Raquel Lanseros y Ana Merino. Poesía soy yo.

junio 25, 2019

Raquel Lanseros y Ana Merino, Poesía soy yo
Visor, 2016. 980 páginas.

Excelente recopilación de 82 autoras nacidas entre 1886 y 1960, utilizando como criterio poetas que hayan realizado su obra en el siglo XX. Cada autora tiene una pequeña entrada biográfica, una lista de los libros publicados, y una selección de poemas.

Dejando de lado la labor editorial, sobre la que no puedo opinar demasiado, el libro me ha dejado con la boca abierta. Poesía en cantidad y calidad de autoras que en muchos casos desconocía y que me han gustado muchísimo. He apuntado bastantes nombres.

Uno se pregunta ¿Hacía falta que pasara tanto tiempo para tener libros como éste? Y no dejas de pensar que la mujer sigue siendo invisible en muchos ámbitos. Comentarios al libro y a la polémica de que Visor publique este libro aquí: Poesía soy yo: una recopilación de poetisas hispanas. No es un homenaje, como se lee en muchos sitios. Es una antología necesaria. Dejo abundantes muestras de la poesía.

Muy recomendable.


ES EN VANO
Para Eugenio Montes, piloto ultraísta
Detrás de nosotros
dejamos un rastro de cadáveres.
A cuántos los quisiéramos resucitar
y darles su sol y su cantar y su sonrisa
Nada hay que pueda ponerlos en pie
De algunos nos hemos traído el perfume
pero ellos van en sus cajas negras
río abajo.
(Revista Grecia n. XLV, Julio 1920)

CUANDO TE SUEÑO
Cuando te sueño
eres joven.
¿Qué le sucede
a mis sueños?
¿Es que mi vida
no quiere
saber que ha pasado
el tiempo…?
(De Entre el soñar y el vivir, 1981)

ÁNGELA FIGUERA AYMERICH
(Bilbao, España, 1902 – Madrid, España, 1984)
Era la hija mayor de una familia numerosa. Comienza sus estudios de Filosofía y Letras en Valladolid y los finaliza en Madrid cuando se traslada allí con su familia en 1930. En 1932 se casa con Julio Figueroa y es destinada al Instituto de Huelva. En 1933 obtendrá una plaza como catedrática de instituto. Su primer hijo muere al nacer en 1935. Tras el golpe militar contra la República su marido se alista con las milicias republicanas. Su segundo hijo nace durante la Guerra Civil. Por sus afinidades con la República, pierde el trabajo y el título universitario. Vuelve a Madrid y desde 1952 trabajará en la Biblioteca Nacional. Junto con Blas de Otero y Gabriel Celaya forma parte del llamado Triunvirato Vasco de la poesía de post-guerra. Con el libro Belleza cruelganó el Premio de Poesía Nueva España, impulsado por la Unión de Intelectuales en el exilio, y León Felipe le hace un prólogo. Escribió también poesía infantil: Cuentos tontos para niños listos (1979) y Canciones para todo el año (1984).

(RECUERDO DE ANTONIO MACHADO)
Hay un sabor a playa
que ronda por las calles
y los que no han dormido
sacuden de sus frentes
el olor del insomnio.

El trenecillo eléctrico
ha traído un puñado
de poemas recientes
y un trozo de paisaje
como tiernos obsequios.

¿Para qué las palabras?
Para vivir con ellas
y olvidar un momento
la muerte que nos busca.
(De Primer exilio, 1978)

Y REPASO MI VIDA Y HALLO MUERTES
Y repaso mi vida y hallo muertes,
separaciones dulces tras encuentros
fugaces, prolongados, suaves, lentos.

Como nubes, así, en el paisaje,
o volanderas sobras, quizá sueños.
Como aves de paso por el cielo.

Hacia dentro, a la vida… Hondas aguas,
altos mares oscuros, van por dentro.
Pocos puertos me esperan como término.

Pasa el mundo, cambiante, con sus luces.
Pasa el aire y la vida. Pasa el tiempo.
Sólo tumbas me quedan tras el viento.

(De Debajo de la luz, 1959)

ES MI ÚNICA PATRIA LA PALABRA

Es mi única patria la palabra.
Esta palabra viva que derramo
azul y roja, gris, o negra y blanca,
ayer y hoy, mañana, tantos años.

Es mi única patria la palabra.
Es el único pan que como a diario.
¡Corteza dura masco, miga blanda,
dorado candeal que besa el labio!

La vierto por los ojos, por la cara.
Del hondo corazón le nace el llanto.
Las sílabas rezuman toda el alma,
el poso de silencios acuñados.

Y, flor, sustento, luz, piedad, el agua,
vivo, respiro, bebo, pronunciando
quedos versos y prosa castellana,
«buenos días» al aire tan callado.
(De Corral de vivos y muertos, 196:

IDEA VILARIÑO
(Montevideo, Uruguay, 1920 – Montevideo, Uruguay, 2009)
Dirigió con Ángel Rama, Ida Vitale y Manuel Claps la revista Clinamen. Con el mencionado Claps y Emir Rodríguez Monegal la revista Número. Colaboró en los semanarios Marcha y Brecha. Entre 1952 y 1974 impartió clases de literatura de enseñanza secundaria en Montevideo. A partir de 1985 impartirá clases en la Facultad de Humanidades. Tuvo una relación amorosa con Juan Carlos Onetti que marcó su imaginario poético. En 1966 le conceden el Premio Nacional de Literatura que no aceptó. Traduce al español obras teatrales de Shakepeare, por las que ganará el premio Florencio. Ganó el premio Bartolomé Hidalgo de ensayo. No le gustaba promocionar su propia obra y durante años fue muy hermética, hasta que en 1997 Rosario Peyrou y Pablo Rocca la convencieron para grabar las entrevistas recogidas en el vídeo «Idea» estrenado en 1998. Fue compositora y reputada estudiosa de las letras de tango, autora de canciones que adquirieron gran popularidad. Se le concedió el premio Konex Mercosur de las letras en 2004.
PIEL sobre piel está el amor naciendo,
como trigo sembrado que inaugura
en otoño los campos y madura,
hermoso y candeal, oros luciendo.

Bajo tu sombra, amor, estoy creciendo
con la lluvia en que alienta tu ternura
y que me deja, limpias de amargura,
las horas que contigo estoy viviendo.

Yo no sé lo que tiene de divino
este sentirte pleno de tibieza.
Cuando a mi soledad vienes vencido

y tus manos encuentran el camino
de abrirme el corazón a la belleza
tengo que reposarlo en ti, rendido.
(De Sonetos del alba, 1991)

la rosa
tiene
vértigo
de la quietud:
el lento
trabajo
de morir

La sangre

YO me siento la sangre. ¿No la sentís vosotros?
Sangre de la mujer, cáliz abierto.

Yo me siento la sangre. Ella me nutre.
Me llena, me dibuja, me sostiene.

Callada sinfonía de mis pulsos.
Verso rimado en rojo por mis venas.
Vuelo encerrado en íntimas volutas.
Río escondido de infinitas ramas
fertilizando mi sensible barro.

Yo la siento correr. Flujo y reflujo
bate las hondas playas de mi pecho,
sube por mi garganta estremecida,
moja mis labios con sabor espeso
de miel caliente. Grita
y enciende la codicia de mis ojos.

Mi sangre, zumo denso circulando
por todos mis poemas. Limpia savia
irguiéndose en la regia primavera
del hijo conseguido.

Amo mi sangre. Cuando yo me muera
no la dejéis cuajarse como hielo
hecho con agua sucia.
No la dejéis secarse en polvo oscuro.
Descomponerse en jugos malolientes.
Cuando yo muera, abridme, desatadme
las frágiles esclusas de las venas.
Verted mi sangre toda. Derramadla—.
Absórbala la tierra como suya
y el agua deslizante de algún río
unte con ella el lomo de sus peces.

LO CONFIESO
Es triste, y porque es triste, lo confieso;
aquí estoy yo y vengo voceando,
buceando, mejor, en la niebla;
ahorcándome la voz entre los álamos.

Ganándome el sudor con este pan,
ganándome la vida con las manos,
ganándome el dolor con el placer,
ganándome la envidia con el salmo.

Ganándome la muerte con la vida,
voy consiguiendo todo sin el llanto,
que soy la mujer fuerte que se viste
y medita mirando el calendario.

Es triste, y porque es triste, lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo
verás que sale luz de tu costado.

Si muriera esta noche…
Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

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poema de Idea Vilariño

Quisiera estar en casa
entre mis libros
mi aire mis paredes mis ventanas
mis alfombras raídas
mis cortinas caducas
comer en la mesita de bronce
oír mi radio
dormir entre mis sábanas.
Quisiera estar dormida entre la tierra
no dormida
estar muerta y sin palabras
no estar muerta
no estar
eso quisiera
más que llegar a casa
Mas que llegar a casa
y ver mi lámpara
y mi cama y mi silla y mi ropero
con olor a mi ropa
y dormir bajo el peso conocido
de mis viejas frazadas.
Más que llegar a casa un día de estos
y dormir en mi cama.

Destino
Sólo sombras me dieron.
Con semilla de sombra fecundaron el vientre,
la cárcava sumisa
donde tuve mi origen de sombra.

Me arroparon con sombra. Me dieron
pan de sombra amasado
por manos de sombra y condena.

Fui creciendo anegada de sombra,
ahogándome en mares de sombra,
pisando caminos de tedio y de sombra,
llevando en los labios
una dura señal de sombra y de silencio.

A mi voz opusieron densas sombras, cegando
la plural hermosura que a mi boca afluía.
Largo trago de sombra acudió a mi garganta,
a mi sed insaciable.

Con pedradas de sombra derribaron mis manos,
abatieron mis ramos celestes.
Un látigo de sombra golpeó mi alegría,
dejó el aire vacío de rosas,
apagó las estrellas, el beso, la sangre.

Con un lienzo de sombra envolvieron la clara,
rebelde sonrisa.
Me poblaron de sombra la frente y los párpados.
Una llave de sombra cerró para siempre
las puertas del alba.

Y con muros de sombra me hicieron la casa.
Y amueblaron de sombra y de espanto
la alcoba nupcial,
asediando mi cuerpo,
cercando de sombra furiosa mi vientre.

Y vinieron, cubiertos de sombra,
mis hijos.

(Angelina Gatell)
‘Siempre habrá alguna bota’, de Idea Vilariño

Siempre habrá alguna bota sobre el sueño
efímero del hombre
una bota de fuerza y sin razón
pronta a golpear
dispuesta a ensangrentarse.
Cada vez que los hombres se incorporan
cada vez que reclaman lo que es suyo
o que buscan ser hombres solamente
cada vez que la hora de la verdad la hora
de la justicia suenan
la bota rompe ensucia aplasta
deshace la esperanza la ilusión
de simple dicha humana para todos
porque tiene otros fines como Dios
como dicen los curas que su dios
tiene otros altos fines misteriosos
otros planes en que entran Hiroshima
España Argelia Hungría y todo el resto
en que entran la injusticia la opresión
el abandono el hambre el frío el miedo
la explotación la muerte
todo el horror todo el dolor del hombre.
Va cambiando de pies según el oro
según la fuerza y el poder se mudan
pero siempre habrá alguna
a veces más de una
pisoteando los sueños de los hombres.

“Amar a un conejo” de Ida Vitale

Te dieron un conejo.
Te dejaron amarlo
sin haberte explicado
que es inútil amar
lo que te ignora.

Los hongos nacen en silencio…
Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.

Asumamos la actitud de virgenes
Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.
Forniquemos mentalmente,
suave, muy suave,
con la piel de algún fantasma.
Sonriamos
femeninas
inocentes.
Y a la noche clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.

FIDELIDAD
A los veinte años, en Montevideo, escuchaba a Mina
cantando Margherita de Cocciante
en la pantalla blanca y negra de la Rai
junto a la mujer que amaba
y me emocionaba
A los cuarenta años escuchaba a Mina
cantando Margherita de Cocciante
en el reproductor de cassettes
junto a la mujer que amaba,
en Estocolmo,
y me emocionaba
A los sesenta años, escucho a Mina
cantando Margherita de Cocciante
en Youtube, junto a la mujer a la que amo,
ciudad de Barcelona
y me emociono
Luego dicen que no soy una persona fiel.

Conversación en un baño
Por costumbre
se acuesta en la cama
a esperar a su marido
que llega siempre tarde
da las buenas noches
bosteza
Ella se va al baño
aplaca la furia
con su mano maestra
recostada en la toalla
cuando él entra y pregunta:
«¿Qué haces aquí?»
«Nada», responde.

Sólo veía una carretera polvorienta de Yolanda Pantin
“como el calor me sofocaba dije basta
y me senté de cara a la ventana
para refrescar mi cabeza que tiritaba
al igual que una onza de gelatina
Con el hilo del sudor
hice un collar
para apretarme el cuello
además
las noches eran tristes
y rojas
tanto
que me dediqué a soñar con lo ojos abiertos
Sólo veía una carretera polvorienta
Eran noches nostálgicas
Te dije ahógame
y como no había cuerda
y el hilo en el cuello era invisible
juraste amor eterno
me hiciste una escena de celos
Luego lloramos en voz baja
para no despertar a los niños”

usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras del río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
no meta la mano tan adentro
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida

y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río

Me han elegido para entrar en la muerte de una niña.
La ambulancia transcurre por la carretera con su memoria de meteorito. De Madrid a Gerona nos ganará la noche.
Yo controlo los brazos de la enferma desnuda y reviso el pliegue cabalístico y frágil de su garganta afónica.
El suero cae buscando la vena azul de su radiografía.
Brilla el oxigeno sobre mis guantes blancos y dibuja inscripciones en mi nariz poética.
El misterioso conductor nos mira desde el poniente imán de su espejo difuso.
Los coches que cruzamos van vivos de miradas poderosas.
Se agradece la marcha vigilante que, de pronto, sobre el cristal central,
la nieve nos choca como un sueño.
Yo comienzo a temblar porque mi enferma me ha hecho una caricia sobrehumana.
Sus ojos de dolor de cuatro años están terriblemente abiertos y distintos.
Tengo su mano agonizante y fría sobre mi muslo tenso y absoluto.
Me pide a su mamá, su voz de agua: agua, agua.
Dieta absoluta son ya las lejanas órdenes del médico.
Agua y amor me pide la que muere.
De una bolsa de suero glucosado le doy a la privada criatura un sorbo,
un sorbo lento.
Traga,
traga,
mi amor,
mi amor,
mientras me acuesto a su lado
besándonos, me muere.
La ambulancia prosigue su camino hacia un lugar que no existe en el mundo.
La madre esperará cien noches, aterrada, en la terraza.

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