Julio Ortega y Juan Francisco Ferré. Mutantes.

marzo 14, 2012

Julio Ortega y Juan Francisco Ferré, Mutantes
Berenice, 2007. 312 páginas.

Decepción

Ando leyendo últimamente varias antologías de relatos y jóvenes narradores (sea esto lo que sea, porque en esta sociedad seguimos siendo jóvenes a los 40). En este caso la lista es la siguiente:

Germán Sierra, Artemio Devlin
Flavia Company, Madame Bel
Manuel Vilas, Cuatro capítulos de la novela Magia
Carmen Velasco, Spiroot
Javier Pastor, Fragmento de Esa ciudad
Juan Francisco Ferré, Moda de Londres
Jordi Costa, 500 % Costa
David Roas, Palabras
Agustín Fernández Mallo, Primeros capítulos de Nocilla Dream
Javier Fernández, Cero absoluto
Vicente Luis Mora, Solteth
Mercedes Cebrián, Ventriloquia
Braulio Ortiz Poole, ¿Fue Lucy Melville víctima de una maldición egipcia?
Javier Calvo, Camber Sands
Imnia Turbau, Cuando despertó, la República todavía estaba allí
Isaac Rosa, Respuesta de lucha / Respuesta de huida
Mario Cuenca Sandoval, Fragmentos de Boxeo sobre hielo
Jorge Carrión, Búsquedas (para un viaje futuro a Andalucía)
Robert Juan-Cantavella, El deslumhrado
Eloy Fernández Porta, El eco del pantano

Recopilación muy desigual cuyos presupuestos parecen ser la renovación de la narrativa y el uso de esquemas nuevos. Desigual desde los dos prólogos, el primero ya me debería haber disparado las alertas.

Supongo que lo vería aquí: Mutantes, donde también alertan sobre las grandes diferencias de calidad de los textos.

Mi preferido ha sido el de Manuel Vilas, que no me ha quedado muy claro si son fragmentos de su novela Magia o relatos de Zeta. En cualquier caso su texto cumple perfectamente las exigencias de revolución y además está muy bien escrito.

En el otro extremo tenemos Spiroot, que al acabar de leerlo casi digo en voz alta ¡Pero que malo es! (no lo dije por respeto a mi mujer, dormida a mi lado). Como creo que la crítica -incluso en un nivel tan pedestre como el de este cuchitril- es un ejercicio de prepotencia, me pregunté si realmente era tan malo. ¿Si hubiera sido un relato de la época de la nueva ola en la ciencia ficción hubiera pensado lo mismo? Sí, y además coinciden conmigo incluso críticas elogiosas: Mutantes. No me ha gustado -pero es cosa mía- incluir fragmentos de novela, como es el caso de Fernández Mallo y Javier Calvo.

El resto, de todo hay. Buenos Jordi Costa, Mercedes Cebrián y Eloy Fernández Porta, originales en su planteamiento Jorge Carrión o Javier Fernández, divertido Isaac Rosa. Pero en general, decepcionantes.

Un ejemplo: Solteth de Vicente Luis Mora. Un hombre perdido en un desierto encuentra unos pergaminos en una extraña lengua y en griego -que casualmente domina. En él se habla de una civilización semidivina perdida que pereció en el desierto al intentar ocultarse. Empezamos por lo inverosimil del inicio, que ya es casualidad el encontrarse los pergaminos y que el protagonista sepa griego, a menos que haya una intención irónica que no sepa captar. Pero lo demás es Borges descafeinado, todo lo contrario del concepto de renovación que anima el libro. Esta impresión dan muchos de los relatos; mediocres y con olor a rancio.

Pese a todo he disfrutado con la lectura. Por los cuatro relatos buenos y alguno más que se deja leer merece la pena. El de Spiroot, sólo para valientes. Eso sí, comparada con Mi madre es un pez, o Matar en Barcelona, se queda muy atrás.

Calificación: Muy irregular.

Un día, un libro (196/365)

Extracto:
Te necesito. No he podido resistirlo y me he alojado en un hotel de Conde de Aranda, cerca de ti. Hotel viejo que da a una calle donde hay mujeres vendiendo algo inexplicable. Es Navidad. Es 25 de diciembre. Estoy sentado en la habitación de esta pensión. No es un hotel. Es un hostal. Y un hostal es una pensión, y una pensión es una cama y una bombilla. Veo desde la ventana un edificio de correos.
Esta mujer le saldrá barata, me dice el encargado del hotel. Di que eres mi hermana. Ella lo dice. Estaba ahí abajo, se la he subido de entre un montón, se la he elegido yo, dice el encargado. Di que eres mi hermana. Ella lo dice. Siéntate. ¿Ves esta navaja? Cógela. Ahora haz como que me la vas a clavar en el corazón, te pagaré bien, te pagaré muy bien. Me he pasado todos estos años pensando en las ciudades.
-¿De modo que te llamas Temple Drake? —le dije.
-Así me llaman, y he subido aquí porque el tipo de la pensión me ha dicho que me pagarías bien, y que eras negro, a mí eso me da igual. El cuento ese de tu hermana si quieres te lo repito las veces que te dé la gana. Y si quieres que te lo repita en la cama, también, lo que tú digas, amor.
-Tienes un bonito nombre, ¿quién te lo puso?
-Le viene bien a mi negocio, este nombre. Le da categoría.

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