Neil Gaiman. El libro del cementerio.

enero 8, 2012

Roca Editorial de libros, 2011. 256 páginas.
Tit. Or. The graveyard book. Trad. Mónica Faerna.
Neil Gaiman, El libro del cementerio
Venganza

El placer culpable de leer un libro juvenil proviene de poder disfrutar de una buena historia sin tener que mirar con los ojos cínicos de la tradición literaria. Que nos la cuenten bien y que nos interese es suficiente.

Un bebé escapa de milagro al asesinato de toda su familia y se refugia en un cementerio. Allí le dan carta de ciudadanía honorífica y con la protección de los espíritus y de un vampiro crecerá sin salir nunca porque el peligro sigue acechando tras los muros del camposanto.

La idea de un niño adoptado por los espíritus que habitan un cementerio es curiosa y original, y aunque la trama principal de persecución tenga un final un tanto apresurado se lee con mucho gusto. Me lo regalé para navidades y me lo leí en un día.

Aquí me lo recomendaron: Neil Gaiman. El libro del cementerio. y agradezco la recomendación.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (130/365)

Extracto:
Nad se alegraba de haber ido a pedirle consejo al Poeta. «De hecho, —pensó—, ¿quién podría ofrecer mejores consejos que un poeta?» Lo que le recordó…
—Señor Trot —dijo Nad—, hábleme de la venganza.
—La venganza es un plato que se sirve frío —sentenció Nehemiah Trot—. Jamás la lleves a cabo en caliente; espera el momento propicio. Recuerdo a un poetastro de aquellos que malvivían en Grub Street, se llamaba O’Leary (irlandés, por más señas), que tuvo el valor, la desfachatez, de escribir una reseña de mi primer poemario, Florilegio lírico para caballeros con clase, afirmando que se trataba de un vulgar compendio de ripios sin interés alguno y que el papel en el que había sido escrito habría sido mejor empleado en… No, no puedo repetirlo. Digamos sencillamente que terminaba la frase de manera harto vulgar.
—Pero ¿se vengó usted de él? —le preguntó Nad.
—¡Oh, claro que me vengué, de él y de todos los de su misma ralea! Oh, sí, joven Owens, y fue una venganza terrible. Escribí una epístola que clavé en las puertas de todos los pubs de Londres que solían frecuentar aquellos ganapanes. En ella explicaba que, dada la fragilidad del genio poético, había decidido no volver a publicar un solo verso mientras viviera. Y dejé instrucciones de que, a mi muerte, me enterraran con todos mis poemas, inéditos, para que únicamente cuando la posteridad reconociera mi genio y la irreparable pérdida que esto suponía, sólo entonces, pudieran ser rescatados de mi gélida mano y publicados para el deleite de todos. Es algo verdaderamente atroz adelantarse a los tiempos que a uno le ha tocado vivir.
—Y, después de muerto, ¿lo desenterraron y publicaron sus poemas?
—Todavía no. Pero aún hay tiempo de sobra. La posteridad es vasta.
—Y, entonces… ¿ésa fue toda su venganza?
—Nada menos. ¡Una venganza sublime, refinada y aplastante!
—Si… Sí, claro —replicó Nad sin mucha convicción.
—Mejor. Servirla. Fría —dijo Nehemiah Trot, todo hueco.

2 comentarios

  • panta enero 9, 2012en1:15 am

    Yo tengo una rendida admiración por este sr.
    En este caso, a pesar del nombre, me parece más una novela de aventuras pero con Coraline
    consiguió hacerme pasar genuino pavor.
    Por cierto, busco ‘American gods’ y no la encuentro 🙁
    Saludos

  • Palimp enero 9, 2012en12:32 pm

    Yo también, alguna cosa suya no me ha gustado tanto, pero en genera me encanta.

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