Isaak Bábel. Cuentos de Odesa y otros relatos.

febrero 28, 2006

Alianza Editorial 1972, 1985. 187 páginas.

Babel Cuentos Odesa
Un mundo diferente

Tendrán que saber inglés para leer la única biografía decente que he encontrado de este autor. Amantes como somos aquí de la literatura rusa, ha sido todo un hallazgo. Perdonen por la mala calidad de la imagen de la portada, pero estas ediciones de Alianza tienen dorados en las letras y se escanean muy mal.

El libro contiene los siguientes relatos:

Cuentos de Odesa

El Rey
Así se hacía en Odesa
El padre
Liubka la Cosaco
Historia de mi palomar
El primer amor
El fin del asilo
Carlos-Yánkel
En el sótano
El despertar
Di Grasso
Fróim Grach

…y otros relatos

Mamá, Rimma y Ala
Shabos-najmú
Con la emperatriz
El camino
Guy de Maupassant
Petróleo
La calle de Dante
El «Ivan y María»

Los primeros nos cuentan la vida de los bajos fondos de Odesa, una colección de pillastres de buen corazón, mientras que los segundos nos hablan de la dura vida tras la revolución -recordemos que los judios fueron persegidos-. Como dice Shklovsky en el prólogo:

Muchos de los que escribieron sobre la revolución la temían y sus personajes eran gente modesta, tímida, acongojada.

Los personajes de Babel se parecen a los personajes de Taras Bulba, de Gógol; cruzan la estepa verde como bolas rojas, azotados por las altas yerbas. Sobre la estepa se mece el humo: la guerra atraviesa las llanuras y va de caserío en caserío.

Los personajes de Babel, en mi opinión, son reales, se consumen en el fuego de su época, gozan de la vida y de su vitalidad. Parece que ellos mismos ven su proeza y que son capaces de describirla a ocultas con el lenguaje más puro, más sincero, con el lenguaje directo.
En los Cuentos de Odesa el romanticismo amargo y abigarrado del mundo del hampa detesta la estabilidad del mundo de la gente bien.

Babel no temía al mundo chillón y bello; jamás sus colores se marchitaron. Vio el mundo iluminado por la guerra y las llamas y afrontó su transcurrir con valor tranquilo y callado.

Supo mostrar la vida contradictoria, la contradicción de la cosa y del objeto. En las cartas del frente los cosacos cuentan sus cosas tristes y heroicas celando el brillo de la hazaña con la palabra soez.

Mayakovski estaba enamorado de Babel. Vladímir tenía pánico a la literatura gris como el pardillo. Sabía que si en las guerras revolucionarias la gente es chillona en el vestir, es porque necesita de los colorines como de las estrellas del cielo.

Así escribo ahora de Babel; hace cuarenta años escribía de manera distinta: le quería, pero me daban miedo las palabras sin ironía.

Si como dice Raymond Carver en este artículo citando a Bábel que Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. no cabe duda de que sus cuentos tienen los puntos muy buen puestos; queman como balas recien disparadas, o como un pan crujiente que acaba de salir del horno.

En una pequeña autobiografía dice el autor:

Terminada Ja escuela me desplacé a Kíev y en 1915 a Petersburgo. En Petersburgo lo pasé muy mal, no tenía certificado de residencia y me ocultaba de la policía en la calle Púshkinskaya, en un sótano habitado por un camarero desgarrado y borracho. En ese año de 1915 empecé a llevar mis creaciones a las editoriales, pero me echaban de todas partes. Todos los redactores (el difunto Izmáilov, Possé y otros), me aconsejaban que me emplease en alguna tienda; no les hice caso y a fines de 1916 llegué hasta Gorki. Lo debo todo a aquel encuentro y hoy pronuncio el nombre de Alexei Maxímovich con cariño y veneración. El insertó mis primeros relatos en Létopis, en el número de noviembre de 1916 (a causa de estos relatos fui enjuiciado de acuerdo con el artículo 1001), él me enseñó cosas de extraordinaria importancia, y después, cuando se aclaró que mis dos o tres tolerables experimentos de adolescente habían sido una casualidad, que con la literatura no me salía nada y que escribía asombrosamente mal, Alexei Maxímovich me envió a que me mezclara entre el pueblo.

Durante siete años —de 1917 a 1924— viví entre el pueblo. En ese período fui soldado en el frente rumano, serví en la Chelea, en el Comisariado de Instrucción Pública, en las expediciones de 1918 para acopio de alimentos, en el Ejército del Norte contra Yudéních, en el Primer ejército de caballería, en el Comité regional de Odesa, fui redactor en la imprenta número 7 de Odesa, periodista en Petersburgo y Tiflís, etc. Sólo en 1923 aprendí a expresar mis pensamientos de manera clara y sin explayarme mucho.

Por eso dato el inicio de mi labor literaria en los comienzos de 1924, cuando en el número 4 de la revista Lef aparecieron mis relatos: «La sal», «La carta», «La muerte de Dolgushov», «El Rey» y otros.

Si Gorki lo mandó al pueblo para que aprendiera, puedo asegurarles que aprendió la lección. La abigarrada humanidad que puebla sus relatos nos llama para que la leamos.

(Un día, un libro 323/365)
Escuchando: Una mujer en mi vida. Putumayo Puerto Rico.


Gracias a Magda hoy he tenido la alegría de ver un artículo mío publicado en un periódico. Pueden verlo aquí

3 comentarios

  • Arnao febrero 28, 2006en11:40 pm

    Quien ha leído sus cuentos sabe que Babel,a pesar de su miopía, vio demasiadas cosas y las vio demasiado bien; por eso estremece pensar en su final: en una celda y suplicando por sus gafas.

  • Palimp marzo 1, 2006en6:37 pm

    No quise poner en esta entrada nada sobre la muerte de Babel porque fue terrible. Casi puede adivinarse en alguno de los otros relatos.

  • Magda marzo 2, 2006en1:02 am

    Gracias a ti, Palimp.

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