David Perkins. La bañera de Arquímedes.

abril 18, 2014

David Perkins, La bañera de Arquímedes
Paidos, 2003. 298 páginas.
Tit. Or. Archimede’s bathbub. Trad. Guillermo Solana.

La primera sospecha me tendría que haber venido de la situación del libro, en la sección de autoayuda. Pero seguí creyendo que era un libro de divulgación científica. Pero no.

El autor nos intenta convencer de que será capaz de hacer crecer nuestra creatividad e ingenio. Si ya creo imposible transmitir determinados saberes (como escribir, pintar, actuar) mucho menos considero que la creatividad puede enseñarse. Practicarse y entrenarse, es posible. Aprenderla de un libro, ni por casualidad.

La técnica, además, no es nada más que cuatro puntos no demasiado novedosos que el autor resume con la analogía del Klondike y que reproduzco en lo extractos. Y poco más.

El propio libro es la prueba del mal funcionamiento de sus técnicas. En un momento dado propone una serie de acertijos cuya solución hay que encontrar con ingénio. Uno de ellos es el siguiente (intenten adivinar la respuesta antes de seguir leyendo):

Alguien va a un anticuario para venderle una moneda fechada el año 100 antes de Cristo, pero el anticuario detecta enseguida que es falsa y llama a la policía ¿Por qué?

La respuesta es que antes de Cristo nadie podía conocerlo y mucho menos fechar algo con su nacimiento como referencia. Pues bien, avanzando el libro vuelve a plantear los mismos acertijos y reta al lector a buscar otras respuestas. El primero de los acertijos (que no voy a reproducir aquí) tenía otra respuesta ingeniosa, pero para el de la moneda propone lo siguiente:

La clave del rompecabezas radica en la moneda. ¿Cómo podría no ser falsa a pesar de la fecha de 540 a. C. ? Bueno, quizá proceda de un antiguo juego del siglo xix. Alternativamente, tal vez sea una rara moneda conmemorativa acuñada para celebrar algo que sucedió en el 540 a. C. Se trata de un museo numismático.
Eso nos plantea la cuestión del director que hace detener al vendedor. Quizás haya reconocido la moneda como robada y al vendedor como delincuente. Tal vez se trate de una pieza conmemorativa, pero que el vendedor intenta pasar como antigua, con lo que está justificada su detención.
¿Encajan estas respuestas tan bien como la oficial? Pues claro que no. No cabe sorprenderse puesto que el problema de otra moneda fue concebido en un principio para que encajase una sola respuesta con tanta precisión como el pie de Cenicienta en el zapato de cristal. Razonablemente no podemos esperar soluciones que vayan más allá del diseño original del problema de atisbo y sigan funcionando siempre tan bien. El truco consiste en que al menos sean operativas.

Si alguien que se gana la vida defendiendo que es capaz de enseñar ingenio no es capaz de encontrar una respuesta mejor y se excusa con que al menos la respuesta es operativa lo que me está diciendo es que lo que no se tiene no se puede enseñar. Leyendo el extracto que les pongo al final se ahorran el resto del libro.

Calificación: Malillo.

Extracto:
La dificultad estriba en que el oro se halla en donde uno lo encuentra. El buscador conoce la apariencia del oro, pero no puede detectarlo porque no deja rastros, a excepción de unos vestigios ocasionales en los lechos fluviales. Tiene que dedicar mucho tiempo para localizarlo. La búsqueda de oro en el Klondike planteó un reto al menos en cuatro aspectos que se aplican también al salto mental:
1. Un páramo de posibilidades: hay poco oro en muchísimo espacio. Aunque el buscador dispone de numerosos sitios en donde mirar, sólo unos pocos premiarán su esfuerzo a través de una veta o siquiera gracias a un puñado de pepitas. Ha de esforzarse y persistir frente a la enorme magnitud de la tarea y la realidad de que sólo cabe examinar unos cuantos puntos. Podría decirse que en el Klondike existía un páramo de posibilidades entre el buscador y el oro, una auténtica trampa. De manera semejante, en los problemas de salto del pensamiento aparecen con frecuencia muchas direcciones tentadoras, pero escasean las auténticas soluciones.
2. Una meseta sin indicios: el segundo reto del Klondike era la falta de signos que delatasen al oro. La mayoría de las veces el prospector trabajaba con grava que en el mejor de los casos sólo contaba con una presencia aurífera residual. Tampoco esos vestigios apuntaban a algo más. En ocasiones, los rastros hallados en la corriente invitaban a buscar más atentamente aguas arriba, en donde se encontrara la veta, o aguas abajo, en donde se creasen acumulaciones; pero era posible que no condujera a nada ninguna de las opciones. Este desafío del Klondike también merece un nombre: en apariencia una meseta sin indicios o trampa de la meseta. Una superficie de escasa concentración aurífera, sin indicadores de una dirección obvia para llegar a yacimientos considerables, separaba del oro al buscador. Del mismo modo, en los problemas típicos del avance del pensamiento no existen indicios evidentes que apunten en la dirección de una solución.

3. Un angosto cañón de exploración: el tercer desafío planteado era que el oro podía hallarse en cualquier parte: en un valle al otro lado de una sierra, en el nacimiento de otro arroyo, en cualquier parte que no fuese aquella en donde el buscador concentraba sus esfuerzos. Peor aún, atraído por la grava del centro del cañón, quizá no fuese muy consciente de otras posibilidades. Cabe llamar a este reto angosto cañón de exploración o trampa del cañón. Los problemas del salto del pensamiento atrapan a menudo a quien trata de resolverlos basándose en un supuesto aceptado de antemano, una idea limitada de la cuestión o una concentración en la pauta normal de reflexión. El individuo busca vigorosamente una solución, pero dentro de las fronteras de lo que no la contiene.
4. Oasis de falsas promesas: el cuarto reto consistía en que el buscador con frecuencia encontraba el presente emplazamiento demasiado tentador para indagar en otra parte. Existían signos prometedores, quizás un poco de oro, lo suficiente para mantenerse con vida afanado en su tarea. Parecía absurda la idea de abandonar ese emplazamiento prometedor. Así que seguía trabajando allí con la esperanza de descubrir la veta en cuanto volviese a meter la pala en la grava.
El término perfecto para este reto procede de un ambiente muy distinto del existente en el frígido Klondike. Es posible llamarlo oasis de falsas promesas o simplemente trampa del oasis. En el desierto, un oasis no constituye un destino sino una simple detención a lo largo del camino. Pero puede ser duro abandonar un oasis y continuar a través de las arenas sin senderos en la confianza de alcanzar el objetivo definitivo. De igual manera, los problemas del salto del pensamiento tientan con frecuencia a quienes pretenden resolverlos con respuestas casi suficientemente buenas, aunque no por completo. Es difícil alejarse de éstas.

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