Steve Redwood. ¿Quién necesita a Cleopatra?

marzo 20, 2013

Steve Redwood, ¿Quién necesita a Cleopatra?
AJEC, 2009. 250 páginas.
Tit. Or. Who needs Cleopatra? Trad. Elena Clemente.

Recomendación encontrada en la red, y que siendo de ciencia ficción me llamó la atención. Alguna reseña hay por la red: ¿Quién necesita a Cleopatra?

El inventor de una máquina del tiempo que es capaz de viajar al pasado recibe la visita de tres mujeres que dicen ser historiadoras pero que tienen un aspecto sospechosamente amenazador. Sus preguntas servirán de excusa para narrar una serie de viajes al pasado que el protagonista realizó con el patoso pero aparentemente famoso Bertie, unas aventuras disparatadas y divertidas.

El autor empezó, por lo que he leído por ahí, con una parodia del He aquí el hombre (Ecce Homo 🙂 ), de Michael Moorcock , y luego fue montando la trama y el resto de historias. El resultado es desigual, a veces con un humor de sal muy grueso pero que debo confesar que me arrancó más de una carcajada. Está bien leer historias de ciencia ficción en las que salgan genitales y que parezcan chistes verdes.

Aunque sólo sea por probar recomiendo su lectura. Además se explican, entre otras cosas, el misterio de la sonrisa de la Mona Lisa y del asesinato de Rasputín.

Calificación: Soez a ratos, divertido siempre.

Extracto:
La chica tenía agarrado un puñado de dátiles, uvas, aceitunas y berenjenas.
A pesar de su decaído semblante, Caín no estaba haciéndole daño de verdad, y aunque ella se estaba revolviendo y tratando de escapar, yo tenía la extraña impresión de que en realidad no estaba asustada en absoluto.
Entonces nos vio.
En un brevísimo instante, todos nos dimos cuenta de por qué las tumescencias púbicas de Caín permanecían sin ser atendidas.
A ver, yo no soy quién para criticar a Dios. Con todo un universo para crear y dirigir, más una rebelión infernal en el cielo, uno no podía esperar que recordase cada pequeño detalle. Pero teniendo en cuenta que toda la raza humana (en aquel momento) dependía de un pequeño revolcón, uno esperaría que se asegurase de que la esposa de Caín tuviese las inclinaciones apropiadas.
Esa picaruela, en el momento que vio las piernas de Winnie, una potente combinación de seda y terciopelo, con un toque de piel de conejito, se escabulló de las manos de Caín, salió corriendo hacia ella, y había puesto la mano en sus bragas más rápido que la respuesta de un político corrupto. Winnie estaba tan sorprendida que casi no reaccionó, y tuvo que ser mi querida Mabel la que resolviera esta chocante escena.
—¡Saca de ahí esos lujuriosos dedos! —ordenó, saltando hacia delante y pegándole a la chica un rápido bofetón. Mabel venía de tan buena familia.
La chica la miró y durante un instante pareció que iba a devolverle el cachete, pero salió corriendo y desapareció tras la duna más cercana en apenas unos segundos.
Caín había presenciado todo esto con la boca abierta, y expresó su sorpresa de la siguiente UR-forma.
—¿Pero qué cono?
Intentamos explicarle que a veces las mujeres prefieren a otras mujeres, pero no estaba lo bastante civilizado como para captar el concepto.
—¿Entonces para qué cono es esto, eh? —gritó, escandalizado, mientras sacudía su miembro contra una roca cercana y aplastaba con ella a un lagarto soñoliento.
Nos dimos cuenta de que no le llevaría mucho tiempo contestar esta altamente retórica pregunta, así que rápidamente convoqué al Módulo de Movilidad Espacial (el mecanismo de control remoto demostró de nuevo su utilidad). Mientras se ocupaba de quitar de su virilidad la piel que el lagarto había soltado prontamente, aprovechamos la oportunidad para escabullimos mientras pudimos.

Una vez que estábamos a una distancia segura guié el módulo hasta el suelo para un consejo de guerra improvisado.
—No es seguro quedarse aquí ya —dije yo—. Si a Caín se le mete en la cabeza agarraros…
— ¿…pues usamos una de éstas? —dijo Winnie, señalando las dos pistolas láser que estaban junto a la consola.
—¡Ni las toques! Son sólo para las emergencias más graves. ¡Si hacemos daño a Caín, podríamos destruir el futuro de la raza humana!
—¿O sea, que vamos a dejar a esa pobre chiquilla a su merced? ¿Otra mujer indefensa utilizada y abusada por otro macho brutal?
—¡Sí, tenemos que pararle! —dijo Bertie, cuya sangre todavía le hervía. Además quería quedar bien con Winnie, sin duda.
—¡No podemos! —dije— ¡No podemos regresar así como así, y alterar la historia como si tal cosa! La Biblia dice: «Caín conoció a su esposa; y ella concibió».
Bueno, discutimos y discutimos, pero al final llegaron a aceptar mi punto de vista. Sencillamente no podíamos interferir aquí sin arriesgarnos a sufrir tremendas consecuencias.
—Además —dije— habéis visto con vuestros propios ojos que la chica realmente no tenía miedo de Caín. Puede que, con el tiempo, se encariñe con él y descubra sus buenas cualidades.
Tengo que agradecérselo a Mabel y a Winnie: no hicieron la pregunta más obvia.
Nos estábamos preparando para Volver a nuestro tiempo cuando Winnie hizo un comentario de lo más inquietante.
—¿Os dais cuenta —dijo, con lentitud— de que puede que ya hayamos cambiado la historia?
—¿Qué quieres decir?
—La mujer de Caín es claramente lesbiana, ¿non é certo?
-¿Y?
—Pero es que antes no lo sabía.
—¿Eh?
—Todo lo que sabía es que no le gustaba Caín. No sabía que le gustaban las mujeres. ¡Porque nunca había visto una mujer antes! Caín ha dicho que la habían soltado frente a su tienda la semana pasada. Como no era una de sus hermanas, eso quiere decir que Dios la creó especialmente para él. ¡Así que no había visto a ninguna otra mujer!

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