Dennis Lim. David Lynch.

marzo 6, 2019

Dennis Lim, David Lynch
Alpha Decay, 2017. 250 páginas.
Tit. Or. David Lynch. The man from another place. Trad. Juan Manuel Salmerón.

Pocos directores de cine hay que hayan conseguido crear un mundo tan original y rompedor y además venderlo a Hollywood. Porque en mi caso mi admiración por Lynch no está en saber construir universo original que se sumerge en lo onírico y en los límites de la realidad, sino haber sabido venderlo a lo grande.

El libro recorre la biografía y filmografía de Lynch aportando algo de luz a su obra, aunque poca; no es un libro de análisis de su obra, más bien una historia de su creación y recepción. Aprendemos más cosas sobre el director y cómo se fraguaron sus éxitos y fracasos.

Quizás no es ni muy extenso ni excesivamente profundo, pero es ideal como primera aproximación a Lynch.

Recomendable.

Terrence Malick puso en contacto a Lynch con un productor de Hollywood. A los pocos minutos de ver el material editado, el hombre saltó escandalizado. «¡La gente no actúa así!», exclamó. «¡La gente no habla así!» Esta crítica espontánea, aunque es hostil y nace de la incomprensión, pone de manifiesto uno de los atributos peculiares de lo lynchiano: su visión sesgada de la manera de hablar y actuar del ser humano. Muchas veces esto se atribuye simplemente al gusto por lo excéntrico, fruto de la rareza innata de Lynch. Pero sus frecuentes comentarios sobre el miedo y la fascinación que la ciudad le causa sugiere otra posible interpretación de los comportamientos extraños y bruscos que vemos en sus películas. Intentando definir, con pedantería paródica, el término «lynchiano», David Foster Wallace escribió: «He notado que un 65% de la gente que hay en las estaciones de autobuses metropolitanas entre medianoche y las seis de la mañana tienden a ser figuras lynchianas: llamativamente feas, debilitadas, grotescas, llenas de una tristeza completamente desproporcionada en relación a las circunstancias que se perciben». Visto según esta óptica, el comportamiento lynchiano tiene que ver con lo que ocurre en los márgenes de la buena sociedad, entre personas que son incapaces o no ven la necesidad de conservar una fachada de normalidad.


Inventado en los años cincuenta, el vídeo es un medio audiovisual basado en una señal electrónica, muy distinto de las imágenes de la película de celuloide que se proyectan. Al principio el vídeo se usó sobre todo en televisión y en galerías de arte por grupos de videoartistas emergentes. Lynch experimentó por primera vez con este formato en 1974, cuando el Instituto de Cine Americano pidió a Fred Elmes, con el que estaba haciendo Cabeza borradura, que probara dos tipos de videocasetes. Lynch le dijo a Fred que rodaran un corto dos veces, una vez con una cinta y otra con la otra. Lo hicieron una tarde y el resultado fue TheAmputee (‘La amputada’), un único plano de una mujer sin piernas (interpretada por Catherine Coulson) que escribe una carta que oímos leer a una voz en off, mientras una enfermera le cura los muñones, proceso que vemos con macabro detalle. (Coulson le contó a Greg Olson que los responsables del Instituto de Cine Americano, esperando ver una simple prueba de cámara, quedaron horrorizados al encontrarse con aquello y le preguntaron a Elmes: «¿Tiene Lynch algo que ver con esto?».)

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