Haruki Murakami. Tokio Blues.

septiembre 22, 2008

Editorial Tusquets, 2005. 383 páginas.
Tit. Or. Norwegian Wood. Trad. Lourdes Porta Fuentes.

MurakamiTokioBlues
Aquellos maravillosos años

Entre una cosa y otra hace casi más de dos meses que no escribo una reseña (y no les digo lo que tengo acumulado), así que ¿Qué mejor para comenzar que un libro de Murakami? El tercer libro que leo de este autor y seguro que no será el último.

Cual magdalena proustiana el escuchar la canción de los Beatles Norwegian Wood activa el mecanismo de la memoria del protagonista, que retrocede 18 años a su época de estudiante. Una habitación compartida, el suicidio de su mejor amigo, y sus extrañas relaciónes. Las que mantiene con Naoko, que fue novia de su amigo (internada en una especie de hospital mental un tanto extraño) y con Midori, a la que conoce en la universidad.

Esta fue la novela que lo lanzó a la fama y la que dicen que es más comercial. No aparecen, como en La caza del carnero salvaje o La crónica del pájaro que da cuerda al mundo, elementos sobrenaturales, pero comparte la misma atmósfera de irrealidad. El sanatorio donde está internada Naoko tiene un curioso método de terapia. Los personajes que rodean al protagonista tienen historias fuera de lo normal. En esto coincido con Francisco Herrera cuando afirma que hay una continuidad entre sus novelas.

A mí me ha recordado por momentos a Auster (al de antes), y no me ha decepcionado en absoluto. Lo seguiré leyendo y les seguiré informando.

Descárgalo gratis:

Haruki Murakami – Tokio Blues (Norwegian Wood).pdf

(Te hará falta el programa EMule)

Escuchando: Mar De Tranquilidad. Lagartija Nick.


Extracto:[-]

Leía mucho, lo que no quiere decir que leyera muchos libros. Más bien prefería releer las obras que me habían gustado. En esa época mis escritores favoritos eran Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald, Raymond Chandler, pero no había nadie en clase o en la residencia que disfrutara leyendo a este tipo de autores. Ellos preferían a Kazumi Takahashi, Kenzaburó Óe, Yukio Mishima, o a novelistas franceses contemporáneos. Así pues, no tenía este punto en común con los demás, y leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaban de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me sentía feliz.
A los dieciocho años, mi libro favorito era El centauro, de John Updike, pero cuando lo hube releído varias veces, perdió su chispa y cedió la primera posición a El gran Gatsby, de Fitzgerald, obra que continuó encabezando mi lista de favoritos durante mucho tiempo. Tomar El gran Gatsby de la estantería, abrirlo al azar y leer unos párrafos se convirtió en una costumbre, y jamás me decepcionó. No había una sola página de más. «¡Es una novela extraordinaria!», pensaba. Me hubiera gustado hacer partícipes a los otros chicos de tal maravilla. Pero a mi alrededor no había nadie que leyera El gran Gatsby. Dudo que lo hubieran apreciado. En 1968 leer El gran Gatsby no llegaba a ser un acto reaccionario, pero tampoco podía calificarse de encomiable.

Pese a todo, conocí a una persona que había leído El gran Gatsby, y nos hicimos amigos precisamente por ello. Se lla-

maba Nagasawa y estudiaba Derecho en la Universidad de Tokio, dos cursos por encima de mí. Nos conocíamos de vista, ya que vivíamos en la misma residencia, hasta que, un día en que yo estaba leyendo El gran Gatsby en un rincón soleado del comedor, él se sentó a mi lado y me preguntó qué leía. «Elgran Gatsby», le dije. «¿Es interesante?», me preguntó. Le respondí que lo había leído tres veces, pero que cuanto más lo releía más párrafos interesantes encontraba. «Un hombre que ha leído tres veces El gran Gatsby bien puede ser mi amigo», repuso como hablando para sí mismo. Y nos hicimos amigos. Corría el mes de octubre.

Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse «n una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía.

-No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.

-¿Y qué escritores te gustan? -le pregunté.

-Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens -me respondió al instante.

-No son muy actuales que digamos.

-Si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres! A la gente que vale la pena le daría vergüenza hacer lo que hacen ésos. ¿No te has dado cuenta, Watanabe? Los únicos medianamente decentes de toda la residencia somos tú y yo. El resto son basura.

-¿Por qué lo dices? -Me sorprendí.

-Porque lo sé. Lo llevan escrito en la cara. Basta con mirarlos. Además, nosotros dos leemos El gran Gatsby.

15 comentarios

  • Gonzalo Barr septiembre 22, 2008en11:46 am

    La comparación que se hace con más frecuencia es con «La montaña májica,» aunque no la veo en lo que es estilo o atmósfera. Sí tiene algo en común con Auster cuando joven, me recuerda a «Moon Palace» (El palacio de la luna), pero también con «Sputnik Sweetheart» (Sputnik, mi amor) del propio Murakami.

    Pequeña nota personal – Cuando estudiaba en la universidad, tuve la oportunidad de comer varias veces en el restaurante chino, «Moon Palace,» que quedaba cerca del campus, el mismo que figura en la novela de Auster. Servían comida totalmente mediocre. El vecindario alrededor de la universidad ha cambiado mucho desde ese entonces y el restaurante ya no existe, excepto como el título de una novela.

  • elveidedalt septiembre 22, 2008en4:56 pm

    Me gustó. Vaig fer una ressenya fa temps del mateix llibre
    http://malerudeveuret.blogspot.com/2008/02/de-lectura-36-tokyo-blues-de-haruki.html

  • Apostillas literarias septiembre 22, 2008en5:30 pm

    Me gustó Tokio Blues, aunque reconocí de inmediato el tema reiterativo de Murakami: el de la muerte. Al terminar de leerla me quedé como triste, la atmósfera que presenta conmueve mucho.

  • baco septiembre 22, 2008en8:13 pm

    Alguién debería escribir un ensayo sobre lo que significan las mujeres en los libros de Murakami. Todo un misterio.
    me quedo con El pájaro que da cuerda al mundo.
    No me extraña la tristeza de Magda.

  • Portnoy septiembre 23, 2008en12:35 am

    Sí, parece que hay una especie de dualidad en Murakami. Por un lado están las novelas digamos «sentimentales» y por otro las que poseen un fuerte ingrediente fantástico. Yo añadiría a las que citas, El carnero y El pájaro son las dos mejores de Murakami a mi entender, Kafka en la orilla. De todas maneras lo que es invariable es el tono de su narrativa: Pausado, melancólico y, sobre todo, tremendamente eficaz.
    Un saludo

  • Guillermob septiembre 23, 2008en4:56 am

    Debe de ser difícil asir ciertos matices de la prosa traducida y, quizá por ello, algo se pierde y no se recupera. Yo, para serte sincero, esperaba más de Murakami antes de leer Tokio Blues. Un poco antes, había leído a Oé, y eso hizo que Murakami quedara aún más devaluado. Sin embargo, quizá lo reivindique en mi imaginario con la edición que trajeron hace poco a Costa Rica de Crónica… y con otros trabajos que se consiguen por acá.
    Saludos.

  • Alguien septiembre 23, 2008en8:15 am

    Un libro maravilloso, triste, solitario, «reflexionador»… El fragmento que nos ofreces es uno de mis favoritos: criterios de lecturas…

    Saludos,

  • eSaDeLbLoG septiembre 27, 2008en3:49 pm

    El libro me gustó, pero a ratos la lectura era «desapacible» por la tristeza latente, esa terrible melancolía que se desprende de todas las páginas.
    Mi cita, de memoria y supongo que no exacta: «le regaló unas luciérnagas para las noches sin estrellas»

  • Hammett septiembre 27, 2008en4:06 pm

    Hola, me presento. Soy Jose Luis Romero, barcelonés, y acabo de publicar mi primera novela, una novela negra, con tiros y todo, que transcurre en la Barcelona actual. ¡Que miedo!
    Os dejo (con vuestro permiso) un pequeño extracto y la dirección de mi blog blog.

    …En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo….
    …Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida…
    Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M…

    http://minovelanegra.blogspot.com/

  • Palimp septiembre 29, 2008en7:32 am

    Gonzalo, me alegra no ser el único que ve algo de Auster en Murakami. Curiosa sensación comer en el Moon Palace ¿no?

    La leí, veí. Gracias por el enlace.

    Magda, lo mejor de Murakami es su atmósfera. Melancólica.

    Baco, yo también me quedo con la crónica.

    Portnoy, como bien dices, tengan o no elementos fantásticos todas las novelas comparten la misma atmósfera melancólica, todos sus protagnositas parecen andar entre melaza.

    Guillermob, yo tuve suerte. Cuando leí a Murakami no sabía quién era y además empecé por la Crónica -probablemente su mejor libro.

    Alguien, normalmente escojo los fragmentos al azar, pero en este caso me pareció muy indicado seleccionar un trozo sobre hábitos literarios.

    eSadElBlOg, precisamente lo desapacible es lo que le da valor a este libro. Aunque con según que estado de ánimo cueste de leer.

    Jose Luis Romero, ya que pides permiso dejamos tu comentario, aunque esté un poco fuera de lugar.

  • Mer octubre 3, 2008en2:46 pm

    Creo que tiene cierta fijación con el tema del universitario extrañado, y aunque me encantó Tokio Blues -como dices, el ambiente melancólico es lo mejor, y sus personajes femeninos también-, me sorprendió para bien que en la Caza del carnero salvaje tanteara el tema pero después cambiara radicalmente, creo que lo salvó. A ver qué tal cuando lea la Crónica, desaparecida por tiempo indefinido de la biblioteca.

  • Palimp octubre 5, 2008en9:54 pm

    Ya nos dirás tu opinión. Para mí sigue siendo el mejor de Murakami.

  • Macarena febrero 16, 2009en3:49 pm

    Hola chicos, escribo para ver si alguien me puede ayudar…el link de descarga no me permite bajarlo, asumo que es un torrent pues pide E-mule, pero no me permite abrirlo… alguien me puede explicar como lo hago?
    Gracias de antemano!

  • Palimp febrero 16, 2009en8:29 pm

    Si tienes instalado el emule sólo tienes que apretar el enlace y ya se añade solo.

  • Zeberio Zato mayo 25, 2009en12:07 pm

    Acabo de reseñar este libro y, la verdad, no puedo hablar bien del mismo.

    Lo leí y me quedé frío. No me había implicado con ninguno de los personajes, y eso que me considero una persona empática y con facilidad para sentirlos. Le he dado un tiempo porque no quería destrozarlo en el blog, pero no ha hecho sino empeorar. Releo los fragmentos que marqué en su día, y el nivel de valoración ha caído más bajo aún.

    Lo siento como texto sin sustancia, un artificio bucólico excesivamente superficial. Creo que es uno de los libros más sobrevalorados de la literatura actual.

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