Nueva Dimensión 46.

enero 23, 2008

Editorial Dronte, 1973. 130 páginas.

Nueva Dimension 46
La corriente del tiempo

Este número es una traducción de ADVENTURES IN TIME AND SPACE, 1954 de Raymond J. Healy Y J. Francis McComas y como su nombre indica trata sobre todo de viajes en el tiempo. La propia Nueva dimensión haría una compilación parecida e incluiría uno de los cuentos que aquí aparecen. Aquí tienen la lista (enlace en dreamers):

Alfred E. van Vogt. Negra Amenaza (Black Destroyer, 1939)

Una expedición llega a un planeta en ruinas habitado sólo por un extraño ser parecido a un gato. Desde el punto de vista del extraterrestre, hambriento de potasio, la expedición aparece como una oportunidad única de sobrevivir.

Lewis Padgett. Armario Temporal (Time Locker, 1943)

Padgett es el pseudónimo de Kutnerr y Moore, que entre otras escribieron las aventuras de un extraño inventor que cuando estaba borracho era un genio pero cuando estaba sobrio era incapaz de saber que es lo que había inventado. En este caso el artefacto es un extraño armario en el que al meter cosas se empequeñecen y distorsionan.

Maurico A. Hugi (Eric Frank Russell). Ratones Mecánicos (Mechanical Mice, 1941)

El inventor de una eficaz batería ha inventado otra máquina de la que desconoce su función, pero que parece generar unos ratones mecánicos bastante sospechosos.

P. Schuyler Miller. Nunca Existieron (As Never Was, 1944)

Si se pudiera viajar en el tiempo sería una revolución para la arqueología. Pero el origen de algunos de los objetos encontrados puede estar envuelto en un misterio imposible de desentrañar.

Ross Rocklynne. Silencio (Quietus, 1940)

A una tierra devastada llega una expedición extraterrestre que encontrará a los últimos supervivientes de nuestra especie. Pero los intentos de ponerse en contacto con ellos puede que no resulten como esperaban.

Robert Moore Williams. El Regreso del Robot (Robots Return, 1938)

Otro futuro post apocalíptico y otra vista, en este caso de una expedición de robots que buscan los restos de su civilización original.

Quedaron fuera de la compilación original los relatos Requiem de Heinlein y Farewell to the master de Bates. No hay páginas verdes y el editorial se excusa de los ataques de que publican mucha SF antigua.

Es una compilación de hace más de cincuenta años -mucho en este género- pero ha aguantado con bastante dignidad. El mejor, sin duda, es Armario temporal que apareció en la Biblioteca básica de ciencia ficción, número 3 (enlace en dreamers).

Escuchando: Four Women. Dee Dee Bridgewater.


Extracto:[-]

Galloway tocaba de oído, lo que podría haber estado bien si hubiera sido músico… pero era un científico. Un científico borracho y errático, pero bueno/ Había deseado ser un técnico experimentador, y hubiera resultado excelente en esa tarea, pues, a veces, tenía un destello de genio. Desafortunadamente, no había tenido dinero para una tal educación especializada, y ahora Galloway, que profesionalmente era supervisor de máquinas inte-gradoras, mantenía su laboratorio simplemente como hobby. Era el laboratorio de aspecto más extraño en seis estados. Galloway había pasado diez meses construyendo lo que él llamaba un órgano de licor, que ocupaba la mayor parte del espacio disponible. Podía reclinarse en un sillón confortablemente tapizado y, manipulando botones, verter bebidas en maravillosa cantidad, calidad y variedad hacia su encallecida garganta. Dado que había fabricado el órgano de licor durante un largo período de borrachera, no lograba recordar los principios básicos de su construcción. En cierta manera, esto era una verdadera pena.

Había un poco de todo en el laboratorio y, en mayor parte, eran cosas incongruentes. Los reostatos estaban ataviados con pequeñas falditas, como bailarinas de ballet, y tenían caras sonrientes hechas con arcilla. Un generador llevaba el nombre de «Monstruo», y otro, mucho más pequeño, ostentaba el de «Burbujas». Dentro de una retorta se veía un conejo de porcelana, y sólo Galloway sabía cómo había logrado meterlo allí. Justo junto a la puerta había un monstruoso perro de hierro, originalmente pensado para los jardines Victorianos, o quizá para el infierno, y sus orejas, ahuecadas, servían como soportes para tubos de ensayo.

—Pero, ¿cómo lo haces? —preguntó Vanning.

Galloway, con su enjuta figura reclinada bajo el órgano de licor, lanzó un martini doble hacia el interior de su boca.

—¿Eh?

—Ya me has oído. Podría conseguirte un excelente trabajo si usases ese loco cerebro tuyo. O, al menos, aprendieses a hacer ver que lo utilizabas.

—Lo intenté —murmuró Galloway—. No sirve. No puedo trabajar cuando me concentro, excepto en cosas mecánicas. Creo que es mi subconsciente el que debe de tener un alto C.I.

2 comentarios

  • Gonzalo Barr enero 23, 2008en6:12 pm

    Esto me remonta a mi niñez – Arthur C. Clarke, “Childhood’s End,” Bradbury, “Fahrenheit 451,” “Martian Chronicles,” “Twice 22″ y tantos otros, A.E. Van Vogt, “The World of Ā,” Orwell, Huxley, y Asimov, “Fantastic Voyage,” la cual leí principalmente porque ví a Raquel Welch en la versión fílmica. Ah, y ví la película más de una vez. Muy buena actuación de parte de ella…

  • Palimp enero 23, 2008en7:42 pm

    Una pregunta ¿Sólo a la niñez? Y otra ¿Te puedes creer que nunca he visto ‘Fantastic Voyage’? Debe ser porque no sabía que salía Raquel Welch.

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