Terry Pratchett. Ronda de noche.

noviembre 16, 2011

DeBols!llo, 2011. 396 páginas.
Tit. or. Night watch. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, Ronda de noche
Vuelta atrás

Me regalaron este libro por mi cumpleaños. De Pratchett, la guardia y con viajes en el tiempo. No podía pintar mejor. ¿Se cumplieron las expectativas? Baste decir que lo empecé a las 6 de la tarde y a las 9 de la mañana del día siguiente ya me lo había acabado. Vale que estaba de vacaciones, pero si esto no es engancharse a un libro, que venga dios y lo vea.

Sam Vimes está persiguiendo a un peligroso asesino por los tejados de la UNiversidad Invisible cuando una explosión de magia lo envía hacia atrás en el tiempo. Justo en el momento de una famosa revuelta que acabó en un baño de sangre, y a tiempo de enseñar a un recién incorporado a la guardia los mejores trucos de un policía viejo.

Un Sam Vimes en estado de gracia y por partida doble, un Lord Vetinari todavía joven, y dos encargos que cumplir -evitar un desastre y atrapar a un asesino- junto con la participación de los monjes del tiempo. Un cóctel que, pese a una ligera moralina, me pegaron al libro.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (77/365)

Extracto:
Y resultaba creíble hasta que uno le miraba fijamente a aquellos ojos sonrientes y descarados y veía, al fondo de todo, cómo los demonios le devolvían la mirada.
Pero no convenía pasarse demasiado tiempo mirando aquellos ojos, porque eso quería decir que entretanto los tuyos se habían apartado de sus manos, y para entonces una de ellas ya tenía un cuchillo.
Al policía medio le resultaba difícil tratar con aquella clase de gente. Los guardias suponían que cuando alguien se veía ampliamente superado en número, se rendiría o trataría de negociar o por lo menos dejaría de moverse. No se esperaban que hubiera alguien capaz de matar por un reloj de cinco dólares. (Un reloj de cien dólares ya era otra cosa. Al fin y al cabo, esto era Ankh-Morpork.)
—¿Estaba casado Fuerteenelbrazo? —preguntó. —No, señor. Vivía en Nuevos Remendones con sus padres. Padres, pensó Vimes. Peor todavía.
—¿Ha ido alguien a decírselo? —preguntó—. Y no me digas que ha ido Nobby. No queremos que se repita aquella estupidez de «te apuesto un dólar a que eres la viuda de Jackson». —He ido yo, señor. En cuanto hemos recibido la noticia. —Gracias. ¿Se lo han tomado mal? —Se lo han tomado… con solemnidad, señor. Vimes gimió. Se imaginaba sus expresiones. —Yo les escribiré la carta oficial —dijo, abriendo el cajón de su escritorio—. Busca a alguien que se la lleve, ¿quieres? Y que les diga que pasaré en persona más tarde. Tal vez no sea el momento de… —No, un momento, eran enanos, y a los enanos no les avergonzaba hablar de dinero—. Olvídalo… diles que tendremos preparados todos los detalles de su pensión y esas cosas. Y además, ha muerto estando de servicio. Bueno, casi. Eso es más dinero. Todo cuenta. —Hurgó en sus armarios—. ¿Dónde está su expediente?
—Aquí, señor —dijo Zanahoria, dándoselo con presteza—. Tenemos que estar en palacio a las diez, señor. Comité de la Guardia. Pero estoy seguro de que lo entenderán —añadió, al ver la cara de Vimes—. Voy a vaciar la taquilla de Fuerteenelbrazo, señor, y me imagino que los muchachos harán una colecta para comprar las flores y todo…
Después de que el capitán se fuera, Vimes se quedó pensativo delante de una página con membrete. Un expediente, tenía que consultar un maldito expediente. Pero últimamente había tantos guardias…
Una colecta para las flores. Y un ataúd. Hay que cuidar de los tuyos. Lo dijo el sargento Dickins, ya hace mucho tiempo…
No se le daban bien las palabras, y mucho menos las escritas, pero después de echar unos cuantos vistazos al expediente para refrescarse la memoria escribió lo mejor que se le ocurrió.
Y eran todo buenas palabras, y más o menos las correctas. Pero la verdad era que Fuerteenelbrazo no era más que un enano honrado que había cobrado por hacer de policía. Se había alistado porque en los tiempos que corrían apuntarse a la Guardia era una buena opción profesional. No pagaban mal, había una pensión decente, había un plan médico maravilloso si uno tenía agallas para someterse a los cuidados de Igor en el sótano y, después de un año más o menos, un agente formado en Ankh-Morpork podía marcharse de la ciudad y encontrar trabajo en las Guardias de las demás ciudades de la llanura con ascenso automático. Era el pan de cada día. Los llamaban los Sammies hasta en las ciudades donde nadie había oído hablar de Sam Vimes. Aquello lo enorgullecía un poquito. «Sammies» quería decir agentes de la Guardia que eran capaces de pensar sin mover los labios, qu e no aceptaban sobornos, o por lo menos no muchos, y solo si se trataba de cerveza y rosquillas, que hasta Vimes reconocía que eran la grasa que ayuda a que las ruedas giren suavemente; y eran, en general, hombres de confianza. Por lo menos para cierto valor de «confianza».

2 comentarios

  • Novedades literatura noviembre 17, 2011en10:41 pm

    Escuché nombrar varias veces a este autor, sin embargo, nunca vi un libro suyo en los anaqueles de las librerías porteñas. Me pregunto si se habrá editado en Argentina, pues parece sumamente interesante su obra.

  • Palimp noviembre 18, 2011en11:46 am

    Es raro… te contesto en privado.

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