John Varley. Playa de Acero.

septiembre 28, 2009

Ediciones B, 2005. 720 páginas.
Tit. Or. Steel Beach. Trad. Carlos Gardini.

John Varley, Playa de Acero
Futuro caótico

Siempre he recordado con cariño aquella persistencia de la visión de Varley, pero por los últimos libros que voy leyendo me estoy dando cuenta de que existen dos varleys y el último no me gusta.

Unos invasores omnipotentes han obligado a la humanidad a abanonar la tierra y refugiarse en la luna y el resto de planetas del sistema solar. En la luna el periodista hildy trabaja para el padloide más popular, El pezón de la noticia, y se verá arrastrado a un experimento muy particular que está llevando a cabo OC, el ordenador central, una especie de Gran Hermano bueno que controla los sistemas de seguridad de la tierra y vigila sin descanso el bienestar de los humanos. El problema, que el índice de suicidios se está disparando.

Irregular y aburrida. Sólo se anima un poco en las últimas páginas, pero para entonces ya estás deseando que acabe. No juega en su favor que tenga 700 páginas. La narración en primera persona se hace cansina, y las explicaciones de la protagonista se hacen excesivas. Este error, tan común en los novatos escritores de ciencia ficción es de difícil comprensión en un veterano.

Yo no la recomiendo, pero en La tercera fundación todos los comentarios son positivos. A mi me alegró terminarla y de momento voy a aparcar al autor hasta que no vea algo muy recomendado.

Descárgalo gratis:

Varley, John – Playa de acero.pdf

(Necesitarás el programa Emule)


Extracto:[-]

Et tu, Hildy? Periodista, entrevístate a ti misma. ¿Por qué crees que te pusiste a construir una maldita cabana en la pradera solitaria? ¿No era por esa sensación de asfixia, de continuas limitaciones sobre los sueños que tuviste en tu infancia? ¿Cómo te atreves a compadecer a este hombre, a este empresario frustrado? Si él terminó en este pueblo fronterizo de juguete porque ansiaba liberarse de las restricciones de una economía manejada por máquinas, ¿por qué crees que tú viniste aquí? Ninguno de ambos pensó en ello, pero ambos vinimos.
Lo cierto era que yo amaba el periodismo, pero me faltaban noticias. Tendría que haber nacido en la época de Upton Sinclair, William Randolph Hearst, Woods-tein, Linda Jaffe, Boris Yermankov. Habría sido un gran corresponsal de guerra, pero en mi mundo no había guerras. Podría haber revelado grandes escándalos, pero el único lodo que Luna me permitía escarbar era la blanda melaza de la farándula. ¿Notas políticas? ¿Para qué molestarse? La política perdió ímpetu cuando la televisión se hizo cargo de casi todas las funciones de gobierno… ¡y nadie lo notó! Eso habría servido para una buena noticia, pero a nadie le importaba un bledo. El OC administraba el mundo mejor que los humanos, así que no tenía caso hacer alharaca. Lo que aún llamábamos política era una travesura infantil en comparación con ese mundo enérgico y rudo sobre el cual había leído en mi adolescencia. ¿Qué me quedaba? El periodismo amarillo más amarillo, una mera fantochada.

[…]

Sufren considerables lesiones en los tejidos, pero sobreviven. Los bebés han sobrevivido períodos aún más largos. Se pueden rea-lizar tareas útiles (como enfundarse en un traje de emergencia) durante un minuto. Las exposiciones de cinco a diez segundos perforan los tímpanos y duelen como el demonio, pero no causan otros daños. La aeroembolia es fácil de tratar.
¿Entonces a qué vienen tantas alusiones a un «milagro»? En poco tiempo determiné que no había visto un prodigio sobrenatural, sino técnico. Y, con franqueza, sentí alivio. Los dioses son personajes caprichosos, y yo no me desvivía por demostrar su existencia. ¿Qué tal si veía la zarza ardiente y resultaba ser que el Poder que se ocultaba en ella era un niño psicópata, como el Dios cristiano? Es Dios, ¿verdad? Lo ha demostrado y hay que obedecerle. ¿Y si nos pide que sacrifiquemos a nuestro hijo en una altar consagrado a su ego descomunal, o que construyamos un gran barco en el jardín, o que le vendamos nuestra esposa al caudillo local, lo extorsionemos y le contagiemos la gonorrea? (¿No me creéis? Génesis 12:10-20. Se aprenden cosas interesantísimas en la iglesia.)
El hecho de que el milagro fuera obra humana no lo rebajaba en absoluto. Me entusiasmaba aún más. En alguna parte de ese enorme basurero alguien estaba haciendo cosas que nadie más sabía hacer. Y si no figuraba en la biblioteca, era posible que el OC no supiera nada sobre ello. O que lo supiera y lo ocultara. ¿Por qué?

4 comentarios

  • Miguel Sanfeliu septiembre 28, 2009en7:10 pm

    «La persistencia de la visión» es un relato magnífico. Yo he disfrutado enormemente los relatos de Varley. Fueron todo un descubrimiento para mí. No he leído sus novelas, aunque compré hace poco «Trueno rojo». Un saludo

  • Palimp septiembre 29, 2009en12:44 pm

    Pues espero tu comentario sobre ‘Trueno rojo’.

  • listo entertainment octubre 8, 2009en8:55 pm

    A mí me gustó, mira que te digo.

  • Palimp octubre 9, 2009en5:16 pm

    Más admiración me causas 🙂

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