Iain Banks. El puente.

abril 21, 2012

Iain Banks, El puente
La factoría de ideas, 2007. 320 páginas.
Tit. Or. The bridge. Trad. Paula Gamissans Serna.

Libro conseguido por la generosidad de quienes me invitaron a contar cuentos. Es bonito ganar los libros con el sudor de tus palabras.

Tras un accidente, el protagonista parece haber entrado en coma, se encuentra en un puente aparentemente interminable, ha perdido la memoria y sólo conserva un hematoma circular en el pecho. Un doctor se hace cargo de su caso, analiza sus sueños, mientras él intenta descubrir la verdad sobre si mismo.

Empiezo con una obra del autor que no se inscribe dentro de la ciencia ficción, ni dentro de la saga de la cultura que lo ha hecho famoso. Empecé a leer el primero en un pocket pc hace tiempo, pero se estropeó el aparato y lo dejé a medias.

Está bien que el autor deje clara la situación desde el principio, para dedicarse a plantear un ambiente (el extraño puente) con el nivel onírico justo para ser creíble. A la vez nos va contando la historia ‘real’ del protagonista -y esta parte confieso que me pareció más floja- y los sueños que va teniendo dentro del puente (lo mejor, sobre todo las historias del espadachín bárbaro y su docto familiar).

Una buena reseña aquí: El puente (Iain Banks).

Como curiosidad las primeras páginas del libro tenían subrayadas bastantes palabras, sin un motivo claro aparente.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (234/365)

Extracto:
—Solo quería saber cómo funciona… —intentó explicar él.
—¿Por qué? —preguntó ella mientras se tumbaba en el sofá, recogiendo la funda de disco utilizada como tablero.
—¿Por qué? —rió él negando con la cabeza—. Porque es la única forma de entender cualquier cosa. Para empezar, ¿funciona?, y a continuación, ¿cómo?
—Tal vez, querido —empezó ella mientras daba una calada—, no sea necesario comprenderlo todo. A lo mejor no todo tiene una explicación científica, como las ecuaciones y las fórmulas.
Volvieron una vez más al recurrido tema. Sentido emocional versus lógica. Él creía en una especie de Teoría de Campo Unificada sobre el conocimiento. Este existía para ser entendido, era un compendio de emociones, sentimientos y pensamiento racional y lógico; una entidad, con todo, dispersa en hipótesis y resultados, los cuales, no obstante, funcionaban a través de los mismos principios fundamentales. Al final, todo quedaría comprendido en una unidad, era cuestión de tiempo e investigación. Para él, todo aquello resultaba tan obvio que tenía serias dificultades para aceptar cualquier otro punto de vista.
—Si pudiera hacerlo, a cualquiera que creyese en la astrología, en la Biblia, en la fe curativa y en todas esas cosas, no le permitiría utilizar la energía eléctrica, ni conducir vehículos con motor, ni usar ningún objeto hecho de plástico. Esta gente quiere creer que el universo funciona según sus estúpidas normas, ¿no? De acuerdo, que vivan a su manera, pero ¿por qué habría que permitirles gozar de los frutos del trabajo duro de la mente humana? ¿Cosas que solo existen porque personas mejores que ellos han tenido en alguna ocasión el juicio y la voluntad de…? ¿Dejarás de reírte de mí? —la miró, para percatarse de cómo reía en silencio mientras liaba otro porro.
Ella se volvió hacia él y le extendió una mano.
—A veces eres muy divertido —le dijo, mientras él tomaba su mano y la besaba con solemnidad.
—Es para mí un honor divertirte, querida.

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