Me gusta la navidad

diciembre 25, 2008

No me importa que me llamen abrazanenúfares. Soy una persona muy familiar y no los veo porque vivo lejos (a lo mejor por eso soy tan familiar). En estas fiestas, como dice el anuncio, uno vuelve a casa a encontrarse con los suyos.

Además, siempre he pensado que cualquier excusa es buena para tener una fiesta. Hace tiempo que no estoy un fin de año toda la noche de juerga, pero el espíritu permanece. Quizás algún dia vuelva a las andadas.

No me molestan lo papanoeles, la cantidad de gente que hay por la calle, ni los simpáticos gruñones que navidad tras navidad protestan y reniegan del espíritu de estas fiestas. ¿Consumismo? Sólo si tú quieres y lo que hagan los demás no importa. ¿Hipocresía? Si un malnacido intenta portarse bien cuatro días siempre será mejor que nunca ¿no? Igual hasta le coge gusto.

Es sabido que estas fiestas tienen raices paganas. El solsticio de invierno marca el punto en el que el sol vuelve a calentar la tierra, el dios renace y trae esperanza y prosperidad. Esto queda muy bien explicado en el especial de navidad de las Reflexiones de Repronto cuya frase final es, como es habitual, certera y genial. No la reproduzco porque tienen que ver el capítulo entero.

Pero paganismos aparte la historia cristiana también tiene su aquel, incluso para un ateo como yo. Un dios hecho carne, naciendo con humildad en un pesebre, adorado por pastores y gente humilde, escapando de los poderosos, trayendo gloria a la gente de buena voluntad. Es un programa que cualquiera firmaría. No me sorprende que Connie Willis la considere una de las mejores historias de navidad. Como tampoco me extraña que aborrezca las historias de Andersen con niños pobres muriendo de frío. Esa pequeña cerillera debería haber dado mejor uso a sus fósforos; como cantaba el grupo Potato para calentar, vamos a quemar, el ayuntamiento y la catedral. Al final les transcribo completo el prólogo de Willis a su libro

Les dejo con un acompañamiento musical muy adecuado a estas fiestas. La versión de Kamakawiwo’ole de Somewhere Over the Rainbow. Una versión tan famosa que la he visto en dos o tres anuncios y que he podido rescatar gracias a las estupendas recopilaciones que hacen en Milinkito. Esta año va de Versiones bastante originales y les aseguro que no tienen desperdicio. La mejor manera de pasar estas bonitas fiestas.

Feliz navidad y un próspero año nuevo, lleno de lecturas, a todos.


Kamakawiwo’ole – Somewhere Over the Rainbow

Las imágenes de los árboles están tomadas de aquí: Unsual and creative christmas trees. Esta bitácora está de vacaciones hasta despues de reyes.

Connie Willis, prólogo al libro El espíritu de la navidad

Me encanta la Navidad. Toda ella: decorar el árbol y cantar en el coro y hornear galletas y envolver los regalos. Incluso me gustan las partes que la mayoría de la gente odia: ir de compras a los atestados centros comerciales y leer los boletines de noticias navideños que me envían la familia y los amigos e ir a ver a la familia y esperar junto a la cinta de los equipajes en el aeropuerto.

Está bien, he mentido. A nadie le gusta esperar junto a la cinta de los equipajes en el aeropuerto. Sin embargo me encanta ver a la gente salir de los aviones, y el muérdago y las velas, y el ponche de leche y huevo y los villancicos.
Pero, sobre todo, me encantan las historias y las películas sobre la Navidad. Está bien, he mentido de nuevo. No me encantan todas las historias y las películas sobre la Navidad. Qué bello es vivir, por ejemplo, y El abeto de Hans Christian Andersen.

Pero me encanta De ilusión también se vive y El árbol de Navidad que no fue decorado de Christopher Morley y el poema de Christina Rosetti Pleno invierno. Mi familia ve Juegos de amor en la universidad e Historias de Navidad cada año, y nosotros leemos en voz alta El traje para la nieve de ¡as Navidades pasadas de George V. Higgins cada Nochebuena, y buscamos ansiosamente nuevos clásicos que añadir a nuestras tradiciones.

No hay muchos. Eso se debe a que las historias de Navidad son mucho más difíciles de escribir de lo que parece, en parte porque el tema es más bien limitado y la gente lleva escribiéndolas desde hace cerca de dos mil años, de modo que simplemente han agotado todas las variaciones posibles de muñecos de nieve, Santa Claus y pastores.

Se han contado historias desde el punto de vista del cuarto rey mago (que fue asaltado camino a Belén), el posadero, la esposa del posadero, la muía y la estrella. Ha habido historias acerca de los Santa Claus de los grandes almacenes, falsos Santa Claus, Santa Claus quemados, Santa Claus sustitutos, Santa Claus reluctantes y Santa Claus sometidos a dieta, sin decir nada de la esposa de Santa Claus, sus elfos, sus renos, y Rudolph. Hemos tenido nacimientos en Navidad (¡por supuesto!), muertes, separaciones, encuentros, líos, intentos de suicidio y enfermedades de todo tipo. Y Navidad en Hawai, en China, en el pasado, en el futuro y en el espacio profundo. Hemos oído hablar de pastorcillos, de reyecitos magos, de angelitos y del ratoncito que no hacía ruido. No hay mucha cosa que no se haya dicho ya.

Además, el escritor de historias de Navidad tiene que caminar por la cuerda floja entre el sentimentalismo y el escepticismo, y la mayoría de escritores terminan cayendo en el cinismo o en la más empalagosa simpleza.

Y sí, estoy hablando de Hans Christian Andersen. Él inventó la ultrasensiblera historia lacrimógena, cuya trama Máximo Gorki, en un arranque de acrimonia, describió como tomando a una pobre niña o niño y abandonándolo «para que se helara en algún lugar debajo de una ventana, detrás de la cual suele haber un árbol de Navidad que arroja su radiante esplendor sobre él». Desamparadas muchachitas, firmes soldados de hojalata, incluso muñecos de nieve (fundidos, no helados) se enfrentan a un destino que ninguno de ellos (ni nosotros) merecemos, especialmente en Navidad.

Nadie, antes de la llegada de Andersen, había pensado en escribir unas historias de Navidad tan deprimentes. Ni siquiera Dickens, que había matado a un respetable número de niños en sus libros, mató al Pequeño Tim. Pero Andersen, al parecer proclive a estropear las vacaciones a todo el mundo, congelaba a los inocentes niños, fundía los leales juguetes hasta convertirlos en masas de plomo, y talaba inofensivos abetos que simplemente estaban allí tan tranquilos en el bosque, ocupados de sus propios asuntos, para convertirlos en leña.

Peor aún, inspiró a docenas de imitadores, que se dedicaron a matar piadosos niños (algunos de los cuales, debo admitir, eran absolutamente insufribles y merecían morir) y otra pobre gente durante todo el resto de la época victoriana.

En el siglo xx, el lacrimógeno estilo Andersen se trasladó al cine, con la estrella Margaret O’Brien (que definitivamente merecía morir) y otras estrellas infantiles, elegidas por su palidez y su habilidad para toser. Tenían títulos como La promesa y Vidas truncadas, que engañaban a los incautos espectadores que pensaban que iban a ver una alegre película de Navidad (N. del T.: El título original inglés de Vidas truncadas es The Christmas Tree, El árbol de Navidad) cuando realmente trataban de niños pequeños que sucumbían al envenenamiento por radiación en Nochebuena.

Cuando llegó la televisión, este tipo de historia se convirtió en el «episodio especial de Navidad» de muchas series televisivas, la peor de las cuales era La casa de la pradera, que mató a un enorme número de niños en ventiscas y otros desastres tipo pionero cada Navidad durante un buen número de años. ¿Acaso ninguno de sus guionistas había oído nunca que se supone que las historias de Navidad tienen un final feliz?

Bien, desgraciadamente, muchas veces sí los tenían, y de ello resultó una cantidad de improbablemente sentimentales y sacarinadas historias demasiado numerosas para mencionarlas aquí.

Así que, ¿hay alguna buena historia de Navidad ahí fuera? Apuesten a que sí, empezando con la original. El relato de la
primera Navidad (ya saben, el niño en el pesebre) tiene todos los elementos de una gran historia: dramatismo, peligro, efectos especiales, sueños y advertencias, traiciones, escapadas por los pelos y —combinada con la historia de la Pascua— el más feliz de todos los finales.

Y tiene grandes personajes: José, que se ve superado por lo que ocurre a su alrededor pero hace todo lo que puede; los reyes magos, que esperan un palacio y encuentran un establo; el vil Herodes que decía: «Cuando encontréis a ese rey, decidme donde está a fin de que pueda ir a adorarle», y enviaba luego a sus esbirros a intentar matar al niño; el ambivalente posadero, y María, con sus catorce años, que reflexionaba sobre todo ello en lo más profundo de su corazón. Es una gran historia…, no es extraño que haya durado dos mil años.

Las modernas historias de Navidad que me gustan (para una lista más completa, ver al final de este libro) incluyen El regalo de los magos de O’Henry, El viaje de los magos de T. S. Eliot, y La mejor representación de Navidad de todos los tiempos de Barbara Robinson, acerca de una representación de Navidad en una iglesia invadida por una pandilla de gamberros llamados los Vaqueros. Los Vaqueros intimidan a todo el mundo y fuman y maldicen y acuden solamente porque han oído que después hay refrescos. Y transforman lo que era una tranquila y aburrida representación de Navidad en algo extraordinario.

Puesto que soy escritora de ciencia ficción, me siento inclinada por supuesto hacia las historias de Navidad de ciencia ficción. La ciencia ficción siempre ha tenido la habilidad de hacernos ver el mundo desde un ángulo distinto, y la Navidad no es una excepción. La ciencia ficción ha contemplado la primera Navidad desde una nueva perspectiva (el clásico de Michael Moorcock He aquí el hombre) y bajo un nuevo envoltorio (Oscura concepción de Joe L. Hensley y Alexei Panshin).Nos muestra la Navidad en el futuro (La huella de una leyenda de Cyntia Felice) y la Navidad en el espacio (la maravillosa El regalo de Ray Bradbury). Y se centra en la propia Navidad (la inquietante El bosque virgen de Mildred Clingerman).

Mis historias de Navidad de ciencia ficción preferidas son La estrella de Arthur C. Clarke, que cuenta la historia de la estrella de Navidad que guió a los reyes magos a Belén, y la hilarante historia de Thomas Disch El compromiso de Santa Claus, en la cual dos intrépidos periodistas de investigación de seis años ponen al descubierto el impresionante escándalo que se esconde detrás de Santa Claus.,

También me gustan los misterios. Pensarán ustedes que el asesinato y la Navidad no encajan demasiado bien, pero el marco y la posibilidad de asesinatos conectados con el muérdago/budín de ciruela/Santa Claus ha inspirado a un gran número de escritores de misterio, empezando con Arthur Conan Doyle y su La aventura del carbunclo azul, que implica un ganso de Navidad. Algunos de mis misterios preferidos son El collar de perlas de Dorothy Sayers, Asesinato en Navidad de Agatha Christie, y El día más corto: Asesinato en la celebración de Jane Langton. Mi preferida absoluta es la cómica historia de John Mortimer «Rumpole y el espíritu de la Navidad», que presenta a un viejo y gruñón Scrooge en la figura de un abogado, Horace Rumpole, y su maravillosa esposa, La Que Tiene Que Ser Obedecida.

Las comedias son probablemente mi tipo preferido de historias de Navidad. Me encanta La Navidad de Dancing Dan de Damon Runyon (en realidad me encanta todo lo que escribió Damon Runyon, y si nunca lo han leído, deben ir a ver inmediatamente Ellos y ellas. Lo mismo puedo decir de P. G. Wodehouse, cuyo Jeeves y el espíritu de la Navidad y Otra canción de Navidad son puro Wodehouse, lo cual significa que son indescriptibles. Si tampoco han leído nunca a Wodehouse, ¡no saben lo que se han perdido! Escribió más de un centenar de libros: empiecen con cualquiera de ellos). Tanto Runyon como Wodehouse equilibran sentimiento y cinismo, ironía, y el espíritu de la Navidad, la naturaleza humana y los finales felices, sin el menor paso en falso.

Y luego está El árbol de Navidad que no fue decorado de Christoher Morley, escrita claramente como reacción a El abeto de Hans Christian Andersen. Al contrario que Andersen, Morley comprende que la finalidad de la Navidad es recordarnos no solo el sufrimiento, sino también la salvación. Su historia duele, luego desespera. Y luego regocija.

Casi todas las grandes historias (de Navidad u otras) poseen ese terrible momento en el que todo parece perdido, cuando estás seguro de que las cosas no funcionarán, los tipos malos ganarán, la caballería no va a llegar a tiempo, y ellos (y nosotros) no nos salvaremos. El western navideño de John Ford, Los tres padrinos, posee uno de estos momentos. Lo mismo que El milagro de Morgan ‘s Creeky De ilusión también se vive, que considero las mejores películas jamás rodadas sobre la Navidad.

Lo sé, lo sé, Qué bello es vivir se supone que es la mejor película jamás rodada sobre la Navidad, con diez millones de exhibiciones y merchandising complementario. (La última Navidad vi una alfombrilla para ratón de ordenador Qué bello es vivir.) Y no estoy negando que haya algunas grandes escenas en ella (vean mi historia El espíritu déla Navidadsobre este tema), pero la película tiene auténticos problemas. Por una parte, el villano Mr. Potter todavía sigue suelto y sin castigar al final de la película, algo que ningún buen cuento de hadas permite nunca. El desagradable pequeño psicólogo en De ilusión también se vive es sumaria y muy apropiadamente despedido, y el fiscal del distrito, que después de todo solo está haciendo su trabajo, se arrepiente.

Pero en Qué bello es vivir no solo Mr. Potter queda libre, sin que su villanía sea detectada, sino que ha demostrado ya ser un villano vengativo y malicioso. Puesto que esto no funciona, intentará evidentemente alguna otra cosa. Y el pobre George se ve todavía enfrentado a acusaciones de malversación, que la última vez que la vi no desaparecen simplemente porque devuelvas el dinero, aunque el policía esté sonriendo en la última escena.

Pero para mí el peor problema me parece ser que el final depende de la bondad de la gente de Bedford Falls, algo que (en especial a la luz de los acontecimientos anteriores) parece más bien una proposición aleatoria.

De ilusión también se vive, por su parte, no confía en eso. La ironía del milagro (y, enfrentémonos a ello, quizá lo que realmente irrita mi alma es que Qué bello es vivir es una obra completamente desprovista de ironía) es que el milagro ocurre no a causa del comportamiento de la gente, sino pese a él.

Se supone que la Navidad se basa en la abnegación y la inocencia, pero hasta el mismo final de De ilusión también se vive, virtualmente nadie excepto Kris Kringle exhibe esas cualidades. Más bien lo opuesto. Todo el mundo, incluso el héroe y la heroína, actúa por un cínico y muy moderno egoísmo. El Santa Claus de Macy’s se va de juerga inmediatamente antes del desfile del Día de Acción de Gracias de Macy’s, Doris contrata a Kris para salir de un aprieto .y salvar su trabajo, y John Payne invita a la niña Susan a presenciar el desfile como una forma de conocer a su madre.

Y pese a los decididos esfuerzos de Kris Kringle de restablecer el auténtico espíritu de la Navidad en la ciudad, la cosa continúa. Macy’s y luego Gimbel’s siguen con la broma de recomendar otros almacenes, no porque crean en ella, sino porque significa más dinero. El juez en el caso de la cordura de Kris dictamina favorablemente solo porque quiere ser reelegído. Incluso los carteros que proporcionan el desenlace solo desean librarse de todas las cartas amontonadas en sus oficinas.

Pero pese a esto (en realidad, en una deliciosa ironía, debido a esto), con solo muy débiles vislumbres de humanidad de los jefes, y pese a lo irremediable que parece todo, el milagro de Navidad ocurre, exactamente en el momento previsto. Tal como se repite cada año.

Es esta capa de simbolismo lo que hace de De ilusión también se vive una película tan satisfactoria. Junto con su guión (de George Seaton) y su perfecto reparto (en especial Natalie Wood y Thelma Ritter) y todo un número de deliciosos momentos (Santa Claus cantando un villancico holandés al pequeño huérfano holandés y el desastroso episodio del chicle y la disgustada expresión de Natalie Wood cuando se le dice que debe tener fe aunque las cosas no funcionen). Además, por supuesto, del hecho de que Edmund Gwenn puede hacer que cualquiera crea en Santa Claus. Todo eso se combina para convertirla en la mejor película jamás rodada sobre la Navidad.

No, sin embargo, en la mejor historia. Ese honor pertenece a Dickens y su inmortal Canción de Navidad. El rumor de que Dickens inventó la Navidad no es cierto, como tampoco lo es, probablemente, la historia de que, cuando murió, una pobre niña vendedora ambulante sollozó: «¿Dickens ha muerto? Entonces, ¿también ha muerto la Navidad?» Pero debería serlo.

Porque Dickens hizo lo imposible: no solo escribió una obra maestra que captura la esencia de la Navidad, sino una que era lo bastante buena como para sobrevivir a su propia fama. Ha habido un millón, la mayor parte de ellas horribles, de versiones en cine, televisión y musicales, con Scrooge interpretado por todo el mundo, desde Basil Rathbone hasta el Fonz, pero ni siquiera el peor de ellos ha conseguido dañar la maravillosa historia de Scrooge y el Pequeño Tim.Una razón de que sea una historia tan grande es que Dickens amaba la Navidad. (Y no es extraño. Su infancia fue la de Oliver Twist y la Pequeña Dorrit combinadas, sin ningún abuelo cariñoso o Arthur Clennam a la vista. Toda su vida adulta debió de parecer como una gran Navidad). Creo que uno tiene que amar la Navidad para escribir sobre ella.

Por otra parte, sabía mucho acerca de la naturaleza humana. Recordar el pasado, ver realmente el presente, imaginar las consecuencias de nuestras acciones en el futuro, son la forma por la cual crecemos y cambiamos. Dickens conocía esto años antes de Freud.

También sabía mucho acerca de escribir. La trama es sensacional, los diálogos estupendos, y la frase que abre el libro: «Dígase para empezar que Marley estaba muerto…» es superada tan solo por «Llámame Ismael» como una de las grandes primeras frases de la literatura. Sabía también cómo terminar las historias, y que se supone que las historias de Navidad tienen finales felices.

Finalmente, la historia nos emociona porque deseamos creer que la gente puede cambiar. No lo hace. Todos hemos aprendido por la amarga experiencia (aunque probablemente no tan amarga como la de Dickens) que el mundo está lleno de avarientos y ladrones, que Scrooge sigue siendo Scrooge hasta el final, y nadie alzará un dedo para ayudar al Pequeño Tim.

Pero la Navidad es acerca de alguien que ¿reía, pese a las pruebas abrumadoras, que la humanidad es capaz de cambiar y digna de ser redimida. Y la historia de la Navidad de Dickens es de hecho «la» Historia de la Navidad. Y el endurecido corazón que se abre al final es el nuestro.

Si parezco apasionada (y a veces susceptible) acerca de las historias de Navidad, es porque lo soy. Me encanta la Navidad, con toda su complejidad e ironía, y me encantan las historias sobre la Navidad.

Hasta tal punto que llevo años escribiéndolas. Aquí están…, un puñado de historias acerca de coros de iglesia y regalos de navidad y vainas del espacio exterior, acerca de deseos que se hacen realidad de formas que no esperabas y deseos que no se hacen realidad y deseos que no sabías que tuvieras, acerca de estrellas y pastores, reyes magos y Santa Claus, muérdago y Qué bello es vivir y tarjetas de felicitación sobre papel recicla-do. Incluso hay un asesinato. Y una historia acerca de una Navidad Aún Por Venir.

Espero que les gusten. ¡Y espero que tengan una muy feliz Navidad!

9 comentarios

  • Elena diciembre 25, 2008en9:41 pm

    Aunque no comparto tu entusiasmo por estas fechas (lo mejor es que tengo vacaciones y tiempo para descansar) te deseo unas felices fiestas y muchos buenos momentos con los tuyos. Y mucha inspiración para seguir con tu bitácora en este 2009 que ya está a la vuelta de la esquina.

    Un abrazo

  • panta diciembre 26, 2008en1:21 am

    Magnífico el texto que has dejado.
    Ser escritor y reconocer la excelencia ajena es un ejercicio de humildad no apto para todas las fortunas.
    Respecto a la navidad no puedo decir nada porque sólo puedo pensar en qué me dejarán los reyes este año X)
    Saludos y Feliz Navidad.

  • Argénida Romero diciembre 27, 2008en1:30 am

    Caramba! Tremenda entrada. Si que te gusta la época. Me quedo con el texto final. Intersante.

  • Apostillas literarias diciembre 27, 2008en3:36 am

    Querido amigo, no comparto tu entusiasmo por la navidad. Si hay cosas que me agradan, sobre todo cuando hay niños que dan vida a todo esto con sus ilusiones. Pero la tristeza también está presente, el recuerdo de muchas cosas que se han ido para no volver sea tal vez lo que hace la navidad no tan grata como tu la percibes. Pero me alegra que tu la vivas de esta forma.

    Me hiciste recordar, además, cuando a un escritor importante, ateo, le hice esta pregunta: «¿por qué si es ateo escribe Dios con mayúscula?» y me contestó: «por que no tiene nada que ver con la existencia o creencia de un Dios, sino con ser un sustantivo propio». Se me quedó muy presente.

    Un abrazo del tamaño del mundo, y un poco más.

  • NeverMore diciembre 28, 2008en7:34 pm

    Aquí una historieta plena del espíritu navideño. Y Feliz Navidad a todos.

    http://fortressofortitude.wordpress.com/2008/12/21/bless-us-father/

  • MeZKaL diciembre 30, 2008en1:49 pm

    Ostia, no sabía que Falete era el clon de un hawaiano.

  • Berta enero 6, 2009en2:11 pm

    Aunque no comparto el entusiasmo por las navidades, sí por la literatura, con lo cual me ha parecido que este es un blog muy interesants. Ya he echado una ojeada por posts antiguos y me han entrado ganas de leer alguna cosilla (el Quadern Gris, por ejemplo).
    Besos y un feliz 2009.
    Berta

  • Azahara enero 7, 2009en4:36 pm

    Saludos,

    le escribo desde Ediciones Ámbar, estamos promocionando nuestras publicaciones y queríamos saber si sería posible enviarle ejemplares para que incluyese reseñas en su blog.

    Le invito a que visite nuestro blog o nuestra página web y me escriba dicéndome que libros le interesarían, para enviarle copias de prensa. Dejo constancia de mi dirección de correo electrónico, página web y blog de la editorial,

    un saludo y gracias por su tiempo.

    Azahara Carreras

    http://www.ediambar.es
    http://ediambar.wordpress.com

    Publicaciones en el blog:
    http://ediambar.wordpress.com/tag/publicaciones/

  • Palimp enero 8, 2009en11:45 am

    Gracias por vuestras aportaciones. Un abrazo a todos.

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