Manuel Vilas. Ordesa.

marzo 19, 2019

Manuel Vilas, Ordesa
Penguin Random House, 2018. 390 páginas.

Reflexiones del autor acerca de la relación del autor con sus padres ya muertos, el divorcio, sus problemas con la bebida, el reflejo de su propia paternidad… todo escrito con la prosa poética que acostumbra Vilas, demorándose en pequeños detalles que alcanzan gran significado.

Recuerdo que una vez leí dos libros de Vilas casi seguidos y me dio la impresión de que el segundo era peor que el primero, lo que me llevó a pensar que su prosa estaba decayendo. Luego me di cuenta de que los había leído al revés, y por lo tanto su calidad iba en aumento. Este libro, sin embargo, sí que es el último y algo más flojo que el resto. Todo lo que se cuenta ya estaba incluído en la Carta al hijo que estaba incluído en Aire nuestro. Menos concentrado, bien escrito, pero sin la intensidad que acostumbran a tener sus escritos.

Ha sido un bombazo editorial, y me alegro. Pero no dejo de pensar en que ha pasado lo mismo que con Lincoln en el Bardo, el éxito de los libros menos arriesgados de dos escritores notables por ir a contracorriente.

Recomendable.

Mi madre siempre conseguía pollos de corral, allá en los años sesenta y setenta. Se los traía una mujer de algún pueblo cercano. Se los traían vivos. Los asesinaba mi madre, ayudada de su hermana Reme, que tenía mucha experiencia y mucha maña. Reme venía a casa a matar pollos. Sacaba el cuchillo y les cortaba el cuello, yo lo veía con una cierta sensación de asco, pero no con miedo. Luego hervían el cadáver, recuerdo escenas en la cocina con mucho vapor, con plumas, sangre y cuchillos. Recuerdo el cuello del pollo, abierto en canal, y el humo.
Asco, sí, incomodidad porque había olor a sangre y a plumas y la cocina estaba llena de humo. Y en qué momento nace el otro asco, el asco a entrar en el lavabo con mi padre, en qué momento comienzan los tabúes, porque el niño pequeño quiere estar con su padre siempre, incluso cuando su padre está sentado en una taza de váter. No siente asco. No siente repugnancia. No siente ninguna incomodidad ni física ni psíquica. Porque el asco es un tabú de la civilización. El asco al excremento del padre nace socialmente en el momento de la independencia, de la emancipación social del hijo. Para que sea posible que los hijos se marchen ha de nacer la repugnancia hacia los olores del padre. Recuerdo haber visto orinar a mi padre y haberme sentido fascinado y asustado ante su sexo. Son escenas del pasado, y el pasado cada vez tiene menos prestigio.
Recuerdo que alguien me contó de niño la historia de un padre, en la guerra civil española, que se entregó para salvar la vida de su hijo. Su hijo fue puesto en libertad y el padre fue fusilado. Por eso es tan importante la paternidad,
porque anula la duda, nunca dudas. Siempre darás tu vida por tu hijo. Todo lo restante que hay en el mundo es confusión, vacilación, perplejidad, egoísmo, indecisión, incertidumbre, ninguna grandeza. Ese padre fue fusilado, pero su hijo quedó libre.
Recibir la bala por otro sin que te importe, esa es la mayor grandeza que puede depararte la vida.
Recibir la bala por tu hijo es el buen misterio, no hay otro misterio más grande que ese sobre la tierra. La luz del sol se apaga ante este misterio. No sentirá la bala entrar en su carne, no sentirá la pérdida de su futuro, la pérdida de las cosas que le quedaban por hacer, no pensará en él, porque ya no será él sino que solo será fervor bienaventurado hacia su hijo, que estará vivo, que seguirá vivo.
Dar la vida por alguien no está previsto en ningún código de la naturaleza. Es una renuncia voluntaria que desordena el universo.
La paternidad y la maternidad son las únicas certezas.
Todo lo demás casi no existe.

2 comentarios

  • Francisco H. González marzo 23, 2019en8:40 pm

    Palimp, es cierto que cuando uno lee uno varios libros de un mismo autor puede ver la evolución. Yo de Vilas solo he leído en prosa Ordesa y me impactó. Si hubiera llegado a él habiendo leído unos cuantos libros previos suyos mi valoración seguramente hubiera sido otra. Todo es relativo. Unas lecturas desplazan a otras. Los años nos hacen también más escépticos….

  • Palimp marzo 28, 2019en7:22 am

    No, si el libro está muy bien. Soy fan incondicional de Vilas, me encanta todo lo que escribe y Ordesa no es una excepción. Sólo que muchas partes me han sonado a ya leído.

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