Torgny Lindgren. Agua y otros cuentos.

septiembre 28, 2011

Nórdica libros, 2008. 210 páginas.
Tit. Or. Berättelserna. Trad. Marina Torres y Francisco J. Uriz.

Torgny Lindgren, Agua y otros cuentos
Ternura bajo hielo

A la única Lindgren que conocía era a Astrid Lingdren, la autora de Pipi Calzaslargas, pero Nórdica libros y Solo de libros me han descubierto a este autor, cuyos cuentos incluidos aquí son los siguientes:

Agua
El verdadero amor
Las palabras mayores
La hermosura de Merab
Rut y Signar
La patata de cinco dedos
Alfred Krummes
Lot y su esposa
El árbol
El apóstol Santiago
Freja Y Rungner
Los jugadores de poquer
DasLied von derEnde
Buda y la paloma
El pase atrás
Zorn
Selma y Verner
El entierro de Thomas Mann
La escalera

Cuya mejor baza es un lenguaje en apariencia desabrido, pero lleno de ternura y lirismo, como un gigante sueco que hablara con los ojos y las manos. Los dos primeros relatos Agua y El verdadero amor son los que más me han gustado -y emocionado- y, como me va pasando últimamente, me han opacado al resto.

Pese a que esta sensibilidad extraña me ha conmovido, y que está muy bien escrito, no todos los relatos me han parecido redondos, a veces me he encontrado sin saber qué es exactamente qué quería el autor decir. En cualquier caso, merece la pena leerlo.

Calificación: algunos muy buenos.

Un día, un libro (28/365)


Extracto:[-]

Y Vendía no decía nada, era como si no oyera, se había levantado la falda un poco por encima de las rodillas, de vez en cuando se tomaba un bombón.
Así que tú crees que Hitler puede interesarse por nosotros, dije yo. Para qué iba a querer apoderarse de Suecia.
Entonces él se quedó en silencio un rato pensando.
Pues ahí lo ves, dijo luego señalando el bosque y las montañas y el río Vindelálven.
Quién no iba a querer un país así, dijo.
Y claro que era verdad.
Ya te advertí al principio que iba a escribir una carta larga. Y ya lo ves.
Pero a nosotros no nos tocará, dije yo. Para qué iba a querer un sanatorio.
Y sobre eso Arne no dijo nada al principio. Huirá de nosotros como de la peste, dije yo. Pero entonces dijo Arne:
Nos matará como a todos los demás.
Y entonces me di cuenta de que verdaderamente daba pena. Pero qué iba a hacer yo.
Hitler nos matará, no va a hacer ninguna diferencia, dijo.
Tienes miedo, dije yo. Tienes miedo de verdad.
Sí, dijo él. Tengo un miedo horrible. Y lo peor es por las noches.
Y dijo que Vendía había dicho que a ella le pasaba igual, aunque ahora estaba sentada sin decir nada, ni siquiera estoy seguro de que oyera, no decía nada. Te acordarás de que a mí siempre me ha ido mal con las personas que tienen miedo. Las personas que tienen miedo me asustan.
De qué íbamos a tener miedo nosotros, dije. Si nosotros vivimos en el filo de una navaja. El filo de un cuchillo, dijo él.
Con esta enfermedad, dije yo. Estas vidas nuestras pueden cortarse de repente. En cualquier momento. Así que por qué habíamos de tener miedo.
Así que según tú si uno está tísico no tiene por qué temer a Hitler, dijo él.
Era difícil contestar a esa pregunta así que pensé un rato.
Primero se acostumbra uno al miedo, traté de decir. Se lo toma uno como se puede tomar el sabor de un agua que uno tiene que beber todos los días. Y luego uno se acostumbra a llamarlo miedo. Y entonces se transforma y se convierte en una especie de confianza.
Aunque eso no era exactamente lo que yo quería decir. Yo hubiera querido decirlo mucho mejor, sobre todo porque Vendía estaba escuchando. Se había echado de espaldas y tenía una pajita en la boca.
De modo que el miedo y la confianza resultarían entonces como una misma cosa, dijo Arne y se notaba que le parecía que me había metido en profundidades y que él me llevaba ventaja.
Si uno tiene miedo no hace más que estar buscando salvarse todo el tiempo, dije yo. Como el que va a ahogarse, como si no hubiera nada a lo que agarrarse más que a la salvación. Y no se tiene tiempo de agarrar la propia vida.
Y luego dije esto, esto que nunca debía haber dicho:
Yo celebro mis bodas con la vida cada día.
Esas fueron las palabras que Arne no soportó oír, eran demasiado fuertes para él, cayeron sobre él como un martillazo, empezó a toser y luego ya no nos dijo ni una palabra en todo el día.

2 comentarios

  • panta septiembre 28, 2011en10:35 pm

    Buenas.
    Compruebo que no te mencioné en el post, pero seguro que tienes una lista que aportar.

    Saludos

  • Palimp septiembre 30, 2011en2:31 pm

    Pues no sé yo…

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