Lorenzo Villalonga. Bearn o La sala de las muñecas.

junio 7, 2012

Lorenzo Villalonga, Bearn o La sala de las muñecas
Seix-Barral, 1985. 316 páginas.

Ya comenté aquí el descubrimiento de Villalonga: El llumí, y esta reseña me confirmó que éste podía ser un buen libro: Bearn o La Sala de las Muñecas – Llorenç Villalonga. Tiene también su entrada en la wikipedia: Bearn o La sala de las muñecas.

Joan Mayol es capellán de la casa de Bearn (y seguramente algo más), y nos cuenta los últimos días de una aristocracia que ya está desapareciendo. Don Antonio es, además de un mujeriego, el último de una saga a la que la modernidad está eliminando del rumbo de la historia.

Crónica de una decadencia -pero no del siglo XX, sino del XIX- destaca por su prosa elegante, sus frases ingeniosas y su retrato certero de una época que pertenece ya a los libros de historia.

Lo que no he acabado de entender del todo es el simbolismo -si lo hay- de la sala de muñecas. Se admiten acalaraciones.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (280/365)

Extractos:
A propósito de La Fontaine, me decía semanas antes de morir, que los literatos se han concedido siempre una excesiva importancia a si mismos. «Tal vez La Fontaine constituya una de las pocas excepciones a esta regla. Fue, en realidad, un amateur que escribía para distraerse, sin juzgarse genial. Buscaba ante todo el placer, y yo creo que el arte es un poco como las criaturas, que no se engendran por medio de razonamientos ni de reglas morales, sino al descuido, en medio de la alegría de una noche…»

— Ay, don Antonio, la juventud no dura —dijo — . Cada día que pasa nos acercamos a la muerte y cuando llegamos a viejos, recordando las locuras cometidas, sentimos remordimientos y tristeza. ¿No es así? -añadió mirándole interrogativamente—. Ceniza en el corazón y amargor eu la boca -recomenzó — . Entonces meditamos. ¿Y qué nos dice la conciencia?
Yo presentía alguna respuesta volteriana. Don Andrés me parecía muy imprudente al hacer preguntas tan peligrosas y no me equivocaba. El interrogado levantó la cabeza.
—La conciencia -replicó- no siempre dice lo mismo. Conozco a personas que sienten remordimientos de no haber pecado un poco más, cuando todavía era tiempo.

-Aunque no seas cura todavía. Juan, te confieso que he engañado a la señora. Ella se ha quedado conmigo a cambio de quemar la biblioteca, y yo no he tenido necesidad, como el califa de )a Edad Media, de hacerla copiar antes de destruirla. El gran Guttemberg, con la invención de la imprenta, aseguró la libertad del pensamiento humano de tal manera que hoy quemar libros equivale a difundirlos. Cuantas más ediciones se destruyan en Bearn, más se imprimirán en París.

Nunca, nos preguntaremos bastante qué ha hecho más daño en el mundo, si la maldad o la estupidez. Mi bienhechor pensaba que, en último término, la maldad puede reducirse a insuficiencia mental. Creo que sus afirmaciones caen dentro de la ortodoxia, porque verdaderamente ponerse a mal con Dios es siempre un pésimo negocio. En el caso que ahora me ocupa, la ignorancia era la principal culpable.

2 comentarios

  • Cities: Walking junio 8, 2012en9:58 am

    Por lo que recuerdo todo lo que rodea a la sala de muñecas quedaba muy velado, muy por-todos-conocido-pero-por-nadie-hablado, algo relacionado con una oveja negra familiar. ¿No había cierto antepasado de renombre implicado en alguna historia vergonzante?

  • Palimp junio 9, 2012en5:41 pm

    Sí, la sala de muñecas está relacionado con eso, pero tiene un estatus tan tangencial en el texto que no acabo de entender que hace en el título y cobra se protagonismo al final.

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