Mireia Vancells. Negra memoria.

junio 4, 2019

Mireia Vancells, Negra memoria
Cossetània/Amazon, 2013, 2019. 288 páginas.
Tir. Or. Negra memòria. Traducción de la propia autora.

En 1845 el joven Gabriel Batalla, después de sufrir una revelación traumática, se enrola en un barco como aprendiz de cocinero. Lo que parece un barco mercante más se revelará más siniestro de lo que esperaba, y la carga algo muy diferente de lo previsto inicialmente.

Descripción tremenda de lo que fue, sin lugar a dudas, un genocidio que duró demasiado tiempo y del que todavía hoy África está sufriendo las consecuencias. ¿Cuántas fortunas se han construído con estos orígenes despreciables?

Del libro hay una parte -cuando Gabriel está en una hacienda- que es la que me ha gustado menos. Otras, como la travesía del barco, son conmovedoras.

Recomendable.

Una vez recuperado de tan infernal viaje y a salvo de miradas indiscretas, miré a mi alrededor. Estaba en el muelle del puerto do Barcelona, una lengua de tierra firme que se adentraba en la mar. A un lado del espigón rompían las olas y se veía mar abierta, barcas en la lejanía y el horizonte infinito. Al otro, alineados uno junto a I otro, como si estuviesen a punto de salir en procesión, una veintena de barcos de primera clase se encontraban amarrados: bergantines, goletas, polacras y galeones puestos de popa hacia el muelle. Se veían tantos mástiles, tantas vergas, tantas arboladuras y tantos cabos colgando, tantas jarcias altas como campanarios, que aquello más bien parecía un bosque espeso, de tanta madera como había.
En el muelle, hombres de todas las edades y con todo tipo de vestimentas iban y venían, moviéndose con diligencia. Unos, cargados con sacos a la espalda, dirigiéndose hacia los barcos; otros descargando carros y más carros que formaban una fila. Y a bordo de las embarcaciones, hombres voceando, dando órdenes como si se hubieran vuelto locos.
— ¡Venga! ¡Va, va, que se nos hará de noche y tenemos que zarpar por la mañana, mal viento se os lleve a todos! ¡Venga, para arriba, que no tenemos todo el día!
Junto a algunos navios, sobre el muelle, los peones se apresuraban a colocar unos bastidores de madera grandes como dos veces la mesa de nuestro comedor. Colocaban los bastidores planos en el suelo y entonces los hombres que descargaban mercaderías de los carros la acomodaban encima. Cuando la madera del bastidor estaba llena y la pila de barriles, sacos, fardos, cajas o paquetes era bien alta sobre ella, uno de la cuadrilla lo ataba todo y, con unas correas que pasaban por debajo de la madera, la remontaban con la ayuda de poleas y la subían a cubierta. Entonces otra cuadrilla de hombres, la que trabajaba a bordo, se apresuraba a vaciar la madera, cargaba esas cosas a la espalda y, con los gritos de cada capitán, poco a poco, lo bajaban todo al interior de las
bodegas.
Oíros barcos trabajaban a la inversa: vaciaban sus estibas, descargaban fardos de algodón, sacos de café y de azúcar en las tarimas situadas en cubierta, y los trajineros se apresaban a trastear hábilmente con cuerdas y poleas, bajar la carga y traspasarla a sus vehículos, que quedaban, en un abrir y cerrar de ojos, abarrotados de carga. Luego esos mismos transportistas que un rato antes habían llegado a descargar, partían de nuevo llenos con destino a otrás ciudades, o se adentraban en Barcelona, a abastecer los mercados de la capital.
Estuve largo rato observando, absorto por el bullicio, la rapidez, la coordinación y la técnica de que todos hacían gala. Los trajineros que habían traído el vinagre y, sin saberlo, a mi persona, se levantaron entonces de su siesta y acercaron los carros a uno de los bergantines. El Infatigable, se leía en la popa.
— ¡Capitán! ¡Capitán Cabestany! —gritó uno de ellos, situando las manos a ambos lados de la boca.
Un hombre alto y delgado, con la piel requemada, gorra, barba y una pipa, asomó la cabeza.
— ¡Que se me lleven todos los diablos al infierno —vociferó—, y que yo me queme mil años en él si no os esperaba el día de ayer, malditos seáis todos y malditos sean todos vuestros muertos!

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