P.G. Wodehouse. ¡Muy bien, Jeeves!

noviembre 18, 2013

PG Wodehouse, Muy bien, Jeeves!

Después de mi primera experiencia con Wodehouse (Dieciocho agujeros encontré este libro de saldo; una buena oportunidad de acercarme a su personaje más carismático.

El libro es una colección de relatos que siguen un esquema parecido. El protagonista es un aristócrata algo tontorrón, Wooster y su mayordomo Jeeves. El primero se va metiendo en diversos enredos y el segundo, imperturbable y con un mínimo de acciones y palabras, le va sacando de apuros.

Me ha arrancado varias sonrisa y alguna carcajada. Lectura amena y entretenida, con retratos de personajes bastante mordaces. Me ha gustado, aunque no tanto como a la legión de admiradores que he encontrado por internet (una buena reseña aquí: Muy bien, Jeeves).

Mi cuento preferido ‘Jeeves y la antigua compañera de colegio’, donde va un poco más allá de arrancar una sonrisa. Para pasar un buen rato sin complicaciones.

Calificación: bueno

—Vi a Robería Wickham el otro día. Después de charlar me invitó a que la acompañase con un grupo de amigos que van este verano a Antibes. —¿Es posible, señor?
Y pareció definitivamente torvo. Jeeves no había aprobado nunca a Bobbie Wickham. La juzgaba una amenaza para la comunidad y creía que cualquier asociación con ella llevaba inevitablemente a la hecatombe.
Debo decir que hasta cierto punto los hechos le daban la razón. Quizá recuerden ustedes lo que les he contado sobre la intervención de Bobbie en el caso del perro Mclntosh y en el siniestro asunto de la botella de agua caliente.
Hubo lo que puede llamarse un silencio tenso. Pero yo estaba resuelto a dar una idea de lo que es la determinación de Bertram Wooster. Porque esto conviene de cuando en cuando. Hay veces en que Jeeves se sube demasiado a la parra. Por el hecho de haberme ayudado en una o dos si-tuacioncillas apuradas, parece considerar a su joven señor como una especie de niño idiota al que hay que llevar con andadores, y ello me molesta.

En el otoño del año en que Tarta de Yorkshire ganó el premio de Manchester, en noviembre, la fortuna de mi antiguo compañero Ricardo (alias «Bingo») Little parecía haber alcanzado su… ¿Qué palabra es la que busco? Estaba, según todas las apariencias, en la gloria. Comía bien, dormía bien, era feliz con su esposa y, habiendo su tío Wilberforce estirado la pata al fin, en medio del respeto de todos, Bingo había entrado en posesión de una gran renta y una magnífica posesión campestre, a unas treinta millas de Norwich. Yo aterricé allí para una breve visita, y obtuve la conclusión de que si había algún pájaro sentado encima del mundo, ese pájaro era Bingo. —Procura llegar a tiempo para las carreras de Laken-ham —me exhortó Bingo.
Y se sirvió un segundo plato de jamón y salchichas. Había sido siempre un buen gastrónomo y el aire del campo parecía haber mejorado su apetito.
—Iremos en coche, con una buena cesta de merienda y las botellas correspondientes —añadió. Iba yo a contestar que aceptaba con gusto, cuando la señora Bingo, que estaba abriendo cartas tras la cafetera, exhaló un gritito de contento. —¡Ay, corderito mío! —exclamó.
La señora Bingo, si ustedes recuerdan, fue antes de casarse la célebre escritora Rosa M. Banks, y de tan lúgubre modo suele dirigirse a su cara mitad cuando le habla. Presumo que tomó esa triste costumbre de la época en que escribía para las masas.
A Bingo no parece importarle. Supongo que, teniendo en cuenta que su mujercita es autora de obras tan extraordinarias como Mervyn Keene, Clubman y Solamente una obrerita, mi amigo da todavía gracias al cielo de que no le llame alguna cosa peor.

Un comentario

  • Cities: Walking noviembre 19, 2013en10:37 am

    Leí a Wodehouse y su serie dedicada a Jeeves hace años. Le guardo muy buen recuerdo, tanto que no sé si me atrevería a reelerlo.

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