George Saunders. Lincoln en el bardo.

marzo 8, 2019

George Saunders, Lincoln en el bardo
Seix-Barral, 2018. 440 páginas.
Tit. Or. Lincon in the Bardo. Trad. Javier Calvo.

El hijo del presidente Lincon ha muerto y este visita el cementerio de noche para darle un último adiós. Lo que no sabe es que su hijo está en el Bardo, una especie de estadio intermedio donde están los muertos que no se deciden a dar el paso al más allá. La actitud de cariño del presidente con su hijo provocará reacciones que trastocará esa especie de no vida en la que se pasean los muertos.

Primera novela después de tantos y excelentes cuentos y ha dado en el clavo. Si antes sólo lo seguíamos una legión incondicional de frikis que disfrutábamos con sus extraños universos, ahora público y crítica se han unido para alabar la calidad de este libro. Y me alegro, porque el autor lo merece.

No es, como se afirma en la contraportada, la obra más original de Saunders -ni de lejos- sino la más asequible. Estructurada en multitud de citas de libros (que por ahí afirman que mezclan falsas con ciertas, yo me las imagino todas falsas) y con las innumerables voces de los muertos la historia que narra es bastante sencilla y se dan las claves interpretativas adecuadas para entenderla. Es posible que incluso se haga película.

He disfrutado del texto y también, vicariamente, del éxito que está teniendo. Como cuando te enteras que a un buen amigo le van bien las cosas.

Muy recomendable.

Lo que le hicieron se lo hicieron muchas veces y se lo hizo mucha gente. Lo que le hicieron no admitía resistencia y no la tuvo, pese a lo cual a veces ella opuso resistencia
y eso a veces resultó en que la mandaran a otro sitio lejano y mucho peor, y otras veces en el hecho de que esa resistencia fuera sofocada por medio de la fuerza (puñetazos, rodillazos, golpes con tablones, etc.). Lo que le hicieron se lo hicieron una vez y otra. O bien solamente una vez. Lo que le hicieron no la afectó en absoluto, la afectó mucho, le provocó temblores nerviosos, la incitó a manifestar verbalmente su odio, la llevó a tirarse desde el puente de Cedar Creek y la ha llevado a su actual silencio obstinado. Lo que le hicieron se lo hicieron hombres corpulentos, hombres pequeños, jefes, hombres que simplemente pasaban por el campo en el que ella trabajaba, los hijos adolescentes del jefe o de aquellos hombres que simplemente estaban de paso, un trío de hombres en plena juerga, que acababan de salir de la casa y justo antes de marcharse la vieron allí cortando leña. Lo que le hicieron se lo hicieron siguiendo un horario regular, como si fuera una especie de siniestro servicio en la iglesia; se lo hicieron en momentos al azar; no se lo hicieron nunca, ni una sola vez, pero la amenazaban constantemente con ello: era algo acechante y sancionado; lo que le hicieron fue follársela en la postura del misionero; lo que le hicieron fue follársela analmente (cuando la pobrecilla ni siquiera había oído hablar de aquello en su vida); lo que le hicieron fueron cositas retorcidas (con acompañamiento de las palabrotas de unos campesinos contrahechos a quienes jamás se les habría pasado por la cabeza hacerle aquellas cosas a una mujer de su raza); se lo hicieron como si no hubiera nadie más presente allí, solamente él, el hombre que se lo hacía, y ella no fuera más que una figura de cera (cálida y silenciosa); lo que le hicieron fue: lo que fuera que cualquiera quisiera hacerle, y aunque uno solamente tuviera un ligero deseo de hacerle algo, pues bueno, se lo podía hacer, estaba permitido, así que se lo hacía, y luego se lo seguía haciendo una y otra vez, y…

Un comentario

  • Francisco marzo 9, 2019en8:31 pm

    Pues siendo muy recomendable por tu parte habrá que leerlo, pues he oído cosas muy favorables de Saunders. Un saludo
    Francisco

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