comentario

  • Cities: Walking diciembre 6, 2021en8:16 pm

    Estuve a punto de dejarme llevar por el hype inicial, porque todo lo que se leía de este libro eran maravillas. Obra maestra, etc. Por suerte tanto este tomo se agotó rápidamente y resulto imposible conseguirlo poco después de su publicación. Algo que me vino de perlas porque con el tiempo empezaron a aparecer reseñas en lo que ya no era todo tan bonito. Por cierto que he visto la pataleta del autor en el link a goodreads que incluyes y me parece ridícula. Un poquito más de profesionalidad y de humildad, por favor.

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