Gonzalo Torrente Ballester. La novela de Pepe Ansúrez.

octubre 23, 2015

Gonzalo Torrente Ballester, La novela de Pepe Ansúrez
Planeta, 1994. 160 páginas.

Seguidor como soy de Torrente Ballester compré esta novela -desconocida para mí- en un puesto de saldo.

Ambientada entre los empleados de una caja de ahorros de provincia hace un retrato de las envidias y mezquindades de una clase mediocre.

Pocas páginas, letra grande, y escasa sustancia. Es, con diferencia, la peor novela que he leído del autor. Eso no significa que sea mala, porque Torrente Ballester sabe escribir y el asunto, aunque intrascendente, llega a entretener. Pero no hay ni una pizca de su genio.

Otras reseñas: LA NOVELA DE PEPE ANSÚREZ, de Gonzalo Torrente Ballester y La novela de Pepe Ansúrez – Gonzalo Torrente Ballester .

Calificación: Prescindible.

De todas maneras el soneto no fue la sorpresa de la tarde, como todos habían pensado, sino el anuncio, hecho a continuación por el propio poeta, de que durante algún tiempo abandonaría el cultivo de la poesía, que tantos éxitos le proporcionaba, como se acababa de ver, por el más arduo de la prosa, ya que estaba a punto de comenzar una novela. Fue muy aplaudido, casi tanto como el coro de mecanógrafas y meritorias que cantó con bastante gracia y, desde luego, brío, la historia desdichada de María de la O, mulata infeliz, según la versión del fallecido maestro Lecuona, a quien había conocido en Cuba, allá en sus años, el que dirigía la orquesta y la parte musical del espectáculo, el muy honrado don Ricardo Salas, cajero mayor sin servicio en ventanilla. A Pepe Ansúrez todo le fueron preguntas: de cómo el Director había permitido el recitado de aquel soneto en que se hablaba de los pechos de su señora, y de cuál era el argumento de la novela que sin duda estaba ya escribiendo.
No dejó por eso de tener opositores, y aun enemigos más o menos- declarados, más o menos maldicientes: en torno a su compañero de mesa se había formado el
corro de los disidentes, y lo mismo se hacían apuestas en el sentido de que Pepe Ansúrez, al verse solo y aplaudido en medio del escenario, se había marcado un farol al afirmar que dejaba la poesía para dedicarse a la prosa narrativa, como en el más arriesgado que afirmaba que Pepe Ansúrez era incapaz de redactar una cuartilla en buena prosa, como no fueran los informes que cada día hacía para la Superioridad en una prosa profesional, hecha de lugares comunes bancarios, sobre los cuales no cabía duda de que Ansúrez tenía un perfecto dominio. «¿Y quién os dice, queridos amigos, que Ansúrez no va a escribir su novela en esa prosa? No hay como las fórmulas que usamos cada día para una buena declaración de amor.» «Le adeudo en su respetable cuenta del corazón las ansias y sudores de cada día, desde que usted, distinguida dienta, aparece por la puerta de empleados de esta su casa.» «Bien pudo usted recordar otras fórmulas más pertinentes al caso, querido amigo, que las hay en abundancia: pero como muestra de lo que puede ser la novela de nuestro admirado Vate, no está mal.» Y así siguieron en este plan de choteo, al prolongarse con unos vinos en El Veloz, que quedaba por allí cerca del teatro, el corro de la maledicencia.

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