Virgina Woolf. Al faro.

julio 14, 2012

Seix Barral, 1984. 252 páginas.
Tit. Or. To the Lighthouse. Trad. Antonio Marichalar.

Virgina Woolf, Al faro
El paso del tiempo

Soy un admirador de Virginia Woolf. A veces lees libros que te sacuden tanto que te dejan alelado; Las olas fue uno de ellos. Puse este libro en mi lista para una tertulia de Novelantes a la que no pude acudir, por desgracia.

La trama es de difícil resumen, pueden leerla en su entrada de la wikipedia: Al faro, pero una enumeración de los hechos no da una imagen de la novela, es más lo que no pasa que lo que pasa, y el énfasis está en la calidad estética de la escritura,

Lo primero que pensé cuando acabé el libro fue que si esto se había escrito en 1927, qué hacían tantos escritores de ahora haciendo el tonto. Porque si Virginia no fue tan experimental como Joyce, es innegable que le echa un pulso y está a la altura. Como en toda obra de la autora está la muerte planeando, hay una anticipAción de desgracias y una melancolía difícil de explicar porque los hechos que narran no deberían provocarla, pero ahí están.

No hace medio año que lo he leído y ganas me dan de releerlo. Muy recomendable. Pero como en esto de los gustos ya se sabe que hay opiniones, les dejo con el enlace de novelantes, dónde uno de los participantes tiene muchas críticas a la autora:Virginia Woolf. En mi opinión equivocadas, pero son libres de juzgar.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (317/365)

Descárgalo gratis:

Virginia Woolf – Al Faro – v1.0.pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Y, no obstante, se dijo, este cuadro acabará en una buhardilla; lo enrollarían para tirarlo debajo de algún sofá; pero era cierto, aun tratándose de una pintura como ésta. Incluso de este garabato; se podía decir, no de lo que representaba realmente, pero, por lo menos, de lo que intentaba representar, que «permanecería para siempre», quería añadir, o por lo menos sugerir, sin servirse del idioma hablado, pues le parecía demasiado jactancioso. Pero, mirando su cuadro, se sorprendió al no poder verlo. Sus ojos estaban anegados en un líquido caliente (al principio no pensó que se tratase de lágrimas) que, sin turbar la firmeza de sus labios, corrían por sus mejillas y enturbiaban la atmósfera. Se dominaba perfectamente —¡oh sí!— en todos los sentidos. ¿Estaba llorando acaso por mistress Ram-say, sin darse cuenta de su pena? Volvió a dirigirse al viejo Carmichael. ¿Qué sería? ¿Qué significaba? ¿Podían, acaso, las cosas extender sus manos y agarrarnos? ¿Podría cortar la hoja del cuchillo? ¿Podría el puño agarrar su objeto? ¿No podía uno tener seguridad? ¿No habría manera de aprender de memoria los usos del mundo? No existen ni guías, ni refugios, ¿será todo un milagro, un salto en el espacio desde la cúspide de una torre? ¿Es posible que sea esto la vida, incluso para la gente de edad? —¡tan desconcertante, inesperada, desconocida!—. Sintió un instante que, si ambos se levantaran, aquí en la pradera, para pedir una explicación de por qué la vida era tan corta e inexplicable y se formularan la pregunta con violencia, como pueden hacerlo dos seres humanos en plena posesión de sus facultades y a los que nada puede permanecer oculto, entonces: la belleza se enrollaría,[…]

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