John Clecland. Fanny Hill.

noviembre 27, 2011

La sonrisa vertical, 1984. 202 páginas.
Tit. Or. Fanny Hill. Trad. Enrique Martínez Fariñas.
John Clecland, Fanny Hill

Todo un clásico de la literatura erótica que encontré de saldo, seguramente protegido por lo inocente de su título.

Fanny Hill es una joven que va a Londres convencida por una amiga de que allí encontrará mejor fortuna que en su pueblo. Pero allí las cosas no son como esperaba y empezará a introducirse, de a poco, en el mundo del vicio y la prostitución, aunque el amor conseguirá redimirla.

En la wikipedia inglesa se encuentra un resumen excelente:Fanny Hill y en la española este texto:

es considerada como «la primera prosa pornográfica Inglesa, y la primera pornografía que usa la forma de novela». Es uno de los libros más perseguido y censurado de la historia, y se ha convertido en sinónimo de obscenidad.

Pero a los ojos modernos casi parece cándida y hasta da ternura el modo de describir relaciones sexuales. Lo que no impide que se pueda disfrutar tanto de su prosa como de la historia.

Aquí una buena selección de fragmentos:

Fanny Hill

Y aquí un buen comentario:

La puta respetable

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (88/365)

Extracto:
Segunda Carta
Señora:
Si he pospuesto la continuación de mi historia, ha sido solamente para respirar un poco y con la esperanza de que, en vez de apremiarme para que prosiguiera, me indultarais de la tarea de seguir con una confesión que abre tantas heridas en mi amor propio.
En verdad, imaginaba que os sentiríais abrumada y fatigada por la uniformidad de las aventuras y expresiones inseparables de semejante tema cuya base o fundamento es, por su naturaleza, eternamente uno y semejante a sí mismo, sean cuales fueren las variantes de modas y formas adaptadas a las situaciones, pues no se puede evitar cierta repetición de casi las mismas comparaciones, las mismas expresiones y las mismas figuras, con el inconveniente de que, junto con la repulsión que causen, la repetición de palabras tales como goces, ardores, transportes, éxtasis y el resto de tan patéticos términos tan adecuados tan aceptados en la práctica del placer, les hace perder su relieve y mucha energía y espíritu por la frecuencia obligada en un relato en que esa práctica compone el argumento reconocido. Por lo tanto, tengo que confiar en qué desventaja me encuentro al respecto, y en vuestra imaginación y sensibilidad para que lleven a cabo la agradable tarea de completar las fallas o deficiencias de mis descripciones: una de ellas presentará ante vuestros ojos los cuadros que narre, la otra dará vida a los colores cuando se presenten opacos o gastados por tanto manejo.
Lo que además decís, a modo de incentivo respecto a la excesiva dificultad de proseguir tan largo tiempo un esfuerzo templado por el buen gusto, entre lo chocante de las expresiones vulgares, ordinarias e indecentes, y lo ridículo de las metáforas afectadas y de los circunloquios amanerados, es tan razonable y bondadoso, que me justificáis grandemente por haber aceptado satisfacer una curiosidad que lo será ante todo a expensas mías.

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