Natsume Soseki. Botchan.

noviembre 28, 2014

Natsume Soseki, Botchan
Impedimenta, 2008. 236 páginas.
Tit. Or. 坊っちゃん. Trad. José Pazo Espinosa

Uno no estan ignorante como para no conocer, de oídas, a Soseki. Pero ignoraba a que sabía. Un amigo me dejó tres libros de literatura japonesa: El grito silencioso, País de nieve y éste. Y no pueden ser más diferentes.

Si los otros dos si se pueden enmarcar dentro de los tópicos a priori que podamos tener de la literatura japonesa, Botchan se aparta completamente. Tiene su propia entrada en la wikipedia: Botchan, donde se cuenta el argumento. Un profesor de Tokio recién licenciado acepta un puesto en una ciudad apartada. Basada en parte en las experiencias del autor hace un retrato satírico del choque entre el ambiente provinciano y la inocencia de niño malcriado del protagonista.

Divertida y tierna no es de extrañar el éxito continuado que ha tenido desde su publicación. Hay clichés que son eternos y, cuando están bien escritos, son capaces de traspasar fronteras.

Un libro muy divertido. Más reseñas: Botchan. Natsume Sōseki y Botchan – Natsume Sōseki.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
—Me ha impresionado con esta historia. ¿Cómo sabe tantos detalles?
—En una ciudad pequeña todo se acaba sabiendo.
Saber demasiado suele traer problemas, y la señora Hagino sabía demasiado. De la misma forma, podía estar perfectamente al tanto de mis incidentes con el tempura y las bolas de arroz. Podía no hacerme mucha gracia, pero aquello también tenía sus ventajas: gracias a ella, sabía quién era la Madona y era capaz de comprender la relación entre Camisarroja y el Puercoespín, lo que seguramente podía serme útil en el futuro. El único inconveniente es que no me había aclarado quién de los dos era el malo. ¡Si no me las explican con claridad, me resulta difícil comprender las cosas!
—Mmmm… Me pregunto quién es mejor persona, si Camisarroja o el Puercoespín…
—¿Y quién es ese Puercoespín^
—El señor Hotta.
—Pues si los juzgamos por su fuerza, el señor Hotta parece el más fuerte de los dos, pero el señor jefe de estudios es licenciado universitario, o sea que tiene más cabeza. También el jefe de estudios es más educado, pero he oído que el señor Hotta es más popular entre los estudiantes.
—En resumen, ¿cuál de los dos es mejor?
—¡Pues, en resumen, el mejor es el que tiene el sueldo más alto!


En algún momento cambié mi criterio y pensé que era una buena persona aunque un poco afectado, pero ahora volvía a ver, más claramente aún, que sus intenciones no eran buenas, y eso me gustaba menos aún. Me daban igual las buenas razones que aparentara defender, o que intentara impresionarme por ser mi jefe de estudios. ¡Uno no es mejor persona por saber argumentar con habilidad! Ni se es peor por no saber hacerlo bien. A primera vista, Camisarroja tenía razón en lo que decía, pero por muy bien que sonara no me llegaba al corazón. Si el dinero, la autoridad o el intelecto pudieran comprar los corazones de la gente, las personas más queridas serían los prestamistas, los policías o los profesores de universidad. Y los razonamientos de todo un jefe de estudios de una escuela secundaria no iban a conquistar mi corazón. Los seres humanos obramos por lo que nos gusta y lo que nos disgusta, no por los razonamientos abstractos que se derivan de ello.
—Es posible que tengas razón en lo que dices —añadí—, pero a pesar de todo no quiero esa subida de sueldo. Por mucho que lo medite no voy a cambiar de opinión. Y ahora he de irme. ¡Adiós!
Y de ese modo me dirigí a la salida. La Vía Láctea era una guirnalda sobre mi cabeza.

Un comentario

  • luis agosto 7, 2019en1:49 pm

    kokoro, soy un gato, más allá del equinoccio de primavera… sobre todo el primero.

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