N.K. Jemisin. La quinta estación.

mayo 3, 2019

NK Jemisin, La quinta estación
Ediciones B, 2017. 446 páginas.
Tit. Or. The fifth season. Trad. David Tejera expósito.

En una tierra azotada por frecuentes terremotos, la civilización pugna por subsistir. Existen los orogenes, personas capaces de transformar la energía cinética de la tectónica terrestre, los guardianes, que pueden controlarlos y anular su poder y los misteriosos comepiedras, que parecen desplazarse por las rocas como si estas no existieran. Todos a la espera de la quinta estación, la que destruye al mundo.

Me lo habían vendido muy bien, tiene ganado el premio Hugo y en Goodreads una puntuación de 4,3 sobre 5 (para que se hagan una idea Rayuela de Cortázar tiene 4,25 y 2666 de Bolaño 4,2 y para no salirnos del género Fundación de Asimov 4,15). Pero, en mi humilde opinión, es una obra mediocre sin el más mínimo interés.

Alguna escena buena tiene y la revelación de quiénes son los tres personajes cuyas voces se van alternando no está mal encontrada. Pero me sobra todo, desde los poderes de los personajes que no me han despertado ningún interés, hasta la revelación tangencial de que es ¡spoiler! el planeta tierra en un futuro echado a perder por culpa del ser humano (que cosas). No pasa nada durante todo el libro, pero no como en los libros de Martin que no pasa nada pero te engancha, sino al modo aburrido de por dios que acabe pronto.

Es la primera parte de una trilogía pero que no cuenten conmigo para los otros dos libros. Eso sí, como he dicho antes gusta mucho a todo el mundo. Será que me he vuelto un viejo cascarrabias. Al loro este reportaje: N. K. Jemisin: la ganadora del Hugo que irrita a los frikis reaccionarios
donde parece que el libro es una defensa del ecologismo y de la tolerancia. Leer para creer.

No me ha gustado.

Aun así, mientras recorres el camino que rodea la zona verde (durante los cierres nadie entra en ellas, pero no porque las normas lo impidan, sino porque en esos momentos recuerdan que son terrenos de cultivo en vez de una zona bonita donde plantar tréboles y flores silvestres), vigilas lo que hacen otros ciudadanos de Tirimo. Lomocurtido, en su mayor parte. Un grupo construye el cobertizo y delimita el prado de la zona verde que se usará para el ganado. Construir algo es un trabajo duro, y quienes participan en la tarea están demasiado inmersos en ella como para prestar atención a una mujer solitaria que lleva una caja. Algunos de ellos te reconocen al pasar, gente a la que has visto antes en el mercado o que ha hecho negocios con Jija. Cruzas las miradas con algunos, pero son fugaces. Te conocen lo suficiente como para saber que no eres una extraña y, por el momento, están demasiado ocupados para recordar que eres la madre de un maldito orograta.
O para preguntarse de cuál de sus progenitores ha heredado aquella maldición tu fallecido niño orograta.
En el centro de la ciudad hay más personas. Aquí te pierdes entre la multitud y caminas al mismo ritmo que los demás, saludas cuando te saludan e intentas no pensar en nada que haga que tu expresión parezca despreocupada o aburrida. Alrededor del despacho del líder hay mucho alboroto: capitanes del bloqueo y portavoces de las castas que vienen a informar sobre las tareas del cierre que han terminado antes de organizar las siguientes.
El resto deambula por el lugar y espera enterarse de lo que ha ocurrido en Sume y otros lugares, pero ni aquí llamas la atención de la gente. ¿Por qué deberías? El aire apesta a tierra quebrada, y todo lo que se encuentra en un radio de más de treinta kilómetros ha quedado destrozado por el mayor terremoto que
nadie con vida haya visto jamás. La gente tiene cosas más importantes de las que preocuparse.
Pero eso puede cambiar rápido. No te relajas. La oficina de Rask se encuentra en una pequeña casa ubicada entre las reservas de grano construidas sobre pilares y las carrocerías. Te pones de puntillas para ver por encima de la multitud y no te sorprende comprobar que Oyamar, la mano derecha de Rask, se encuentra en pie en el porche de la casa y habla con dos hombres y una mujer que ti’enen encima más barro y argamasa que ropa. Es posible que hayan apuntalado el pozo, otra de las advertencias del litoacervo en caso de terremoto y algo que también aconsejan los procedimientos de los cierres imperiales. Si Oyamar está aquí, cabe esperar que Rask ande por ahí trabajando o, conociéndolo, durmiendo después de no haber descansado ni un solo instante durante los tres días transcurridos desde que tuvo lugar el incidente. Es posible que tampoco estuviera en la casa, porque allí es el primer lugar donde la gente lo buscaría. Como Lerna habla por los codos, sabes dónde se esconde Rask cuando no quiere que nadie lo
moleste.
La biblioteca de Tirimo da vergüenza ajena. Si existe es porque el abuelo del marido de una de las líderes anteriores no dejó de dar la brasa y escribir cartas al gobernador del cuadrante hasta que este decidió financiar una para que se quedara tranquilo. Casi nadie la había usado desde la muerte de aquel anciano y, a pesar de que siempre había peticiones de cierre en las reuniones oficiales de la comu, nunca salían adelante por falta de votos. Y así estaba: una casucha infestada de ratas que no era mucho más grande que la sala de estar de tu casa, y que estaba hasta arriba de estanterías llenas de libros y pergaminos. Un niño enjuto podía pasar entre las estanterías sin esfuerzo, pero ni eres enjuta ni eres una niña, así que tienes que abrirte paso de lado como si fueras un cangrejo. Ni te planteas llevar la caja, así que cuando entras la dejas en el suelo al lado de la puerta.

2 comentarios

  • e mayo 3, 2019en3:25 pm

    voto cascarrabias

  • Palimp mayo 3, 2019en4:27 pm

    😀

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