Stefan Zweig. Mendel el de los libros.

junio 30, 2014

Stefan Zweig, Mendel el de los libros
Acantilado, 2009. 60 páginas.
Tit. or. Buchmendel. Trad. Berta Vias.

Libro tan breve que no sé si colocarlo dentro de la categoría de novela o cuento. Tiene su propia entrada en la wikipedia (y lo merece): Mendel, el de los libros.

Un vendedor de libros tiene su oficina en un café vienés. Su erudición y conocimiento del mundo bibliográfico es muy apreciado y se le tiene en gran estima. Pero cuando empieza la primera guerra mundial él, indiferente a cualquier cosa que no sean sus libros, es incapaz de darse cuenta de los cambios a su alrededor y es acusado de colaborar con los gobiernos enemigos en base a su correspondencia con otros libreros.

Stefan Zweig consigue, en tan pocas páginas, tratar muchos temas: el retrato de alguien obsesionado con los libros, los cambios que las grandes transformaciones históricas provocan en la gente corriente, la crónica de una destrucción personal, el amor a los libros… No suelo poner el final, pero por su belleza y porque está repetido en muchos sitios, aquí lo tienen:

Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido

Conmovedor. Otras reseñas: Mendel el de los libros. Stefan Zweig , Mendel el de los libros, Stefan Zweig y Wakefield y Mendel el de los libros . Aunque seguramente es más rápido leerse el libro directamente.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
Pues así como un niño cae en el sueño y se olvida del mundo por medio de ese rítmico vaivén hipnotizador, también el espíritu, en opinión de aquellos devotos, se sume de manera más fácil en la gracia de la abstracción gracias a ese oscilar y columpiarse del cuerpo ocioso. Y en efecto, Jakob Mendel no veía ni oía nada de lo que ocurría a su alrededor. Junto a él alborotaban y vociferaban los jugadores de billar, corrían los marcadores, repiqueteaba el teléfono. Barrían el suelo, encendían la estufa… Él no se enteraba de nada. En una ocasión, un carbón al rojo vivo cayó fuera de la estufa; y ya olía a chamuscado y humeaba el parqué a dos pasos de él, cuando, alertado por el tufo infernal, uno de los parroquianos se dio cuenta del peligro y a toda velocidad se abalanzó para extinguir la humareda. Pero él, Jakob Mendel, a tan sólo dos pulgadas de distancia y ya tiznado por el humo, no había notado nada, pues leía como otros rezan, como juegan los jugadores, tal y como los borrachos, aturdidos, se quedan con la mirada perdida en el vacío. Leía con un ensimismamiento
tan impresionante que desde entonces cualquier otra persona a la que yo haya visto leyendo me ha parecido siempre un profano. En Jakob Mendel, aquel pequeño librero de viejo de Galitzia, contemplé por primera vez, siendo joven, el vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica felicidad y desgracia de la obsesión completa.

2 comentarios

  • Nacho julio 1, 2014en11:01 am

    Zweig es un novelista de primera, y además tiene novelas cortas o cuentos largos geniales, como «Novela de ajedrez» o «¿Fue él?». No conocía esta que comentas, así que me la apunto.

  • Magda julio 2, 2014en4:37 pm

    Yo vi esta nouvelle con mis estudiantes, es hermosa.

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