Stefan Zweig. Castellio contra Calvino.

noviembre 17, 2021

Stefan Zweig, Castellio contra Calvino
Acantilado, 2005. 260 páginas.
Tit. or. Castellio gegen Calvin. Trad. Berta Vias Mahou.

Zweig, un narrador impecable con un dominio excelente del tempo y del lenguaje nos plantea el enfrentamiento entre el humanista Castellio y el dogmático Calvino. Pero en sus manos el ensayo se convierte en la lucha -eterna- entre la tolerancia y el dogmatismo. Entre los regímenes totalitarios y el ansia de libertad. Entre el fanatismo y la tolerancia. Es, pues un libro universal porque siempre estarán esas fuerzas en lucha. En el tiempo de Zweig fue el nazismo. En nuestra época es el auge de la ultraderecha que utilizando los miedos de siempre buscan algún sector débil de la población a quien culpar:

Pero Castellio no quiere juzgar dejándose llevar por semejante histeria persecutoria. Sabe que cada época escoge siempre a un grupo de desdichados para descargar sobre ellos el odio colectivo represado. Siempre un pequeño y débil grupo es elegido por el más fuerte, ya sea a causa de su religión, ya sea por el color de su piel, por su raza, origen, ideales sociales o ideología, para descargar sobre él las energías de destrucción latentes en el ser humano. Las consignas, los pretextos, cambian, pero los métodos de la calumnia, el desprecio y el exterminio son siempre los mismos. Sin embargo, un hombre de espíritu no debe nunca dejarse cegar por ese susurrante tribunal de la insidia, ni dejarse arrastrar por el furor de los instintos de la masa. Con serenidad e imparcialidad renovadas, ha de buscar siempre la justicia. Por eso, Castellio se resiste a emitir un juicio en la cuestión de los herejes, sin antes haber penetrado por completo el sentido de esa palabra llena de odio.

Quizás los jueces que no vieron delito en un cartel racista de un partido de ultraderecha deberían ampliar sus lecturas.

Me he quedado sorprendido con la historia de Calvino que conocía muy de oídas y que me ha puesto los pelos de punta ¡Que sujeto! El fanatismo religioso unido al poder terrenal es capaz de las mayores atrocidades en nombre de la moral. Y como tantas veces los que se autoproclaman no ya buenos, sino mejores, son de una crueldad y una falta de humanidad tremenda.

Me lo recomendaron aquí: Castellio contra Calvino y ha sido una lectura apasionante. Me quedo con esta frase:

Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre

Que se puede aplicar a gobiernos totalitarios, terroristas, ideólogos y en general gente de mala calaña que utiliza palabras grandilocuentes como excusa para la crueldad.

Muy recomendable.

Pero para un hombre verdaderamente humano resulta imposible no irritarse cuando ve que ocurre algo inhumano. Un escritor íntegro no puede esbozar tranquilamente palabras indiferentes y teóricas cuando su alma se estremece ante el desvarío de su tiempo. Su voz no puede permanecer mesurada cuando los nervios arden con justa indignación. Tampoco Castellio puede seguir comportándose mucho tiempo de ese modo, pronunciando simplemente análisis académicos a la vista del suplicio de Champel, en el que un hombre inocente se ha retorcido de dolor hasta morir, un hombre, sacrificado vivo por orden de su hermano espiritual. Un sabio por un sabio, un teólogo por un teólogo. Y ello, además, en nombre de la religión del amor. Con la imagen de Servet torturado, con la atroz y masiva persecución de herejes en su alma, Castellio levanta la vista de las páginas que ha escrito y busca a los autores de esas monstruosidades, que en vano quieren disculpar su personal intolerancia con un piadoso servicio a Dios. Castellio ha calado a Calvino en toda su dureza cuando proclama: «Y siendo estos hechos tan atroces, sus autores aún cometen un pecado mayor cuando intentan cubrir esos crímenes con las ropas de Cristo y pretenden que con ello hacían su voluntad.» Sabe que todos los tiranos buscan siempre embellecer sus actos de violencia con algún ideal religioso o ideológico, pero la sangre ensucia cualquier idea. La violencia envilece cualquier pensamiento. No, Miguel Servet no fue quemado por mandato de Cristo, sino por orden de Calvino, pues en ese caso toda la humanidad habría sido ultrajada con semejante acción. «¿Quién querría ser cristiano hoy día si aquellos que se reconocen como tales son asesinados a fuego y agua y tratados con mayor crueldad que los asesinos y los ladrones…?», exclama Castellio. «¿Quién querría seguir sirviendo a Cristo cuando ve cómo alguien que no está de acuerdo en algún detalle con aquellos que se han hecho con el poder y la fuerza, es quemado vivo en nombre de Cristo, a pesar de que, en medio de las llamas, grita y confiesa que cree en Él?»


Si Sebastian Castellio no hubiera escrito más que ese prefacio al libro De haereticis y en ese prólogo únicamente esa página, su nombre tendría que ser inmortal en una historia de la tolerancia, pues cuán solitaria se alza esa voz, qué pocas esperanzas tiene su conmovedora súplica de ser escuchada en un mundo en el que las armas resuenan por encima de las palabras y en el que la guerra se apodera de las últimas decisiones. Pero, aun proclamados innumerables veces por todas las religiones y por todos los profesores de filosofía, los postulados más humanos deben ser recordados siempre de nuevo al olvidadizo género humano. «Sin duda alguna, no digo nada —añade el modesto Castellio— que otros no hayan dicho ya. Pero nunca resulta superfluo repetir aquello que es cierto y justo hasta que se hace valer.» Y como la violencia se renueva adquiriendo nuevas formas en cada época, también la lucha contra ella ha de ser renovada constantemente por los hombres de espíritu. No pueden huir con el pretexto de que el poder es demasiado fuerte en ese momento y de que, por tanto, no tiene sentido oponerse a él con la palabra, pues jamás lo necesario se ha dicho demasiado a menudo, y la verdad, jamás en vano. Aun cuando no venza, la palabra demuestra su eterna actualidad, y quien la sirve en semejante momento ha dado pruebas, por su parte, de que ningún terror tiene poder sobre un espíritu libre y de que incluso en el más inhumano de los siglos hay espacio para la voz de la compasión.

Un comentario

  • Francisco noviembre 17, 2021en6:52 pm

    Muy buen ensayo. Para mí de lo mejorcito que he leído de Zweig. Ahora he visto que ha aparecido publicada su poesía. Y tengo curiosidad.

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