Jorge Baradit. Ygdrasil.

noviembre 27, 2020

Jorge Baradit, Ygdrasil

Novela que tiene incluso entrada en la wikipedia: Ygdrasil. En un futuro donde ciencia y mística están interconectadas aparece una anomalía, un ser cuya alma está repartida entre su cuerpo, una piedra, un cactus y una rata. Para averiguar quién ha creado a este ser las milicias de México utilizan a una asesina drogadicta llamada Mariana. Su intención es usarla y prescindir de ella, pero su figura resultará clave en el desarrollo de la trama.

Vamos a ver. En el prólogo se afirma que frente a la invasión de la fantasía en las publicaciones del momento apostó por esta novela de ciencia ficción. Pero no lo es, porque también es de fantasía. Igual que lo es La guerra de las galaxias y muchas de las supuestas novelas de ciencia ficción actuales que lo único que hacen es presentar artilugios mágicos y con decir que son nanotecnológicos o cuánticos ya cumplen con el papel.

Llámenme purista pero la ciencia ficción es otra cosa. Lo que hace Greg Egan, por ejemplo. Pero en este libro aparecen almas reencarnadas, chamanes místicos, protectores de la tierra, entidades poderosas, dioses agónicos… Ojo, que me parece bien, pero llamémoslo por su nombre.

El libro está bastante bien, con un argumento consistente y cerrado y un final que me ha encantado. Abunda en imágenes escatológicas y pasadas de vueltas que tienen bastante fuerza. Estilísticamente tiene algunos defectos, con excesivas explicaciones de todo lo que va apareciendo y algunos abusos de Deux ex machina (lo que no molesta en una historia con presencias sobrenaturales), pero tiene potencia y la historia te atrapa.

Buena lectura. Otra reseña: Ygdrasil.

Recomendable.

La situación a la que se enfrentaba la Sección 14 era inusitada. Esta vez no se trataba de un conflicto ficticio como los que tantas veces montaran en acuerdo con las autoridades. Esta vez querían clausurarlos. Definitivamente. Y, conociendo al Directorio, no habría reubicación: su destino eran los depósitos de cadáveres. El Imbunche conocía de memoria la estrategia: la Chrysler presionaría hasta provocar la revuelta; entonces entraría con sus unidades de choque y arrasaría con todo en nombre de la seguridad interior. «Así que se decidieron a destruirme», pensó ahora, después de dos días de encierro y oración en que, ya descifrados los correos, había vociferado, pateado cabezas y rayado las paredes con frases incoherentes.

—¡Imbunche! El Círculo Doctrinario solicita respetuosamente audiencia —anunció Rodrigo en un tono ridículamente solemne.

El profeta sonrió; su inocencia le conmovía.

—Hazlos pasar, hijo mío.

Ruidos de cadenas y murmullos se colaron por el pasillo de acceso, y un guardia ingresó tirando del grupo con una cuerda. El Círculo Doctrinario era el oráculo encargado de interpretar el Libro para los integrantes del sindicato. Estaba formado por un grupo heterogéneo: cuatro niños, cuatro ancianos y cuatro mujeres jóvenes. A todos se les había arrancado los ojos, y en su lugar tenían bolas de acero con cadenas soldadas a ellas, que los unían entre sí en una ronda monstruosa. Las manos de los niños estaban cosidas a sus pechos, y todos andaban desnudos. Como no se les estaba permitido bañarse, trozos de fecas colgaban de sus traseros y el hedor que despedían era insoportable. Uno de los niños no había resistido la dura disciplina y su cadáver era arrastrado por el resto del grupo.

El Imbunche enunció la pregunta ritual.

—Díganme, ojos del Libro, qué han visto.

El viejo que se hallaba más cerca levantó unos brazos cubiertos de tatuajes realizados con vidrios o con sus propios dientes, y abrió la boca. Comenzó a modular, pero era uno de los niños quien emitía las palabras, en perfecta sincronización.

—Te vi girar en el centro del Universo, oh, Imbunche. Tus ojos eran púlsares que transmitían números día y noche. Agua caía por tus cabellos y árboles crecían bajo la humedad de tu lengua. El telón de fondo se estremeció con un recuerdo desagradable y comenzaste a plegarte. Metiste tu cuerpo en tu propia boca y te lo tragaste. Tu mano derecha se proyectó fuera y tocaste el ano de Dios con delicadeza…

—Basta de alegorías —dijo el Imbunche con suavidad—. Sólo dime qué debo hacer.

El niño y el viejo discutieron en voz baja. Una mujer que tenía sus orejas y pezones unidos por tensas cadenas comenzó a murmurar, mirándose la palma izquierda. Mientras, un segundo anciano se masturbaba y un niño orinaba sobre la boca del muerto. Otra mujer pidió comida y dijo:

—Mátalos a todos. Eso es lo que quieren. La carne de hombre es sabrosa. Vas a necesitar ayuda. La mujer ya viene. Suéltame y te diré algo cómico.

El Imbunche se le acercó.

—¿Dios quiere una guerra santa?

La mujer sonrió.

—No sé quién es Dios o qué quiere, y, por supuesto, tú tampoco. Pero de que esto va a arder no cabe duda. Ya estamos todos muertos, casi puedo oler los intestinos expuestos a las moscas.

—¿Entonces habrá enfrentamientos? —Sí.

—¿Entonces habrá una guerra? —Sí.

El Imbunche cerró los ojos, levantó los brazos y habló mirando a Rodrigo:

—Quémenlos.

Los guardias clavaron un largo estilete en la nuca de cada uno de los encadenados y los arrastraron fuera antes de que el Profeta volviera a abrir los ojos.

—Vienen tiempos de gloria, hijo mío —dijo, al tiempo que se sentaba en la roca y se tiraba un largo pedo.

—Ponme a la cabeza de la línea de combate, mi señor. Quiero ser el primero en besar las sandalias de Dios.

—Calma, mi Rodrigo. Antes convoca al Consejo Sindical. Debemos informarles que el día ha llegado. Entramos en estado de gracia: desde hoy somos guerreros sagrados. Dios nos proteja.

3 comentarios

  • ericz noviembre 27, 2020en12:52 pm

    Disparatado. Simple amontonamiento de palabras traídas de todos los géneros, de todas las tecnologías, reales e inventadas, y de diversas escuelas espirituales o esotéricas.

  • Palimp diciembre 4, 2020en9:48 am

    Totalmente de acuerdo, pero aún así me gustó

  • Leandro/Seikilos diciembre 28, 2020en8:13 pm

    Amigos, les dejo un saludo de fin de año, hace muchísimo tiempo que he desaparecido del éter, pero aún así los recuerdo con mucho aprecio.

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